Hace tres semanas comenzó el luto de la familia Chávez Trejo, cuando el joven Érick Fernando, de 21 años, fue asesinado por un policía municipal en Zapopan. Y aun cuando hubo testigos de que el policía David Ramírez Santiago le disparó sin motivo, el ayuntamiento trata de atenuar las agravantes e incluso le ofrece asesoría jurídica a los deudos. José Luis Guízar Abarca, presidente del Colegio de Abogados Penalistas de Jalisco, comenta que la familia Chávez Trejo tiene derecho a exigir la reparación del daño y a una indemnización por más de 250 mil pesos, al tiempo que califica de “imprudente” la propuesta del ayuntamiento.
El 21 de octubre pasado, poco antes de la medianoche, un policía zapopano mató de un tiro en la cabeza a Érick Fernando Chávez Trejo cuando regresaba a su casa después de una fiesta. Iba acompañado de un hermano menor de edad y tres amigos. Dos uniformados detuvieron su vehículo.
Desde entonces, la familia del joven de 21 años, que reside en el fraccionamiento Arboledas, municipio de Zapopan, es acosada por gendarmes municipales. Todo empezó, dicen, cuando presentaron la denuncia e informaron a los medios sobre el ataque a Érick.
Los jefes policiacos alegan que se trató de un accidente y el Ministerio Público lo califica de “homicidio simple intencional” cuya pena puede oscilar entre 12 y 18 años de cárcel, según citan por separado los abogados penalistas José Luis Guízar Abarca y Felipe de Jesús Garibay Valle.
Yesenia Chávez Trejo, hermana de Érick, asegura que el autor del crímen es David Ramírez Santiago, un agente oriundo de Veracruz con 12 años de servicio que presuntamente conoce de armas y protocolos de seguridad en la revisión de sospechosos; incluso aprobó sus exámenes de confianza.
Lo cierto, insiste Yesenia, es que disparó su pistola contra Érick cuando lo revisaba, después de que Ramírez Santiago y otros uniformados le marcaron el alto y lo bajaron de la camioneta que conducía.
El impacto le atravesó la cabeza: “El que disparó contra mi hermano es un criminal con placa y uniforme –dice–. La agresión fue un homicidio que bajo ninguna condición se puede considerar como accidente, tal como lo mencionan las autoridades”.
“Tenemos mucho miedo de que los familiares de esta persona (Ramírez Santiago) tome represalia contra nosotros”, comenta Yesenia. Una de sus hermanas también fue hostigada por patrulleros municipales, quienes la siguieron cuando circulaba en la misma camioneta que conducía Érick Fernando el día de su asesinato.
No entiende, asegura, por qué acosan a su familia, sobre todo después de que el ayuntamiento prometió darles seguridad durante la investigación del caso e incluso les ofreció asesoría jurídica.
Cuenta: “Yo salí el otro día a la terraza y vi a una patrulla que circulaba muy despacio y cuando ven que pasa gente de la familia aceleran y se van.”
El ayuntamiento que encabeza Héctor Robles Peiro sólo les apoyó con los gastos funerarios –cerca de 60 mil pesos– y en la asesoría para la recuperación de la camioneta de Érick, que fue decomisada por el Ministerio Público pese a que el homicidio lo cometió el uniformado afuera del vehículo.
Antonio García Guízar, director de Atención Ciudadana, le dijo a Yesenia y a sus familiares que ellos están en la mejor disposición para firmar un convenio o aceptar una demanda; no le creyeron, asegura.
Incluso reta al alcalde Robles Peiro a ponerle precio a la vida de uno de sus hijos: “Dicen que nos van a apoyar, pero yo lo único que le digo al alcalde es en cuánto valora la vida de uno de sus hijos. Que me diga cuánto cuesta”.
José Luis Guízar Abarca, presidente del Colegio de Abogados Penalistas de Jalisco, comenta que la familia Chávez Trejo tiene derecho a exigir la reparación del daño y a una indemnización por más de 250 mil pesos.
Según el litigante, el uniformado que mató a Érick pasó por encima de todos los protocolos de seguridad para revisión de sospechosos. Desde cualquier ángulo es injustificable que un policía inicie una revisión de rutina apuntado con el arma de cargo a la cabeza de la persona a la que se registra.
“El chamaco había aceptado ser revisado; además, no traía nada en su camioneta ni representaba ningún riesgo para el agente y estaba desarmado. No se entiende por qué el policía debía traer la pistola en la mano. Los policías tienen la capacidad para someter a cualquier persona sin sacar las armas en el caso de una revisión de ese tipo”, dice Guízar Abarca.
Le parece imprudente que el ayuntamiento de Zapopan pretenda ofrecer el servicio de asesoría jurídica (a través de un abogado) a los familiares de la víctima. En el asunto del reclamo jurídico contra esa institución, el gobierno del municipio “no garantiza el elemento de imparcialidad que requiere el caso, en beneficio de los deudos”, cuestiona.
Habla también de la falta de capacitación técnica, pero sobre todo de la urgencia de promover mejores sueldos para los agentes.
Versiones encontradas
Hasta el miércoles 13 la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDHJ) no se había pronunciado sobre el asesinato de Érick Fernando Chávez.
Después del crimen, Antonio García se presentó en la casa de los Chávez para informarles que el alcalde quería verlos. Le respondieron que no se podían mover porque las autoridades habían decomisado la camioneta de la familia.
Sin embargo, le dijeron al director de Atención Ciudadana que podían recibir a Robles Peiro en su domicilio, pero sólo lo haría si no se enteraban los medios de comunicación.
