“Los arrepentidos”

De cuántas cosas que hemos hecho nos hemos arrepentido creyendo que eso iba a cambiar nuestra vida, porque nos damos cuenta que no hemos podido desprendernos de eso que somos intrínsecamente. ¿Pero qué es eso que somos? La obra de teatro Los arrepentidos, protagonizada por Margarita Sanz y Alejandro Calva, trasciende la inmediatez del cuestionamiento y enraiza la pregunta en el cuerpo mismo en el que vivimos; el que se enfrenta al exterior y determina nuestro mundo interno.

Los personajes de Los arrepentidos, Mikael y Orlando, “son dos hombres que han atravesado las fronteras entre lo masculino y femenino. A sus 60 años se encuentran por primera vez para hablar de su vida y los motivos que los llevaron a cambiar de sexo: cómo fue la decisión y las experiencias que enfrentaron a nivel social, personal y emocional”.

La obra fue escrita por el dramaturgo sueco Marcus Lindeen a raíz de una serie de entrevistas que realizó en la Radio Nacional sueca sobre arrepentimientos. Entrevistaba a Mikael con motivo de su cambio de sexo y habló a la estación otro hombre que le había pasado lo mismo. El autor decidió reunirlos a intercambiar experiencias, y de ahí surgió, primero un documental y posteriormente la obra de teatro.

Un hecho tan insólito como puede ser el arrepentimiento por haberse sometido a una cirugía para cambiar de sexo nos lleva a reflexionar profundamente sobre los factores que inciden en la conformación de nuestro ser y qué lugar ocupan nuestros genitales. La entrañable conversación que entablan Margarita Sanz y Alejandro Calva interpretando a estos dos personajes, bajo la dirección de Sebastián Sánchez Amunátegui, mueve a la emotividad y al intelecto del espectador. Cuestiona desde un lugar poco común aquel tabú sobre el derecho de determinar nuestras inclinaciones y decisiones sexuales. Las actuaciones de Sanz y Calva son estupendas, sobre todo por el trabajo interior que tienen que desarrollar y la dificultad de la poca movilidad a la que se enfrentan al estar sentados uno frente al otro, durante toda la obra.

Es un acierto del director mantenerlos así y salir airoso de este reto donde la propuesta teatral es de contenidos más que visual. Llama la atención la apertura y sinceridad con la que hablan de sus vidas y aunque la intimidad está presente, se extraña un tanto el contrapunto tonal en este medio tono que se propone. La experiencia escénica consiste entonces en el compartir las vivencias de estos dos personajes, sus dolores y sus preguntas.

En este interesante hiperrealismo nos encontramos con un espacio escénico confuso. Los dos sillones individuales, la mesita y la proyección de imágenes en el fondo, nos hacen creer que pueden estar en un set o en una estación de radio o tal vez en un espacio más privado. Pero al no estar determinado, contrasta con el rigor que requiere una propuesta hiperrealista de este tipo. Aunque nos queda claro que lo importante no es el lugar en el que sucede la conversación, sino en el contenido de la misma y la capacidad actoral para proyectar emociones. Margarita Sanz explora actitudes masculinas sin caer en el estereotipo; nos convence y nos hace empáticos a este hombre que busca su libertad y su capacidad de amar. Alejandro Calva, en una actitud corporal cerrada, introspectiva y temerosa, nos hace ver a un hombre confundido, insatisfecho y trastabilleante.

Los arrepentidos, que se presenta los lunes y martes en el Teatro Helénico, es una excelente propuesta escénica donde el cuestionamiento sobre sexo y sociedad transgrede los cánones sociales y el lenguaje mojigato que se utiliza comúnmente para hablar de estos temas.