Demagogia y cinismo de exportación

En su intento por legitimar el antidemocrático control que desde 1989 ejerce sobre la Universidad de Guadalajara, el exrector Raúl Padilla ha ensayado todo tipo de proyectos –“culturales”, según él mismo los adjetivó–, aun cuando muchos se han desechado de manera sistemática por insensatos. Y aunque busque considerar el parecer de la comunidad universitaria, continúa ejerciendo su cacicazgo con el voto cautivo del Consejo General Universitario, cuyos integrantes, en su mayoría, responden a los intereses de la nomenklatura udegeísta, si bien esos intereses se contraponen a los de la institución o a los de la sociedad jalisciense.

El caso más extremo de esos proyectos –presuntamente culturales que se pagan con dinero del erario, comenzando por el subsidio gubernamental que recibe la propia UdeG– es la chifladura de mantener una serie de actividades en Los Ángeles, California y, eventualmente, abrir un centro universitario en esa ciudad.

El clan padillista ha querido justificar ese traslado de recursos (tanto económicos como humanos) de Guadalajara hacia la ciudad más poblada de la costa oeste de Estados Unidos con el demagógico argumento de que la universidad pública de Jalisco “tiene un compromiso ineludible” con los millones de mexicanos –entre ellos muchos jaliscienses– que residen en Yanquilandia.

No deja de ser irónico que, un semestre sí y otro también, la dirigencia de la UdeG rechace a decenas de miles de jóvenes con el argumento de la falta de presupuesto para ampliar la matrícula de la institución y, al mismo tiempo, el alto mando udegeísta disponga de una parte de ese “limitado” presupuesto dizque para ir a atender a los jóvenes que cruzan la frontera norte de nuestro país “por falta de oportunidades” en su patria.

¿Así o más cínicos? ¿No es esto demagogia químicamente pura, esquizofrenia ídem y una muestra del manejo poco responsable de una institución pública como la UdeG, a la que, a quererlo o no, la cúpula padillista ha llevado a ser candil de Los Ángeles y oscuridad de Guadalajara y puntos circunvecinos?

Para cumplir con el capricho de que la UdeG tenga una presencia permanente en Estados Unidos, así sea a costa de no cumplir cabalmente con su compromiso en nuestro medio, desde la década pasada (específicamente durante el rectorado de José Trinidad Padilla López, hermano menor del mandamás udegeísta y quien ahora funge como diputado local del PRI) se comenzaron organizar cursos, conferencias, seminarios y anexas sobre literatura mexicana, cultura latinoamericana y asuntos afines, en los que han participado escritores e intelectuales a los que el cacique de la UdeG ha caravaneado o con quienes buscó establecer una relación clientelar: Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Hugo Gutiérrez Vega…

Paralelamente se discurrió crear –también con el presupuesto de la universidad pública de Jalisco –una cabeza de playa permanente del padillato en la ciudad más poblada de la costa oeste de Estados Unidos: el membrete Universidad de Guadalajara en Los Ángeles, una oficina que durante los primeros años encabezó Gustavo Padilla, quien para más señas es medio hermano del cacique udegeísta y en la actualidad despacha en la recién creada Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación del gobierno de Jalisco, donde ocupa el cargo de director de Educación Superior.

Aparte de las actividades mencionadas, el jeque de jeques de la institución discurrió, de tres años para acá, un festival anual de cine y una feria del libro “en español”, costeados también por  la casa de estudios y por dependencias e instituciones públicas de Jalisco y de la Federación. En el primer caso, se trata del llamado Festival Internacional de Cine en Guadalajara en Los Ángeles (FICG in LA) y por medio del cual sus organizadores se han propuesto llevar cocos a Colima, lechuzas a Atenas, valses a Viena, o lo que sería lo mismo: películas a Hollywood, con el presunto argumento de que se trata de promover la cinematografía mexicana e iberoamericana en aquellas latitudes.

Léase, si no, la siguiente perla demagógica, cortesía de los organizadores del FICG in LA: se trata de “aumentar el acceso y la visibilidad del cine mexicano e iberoamericano en Estados Unidos, facilitar el intercambio de ideas a través de historias y temas de relevancia cultural y social, crear un espacio propicio para la colaboración y fortalecer los vínculos entre la industria cinematográfica en México y Estados Unidos” (El Informador, martes 15 de octubre).

Un caso semejante es la llamada Feria del Libro en Español en Los Ángeles, a la cual sus organizadores le dan la abreviatura de LéaLA. Creada en 2011, recientemente se difundió un comunicado oficial para informar que por “problemas con algunos de los patrocinadores” dicha feria se suspende el año entrante y a partir de 2015 ampliaría su periodicidad, pasando de anual a bienal (Mural, martes 15).

La nota curiosa del caso la ha dado Tonatiuh Bravo Padilla, quien en su condición de rector de la UdeG ahora tiene que salir a dar la cara por las dagas y ocurrencias de sus predecesores y sobre todo por las del mandamás de la institución (¿eres tú, Raúl?). Bravo Padilla dice (Mural, martes 22 de octubre) que la suspensión temporal de la LéaLA y la anunciada ampliación en su periodicidad se deben al “éxito” de dicha feria: “Yo creo que hasta ahora lo único que ha ocurrido es que (la LéaLa) creció más rápido de lo que esperábamos y también debían crecer en esa misma dinámica los patrocinios, (pero) no lo hicieron los recursos que estábamos recibiendo, entonces tenemos que hacerla bianual” (sic).

¿Cómo puede hablarse del “éxito” de una actividad que depende de subsidios oficiales, en el caso del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), el gobierno de Jalisco, los ayuntamientos de Guadalajara y Zapopan, el Fondo de Cultura Económica y, desde luego, la propia UdeG? Por el contrario, se trata de un fracaso, en la medida en que no se ha conseguido un rebote social y comercial. Y al darse un recorte en el presupuesto del CNCA y como los patrocinios privados han sido punto menos que inexistentes y las empresas editoriales que han asistido a la feria angelina consideran que ésta no es costeable, los jeques udegeístas no han encontrado más salida que suspenderla para el próximo año y anunciar un reajuste a la baja. Por cierto, que alguien le explique al rector de la UdeG que “bianual” no es lo mismo que “bienal”. El primer término significa dos veces al año y el segundo que ocurre cada dos años.

Lo grave del asunto es que fondos públicos, comenzando con el subsidio de la propia UdeG, vayan a parar a Estados Unidos, a costa de desatender necesidades y de la propia institución, pues los caprichos “culturales” del padillato se pagan con los bajos salarios de maestros y del grueso de empleados administrativos, con excepción de la casta de funcionarios, la “burguesía dorada” que dijera conocido exgobernador, y también con el dinero “ahorrado” por las decenas de miles de jóvenes que semestralmente son rechazados.

Con ello, el cacicazgo padillista no ha hecho de la UdeG una universidad de exportación, pero sí ha logrado exportar –y a un alto costo– demagogia y cinismo.