“El paciente interno”

Cuando Alejandro Solar comenzó a investigar el caso de Carlos Castañeda en 2008, no tenía idea de si el autor del fallido atentado de 1970 contra Díaz Ordaz vivía aún o si habría manera de encontrarlo; lo que sí tenía claro era la magnitud del tema. Vivo o muerto, hacer un documental sobre la historia de un individuo que intentó vengar a los muertos del 68, para luego ser apresado, torturado y arrumbado en un psiquiátrico, deja pasmado a cualquiera.

La suerte quiso que sí lo encontraran; Carlos Castañeda de la Fuente existe y deambula por las calles de la Ciudad de México como indigente, pide limosna y predica el Evangelio.

El paciente interno (México, 2012) no pierde de vista su hallazgo, sigue sus pasos, conversa con él, aprovecha su estancia en un albergue para mostrarlo en sus actividades cotidianas, en su forma de relacionarse con la autoridad, con el entorno, con otros indigentes. Solar reúne una serie de entrevistas con psiquiatras y enfermeros, con el periodista Gustavo Castillo, quien dio a conocer el caso, y principalmente con Norma Ibáñez, la abogada que se interesó por él y gestionó su liberación.

Pese a su historial de confinamiento, hospitales psiquiátricos, vida de indigente, don Carlos, como le llama la gente que lo trata, se muestra lúcido, da la impresión de saber mejor que nadie dónde está y por qué. Como realizador de documentales, Alejandro Solar se muestra lo más objetivo posible, deja que el partido se desarrolle ante los ojos del espectador; cada quien toma su campo y juega a su manera, Carlos Castañeda se representa a sí mismo, rememora su historia, la decisión de no herir a gente inocente durante el atentado; los psiquiatras diagnostican, recorren el pabellón 5 del hospital psiquiátrico, ahora abandonado, evocan la atmósfera de terror; a través del material documental, Gustavo Díaz Ordaz también participa, da su propia versión de los hechos de Tlatelolco, se justifica, sentencia sobre su papel en la historia.

El psiquiatra insiste con su diagnóstico: un enfermo con delirio mesiánico; no lo dice, pero de ahí se deduce que cualquiera que cometa un atentado de esas proporciones es víctima de mesianismo. La historia y sus implicaciones son densas, el libro que dice haber inspirado su acto fue escrito por un cristero. Cosa curiosa, a nadie se le ocurre ningún tipo de diagnóstico frente a la arrogancia del expresidente declarando haber salvado a México gracias a la matanza de cientos de personas durante una manifestación pacífica.

Quizá faltaría un punto de vista más elaborado para orientar al espectador; un comentario anti-psiquiátrico sobre R.D. Laing o sobre la construcción de la locura desde las teorías de Michel Foucault habría lanzado más lejos la pelota. En el caso de Carlos Castañeda nunca es exagerado hablar de la fascinación que provocan su presencia y su historia; el gran mérito de Alejandro Solar, tan embelesado por su material como su público, se refleja en el entendimiento y el respeto ante la humanidad y la tragedia de don Carlos.