Las contradicciones

La averiguación previa que se abrió contra el policía David Ramírez Santiago, implicado en el homicidio de Érick Chávez Trejo, El Chino (AP 596/2013), contiene contradicciones e imprecisiones.

Una de ellas, por ejemplo, indica que Chávez Trejo murió en el antiguo Hospital Civil de Guadalajara a las 2:50 horas del 1 de noviembre pasado; sin embargo, los testigos sostienen que si no murió al recibir el balazo (alrededor de la medianoche del 31 de octubre), lo hizo minutos después en la Cruz Verde Las Águilas.

Los agentes investigadores de la Fiscalía Central, a su vez, informan que el joven falleció a la 1:30 horas del 1 de noviembre.

Otra: las declaraciones de los cuatro testigos –dos de los cuales son menores de edad, incluido Miguel, hermano de la víctima– ante el Ministerio Público son idénticas.

Según asienta el expediente 542/13 C, radicado en el Juzgado Octavo de lo Penal, en el acta 650/2013 el agente ministerial Arturo Ramírez Rodríguez, de la Agencia 31/C de la Cruz Verde Las Águilas, relató que a los cinco minutos del 1 de noviembre, a través del radio de cabina, les informaron sobre una persona lesionada por arma de fuego en Periférico y Rinconada Peñaranda.

El traslado duró 15 minutos. En el lugar se encontraba una camioneta Grand Cherokee 1993, una gorra verde con beige y un Dodge Charger con los logotipos de la Policía Municipal de Zapopan. A un lado se observaba un lago hemático de 1.50 metros de ancho por tres de largo, así como los testigos del asesinato y los patrulleros Francisco Javier Salazar Salazar y Ramírez Santiago, el presunto homicida.

Salazar relató al agente Ramírez Rodríguez que unos vecinos les gritaron “esos son”, y comenzaron a seguir a la Cherokee, aun cuando no sabían de qué se trataba. Lo hicieron durante “aproximadamente un kilómetro” y le marcaron el alto en varias ocasiones. Cuando finalmente se detuvo el vehículo, en el cruce de Periférico y calle Rinconada de Peñaranda, en la colonia Paseos del Sol, él y su compañero Ramírez Santiago se acercaron y vieron a cinco personas en su interior.

La declaración de Salazar contrasta con las de los testigos, quienes afirmaron que a la primera señal de alto Érick se detuvo. Además, según Salazar, al escuchar la detonación se dirigió a su compañero, quien le comentó: “Se me fue un tiro, fue un accidente”.

El propio Ramírez Santiago, de 42 años, dijo que al bajar de la patrulla sacó su arma y cortó cartucho; incluso la recargó a la altura de la cabeza de Érick, mientras lo auscultaba con la otra mano. Al esculcarle los bolsillos del pantalón se accionó el arma. El joven se desvaneció y cayó al piso.

También contó que se le acercó Salazar y le quitó el arma. Llamaron a una ambulancia. Poco después llegaron sus jefes. Y, según él, a las 2:10 horas, el agente ministerial Arturo Ramírez ordenó el peritaje de balística a los dos policías, a quienes se les aseguraron sus armas.

A las 4:30, Ramírez Santiago quedó a disposición del Ministerio Público (MP) por las “lesiones a Chávez Trejo”, quien fue trasladado al Hospital Civil. Veinte minutos después, Salazar compareció ante Arturo Ramírez; su compañero lo hizo después. A las 6:50 horas el MP lo declaró responsable del “delito de lesiones calificadas en agravio de Chávez Trejo”.

A las 7:25 horas,  el servicio médico del Hospital Civil informó al MP Arturo Ramírez que Érick falleció a las 2:50 horas a causa de las lesiones.

En su primera actuación, el MP acusó a Ramírez Santiago de “lesiones calificadas”. Tras conocerse el deceso de Érick, a las 7:40 del 1 de noviembre, el mismo MP cambió la situación jurídica por la de “homicidio simple intencional”, con base en los artículos 213 y 219 fracción I del Código Penal del Estado de Jalisco.

Además, ordenó que se enviaran las actuaciones al agente del MP de homicidios dolosos Eduardo Isaí Morales Hernández, quien las recibió a las 17:20 horas (oficio 760/2013) y firmó el encargado de grupo número 5 de la Policía Investigadora, Israel Barrios Oliva, del área de homicidios dolosos de la Fiscalía Central. También lo hicieron los policías investigadores José Eduardo Patiño Lomelí y Jonathan Antonio Landazuri Plascencia.

Mencionan que a la 1:30 horas falleció Chávez Santiago en el mencionado Hospital Civil y que en la Cruz Verde Las Águilas, donde estaba detenido Ramírez Santiago, entrevistaron a uno de los testigos: Miguel Ángel Chávez Trejo, de 14 años.

El menor relató que cuando iban por Mariano Otero, hacia el Periférico, una patrulla les marcó el alto. Luego escucharon un grito: “¡Bájense, cabrones, o los bajamos!, por lo que comenzaron a descender”. Omhar Apolo Medina Aceves y Jorge Ricardo Esperanza Barrientos salieron por el lado derecho; Carlos Daniel Tinajero Torres y el declarante lo hicieron por el izquierdo.

También vio cuando los policías ordenaron a Érick separar las piernas y recargarse en la camioneta, mientras Ramírez Santiago le colocó la pistola a la altura de la nuca; con la mano libre lo revisó y cuando se agachó a revisar los bolsillos del pantalón se escuchó una detonación.

Cuenta Miguel que él y sus amigos se acercaron a Érick y pidieron a los policías que llamaran una ambulancia.