El padre de Érick, Guillermo Chávez, de más de 60 años, asegura que le interesa ventilar el asunto en la prensa, incluso agradeció su interés porque, dice, sólo con la presión de los diarios, la radio y la televisión el gobierno de Zapopan atendió los reclamos de la familia, aunque de manera parcial.
Finalmente el funcionario le comentó a la familia Chávez Trejo que el ayuntamiento podía firmar un convenio con ellos o aceptar la denuncia.
“No queremos alargar este proceso. No somos gente de problemas, sino de trabajo; lo único que demandamos es justicia. No nos imaginamos a cuál convenio quieran llegar.
“En la casa sólo viven mi papá; Miguel, el hermano menor, Érick era el sustento; tenía toda una vida por delante”, señala Yesenia.
El día del crimen, dice don Guillermo, “mi hijo Miguel –un menor de 14 años– me hace una llamada poco antes de las 12 de la noche y me comenta que le habían dado un balazo a Érick en la cabeza.
“Creí que era una broma y le dije: Sabes qué, ya estuvo suave de bromas y ya vénganse porque tú mañana tienes que ir a la escuela; pero entonces se le quebró la voz y entonces comprendí la seriedad de la llamada.”
Indica que al conocer el asunto le pidió a un vecino que lo llevara a las inmediaciones de Periférico y Mariano Otero, el lugar del incidente: “Cuando llegamos estaba el cuerpo de mi hijo tirado sobre la cinta asfáltica, porque le dieron el tiro cuando lo bajaron de la camioneta”.
De acuerdo con Miguel, quien cursa tercero de secundaria, el día del crimen él acompañaba a Érick y a tres amigos suyos. Dice qué el policía que le disparó a Érick lo hizo sin ningún motivo. Después de impactarlo sólo gritaba que “la había cagado”.
Cuando iban en la camioneta, agrega, se dieron cuenta de que una patrulla les marcó el alto: “Mi hermano se detuvo, pero los policías se bajaron muy rápido y con las pistolas en las manos. Luego bajaron a mi hermano y otro amigo que iba como copiloto. Después pusieron a Érick contra la camioneta y lo aventaron cuando el policía tenía la pistola en la mano.
“Mi hermano apenas iba abriendo la puerta cuando llegaron a bajarlo, lo jalaron de la camisa y lo agarra de frente. Fue cuando lo aventaron contra la camioneta.”
Y cuando lo estaban revisando el gendarme le disparó: “El compañero de ese policía le gritó que estaba bien estúpido, que qué había hecho”, asegura Miguel a Proceso Jalisco.
“Cuando se arrodilló para auxiliar a Érick increpó al policía que le disparó. Su compañero le dijo que mejor se callara.”
Don Guillermo Chávez aclara que aun cuando “el hecho ocurrió entre las 12 de la noche del 31 octubre y la 1 de la mañana del 1 de noviembre, en el acta de defunción el Ministerio Público asentó que la muerte de mi hijo se había registrado a la 1:30 (del 1 de noviembre)”.
Y justamente en el acta es en donde están las contradicciones entre los testimonios de los familiares de Érick y las declaraciones ministeriales.
Según Yesenia Chávez, desde el momento en que baja de la patrulla, el policía agresor lleva el arma en la mano, apuntándole a Erick.
Además, “cuando los gendarmes les marcan el alto a los tripulantes de la Cherokee, los uniformados no traían la torreta de la patrulla encendida, como lo marca el código, sobre todo cuando le marcan el alto a alguien.
“Mi hermano no iba a exceso de velocidad. Le hicieron una seña con el equipo de sonido, inmediatamente se paró. Y (contrario a las otras versiones) no hubo ninguna persecución porque la camioneta se detuvo.
“Fue entonces cuando un policía se les puso en el costado derecho y otro en el izquierdo. Mi hermano todavía no terminaba de abrir la puerta y el policía David Ramírez Santiago abrió la puerta y lo bajó a jalones: lo encañonó sin razón y empezó a revisarlo. Y en ese instante le disparó en la cabeza”, según Yesenia.
Justificaciones
El director de Seguridad Publica de Zapopan, Hernán Guízar, comenta que el policía David Ramírez Santiago fue detenido por sus propios compañeros, quienes lo pusieron a disposición del Ministerio Público en forma casi inmediata.
“Podemos tener malos elementos, pero no es toda la corporación y le pedimos a la población que nos brinde su confianza”, dice.
Admite que los dos uniformados no respetaron los protocolos mínimos de seguridad y procedencia. Érick recibió el balazo en la sien derecha y le atravesó el cráneo. “Estos jóvenes no estaban siendo señalados por nada. Nadie los acusaba; no portaban nada ilegal”, refiere.
Según su hoja de servicios, Ramírez Santiago era un agente normal; sólo tenía algunos arrestos administrativos por llegar tarde a su servicio.
Don Guillermo, de oficio zapatero, no se resigna aún por la muerte de su hijo: “Los conocidos le dicen El Chino, pero para mí es mi Érick. Me lo mataron con alevosía y me quitaron a mi mano derecha en el negocio”, dice al reportero. Lleva unas gafas pasadas de moda para ocultar su dolor.
Durante la entrevista, entran y salen de su casa amigos y familiares. Él los observa en silencio. Su hija Yesenia comenta que su familia no tiene dinero ni para contratar un abogado, menos aún para entablar un juicio. Y aclara que no aceptará el apoyo jurídico del ayuntamiento.








