Exige castigar a autoridades por la imprevisión en Tixtla

Señor director:

 

En Tixtla, la ciudad que vio nacer a Vicente Guerrero, a un mes de la inundación sólo se ha desalojado 1 millón 300 mil metros cúbicos de agua de los 13 millones que había, y aunque las autoridades aseguran que en seis semanas todo volverá a la normalidad, los avances obtenidos indican que ello no ocurrirá antes de cuatro meses…

El desastre fue inevitable, pero pudo haberse prevenido mejor.

Hay responsables y hay nombres. La Conagua avisó oportunamente a todas las entidades a las que afectaría el fenómeno meteorológico. Hubo quien previno a la población y hubo quien actuó con negligencia. El gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, decidió no hablar de la situación y aprovechar la derrama económica del puente vacacional. No le importó afectar a turistas y habitantes. Para colmo, los campesinos habían pedido al alcalde de Tixtla, Gustavo Alcaraz, abrir los resumideros, y no lo hizo.

La situación empeora. La incompetencia de las autoridades ocasionó que  los habitantes tuvieran que actuar, pues al abandonar las casas en los barrios inundados los saqueadores no tardaron en violar chapas y ventanas. La policía comunitaria vigila las calles inundadas y los pobladores se organizan en turnos para cuidarlas.

A pesar de la lluvia ininterrumpida de más de 24 horas nadie se intranquilizaba, aun cuando las calles del barrio del Santuario presentaban los primeros indicios de lo que sería una inundación. Fue en la evacuación de los santuareños, por parte de Protección Civil y del DIF, que se vislumbró lo que venía. Pero nadie hizo nada para destapar la Laguna Negra; las autoridades sólo se ocupaban de evacuar a tixtlecos y de recorrer calles inundadas.

En un sistema tan enmarañado, tendríamos que preguntar quién vendió los terrenos que le pertenecían a la laguna y al cerro, quién otorgó las licencias de construcción en una zona de riesgo, y bajo qué lineamientos, pues en su avidez pretendió ignorar que el río, la laguna o la montaña, tarde o temprano reclaman el terreno que desde el principio fue de ellos.

Lo peor de todo es que no se visualizó la dimensión del problema. Si cuando apenas se empezaban a inundar dos o tres calles se hubiese solicitado el apoyo de la Conagua, la situación habría  sido controlable. Pero se pidió ayuda cuando ya no había nada que hacer.

El secretario de Gobernación, Osorio Chong, aseguró que habrá sanciones para las autoridades que actuaron con negligencia. Falta que lo cumpla. Un gobernador que no toma decisiones adecuadas y con oportunidad no debe dirigir un estado, sino ser removido de su cargo. Mientras Guerrero se inundaba, él estaba en un convivio sin medir la gravedad del problema.

Un presidente municipal que supone que mientras las calles se inundan basta un recorrido por éstas y que los vecinos lo vean para resolver la emergencia, también está equivocado y no debe fungir como alcalde, debido a que careció de criterio para reclamar ayuda cuando con asesoría federal se hubiera podido controlar la crecida, además de que no avisó a la población ni aun cuando ya se efectuaba la evacuación. Un altavoz hubiese sido suficiente para alertar en las cuadras adonde todavía no llegaba la laguna.

Después de tantas pérdidas humanas y económicas, los guerrerenses esperamos que se castigue a los responsables. Sería obligado que el presidente de la República, el desaprensivo gobernador y alcaldes de los 81 municipios apoyaran a los damnificados al menos con un porcentaje de su sueldo. Después de todo, ocupan un cargo público porque nosotros los elegimos.

Atentamente

Marycarmen García Bonnafoux