Según el documento (oficio 760/2013), Tinajero Torres, el otro menor que rindió su declaración, comentó que la patrulla no tenía encendidos los códigos luminosos y que cuando Érick se detuvo, los uniformados los tenían encañonados.

Esperanza Barrientos, a quien en las primeras actuaciones se le identifica equivocadamente como Esparza Barrientos, relató que aún no descendía del vehículo cuando escuchó una detonación, seguida de un grito de Miguel dirigido al policía Ramírez Santiago: “¡Qué hiciste! Mataste a mi hermano. Mi mamá murió hace poco, ahora tú me quitas a mi hermano”.

Medina Aceves, el otro testigo, explicó que estaba de espaldas cuando oyó el disparo; se volteó y caminó hacia donde se encontraba Érick, quien yacía en el piso. Tenía los ojos en blanco y no podía respirar.

Vio también cuando llegó una ambulancia minutos después. Escuchó también cuando un policía le decía al otro: “¿Qué hiciste?”. Uno de ellos se agarraba la cabeza.

Testimonios de machote

 

A las 19 horas del 1 de noviembre Miguel declaró ante el MP Morales Hernández. Le expuso que Ramírez Santiago portó el arma todo el tiempo; incluso les apuntó y les dijo que no se movieran. Luego vio pasar a su hermano y poco después oyó la detonación.

“Percatándome en ese instante de que había sangre en el cristal (…) y de que mi hermano Érick estaba tirado en la calle: y me abalancé sobre él para prestarle ayuda”. Al llegar la ambulancia se llevaron el cuerpo y él y su familia se trasladaron al puesto de socorros Las Águilas por sus propios medios. Ya en el nosocomio les dijeron que Érick había muerto.

Tinajero Torres, también de 14 años, hizo su declaración a las 20:00 horas, acompañado por un adulto, Diana Álvarez. Llama la atención que en la averiguación del MP la narración de los hechos es idéntica a la de Miguel. Este joven también estuvo acompañado durante su declaración por la mayor de edad Diana Álvarez.

El tercer testigo fue Medina Aceves, de 23 años. Compareció ante el MP a las 21:15 horas. Reiteró que apenas descendió del vehículo escuchó una detonación y corrió hacia donde estaba Érick.

“Traté de ponerle la mano para tranquilizarlo –dijo– , pero mejor me quité de ahí para pedir ayuda (…)  A los pocos minutos llegó una de las hermanas de Érick (de la cual no conozco el nombre) y abrazó al papá de Érick. Le dijo que acababa de morir (…) Me trasladé a la Cruz Verde para ver qué era lo que procedía.”

A las 22:20 le tocó el turno a Esperanza Barrientos, de 22 años, quien refirió: “Cuando bajaba de la camioneta escuché un sonido muy fuerte, como un cohete, después escuché a Miguel que estaba gritando muy alterado, por lo que Omhar y yo nos bajamos rápido de la camioneta”.

El testigo observó que los paramédicos se llevaron a Érick al Hospital Civil. “Más tarde, aproximadamente a las 3:00 horas (…), la hermana de Érick le informó que su hermano había fallecido”.

A las 23:50 horas se presentó al acusado Ramírez Santiago. El MP le aclaró que se le acusaba de homicidio simple intencional, incluso nombró como su defensora a María Mercedes Amador Díaz. A las 00:15 horas del 2 de noviembre el policía rindió su declaración. Dijo que tiene 12 años en Seguridad Pública de Zapopan y que hace poco le designaron como pareja a Francisco Javier Salazar.

Su relato fue similar al del propio Salazar. Sólo que Ramírez Santiago justificó que sacó su arma y cortó cartucho para protegerse: “Tenía miedo de que los sujetos que venían dentro de la camioneta trataran de agredirnos a mi compañero Francisco Javier y al de la voz”.

De acuerdo con la necropsia número 2588/2013, “la trayectoria que siguió el proyectil de arma de fuego… fue de derecha a izquierda, adelante hacia atrás, abajo hacia arriba”. Además, el Servicio Médico Forense (Semefo) informó que el camillero del Hospital Civil, Jorge Alberto Peña, comunicó oficialmente que Chávez Trejo ingresó a las 1:35 horas y falleció a las 2:50 del 1 de noviembre.­

A las 11:35 de la mañana de ese día acudió al Semefo Mireya Chávez a identificar el cuerpo de su hermano.

El MP concluyó: Ramírez Santiago cometió homicidio doloso en “su modalidad calificativa de ventaja”, prevista en la fracción I del artículo 219 del Código Penal del estado. “Todo se materializa –según la autoridad– de las declaraciones de los testigos presenciales”.

El martes 5 se dictó el auto de formal prisión a Ramírez Santiago por su probable responsabilidad en el delito de homicidio calificado en su modalidad de ventaja.

La Unión de Servidores Públicos del Estado de Jalisco y sus Municipios, representada por Óscar Fabián Pérez de Lara Rivera, entró a la defensa del acusado. En entrevista, el dirigente dice que el dictamen es injusto, pues Ramírez Santiago no tenía la intención de privar de su vida a Chávez Trejo.

La muerte fue resultado de las características y circunstancias: “la nocturnidad, la superioridad numérica de quienes viajaban con Érick, su negativa a detener el vehículo, el miedo al sentir que corrían riesgo su vida y la de su compañero”.

Asimismo, señala que ambos policías pensaron que se “trataba de delincuentes armados en plena huida y, por lo tanto, dispuestos a todo, incluso a privarlos de la vida”.