Los programas gastronómicos abundan en las parrillas programáticas, le gustan a la gran mayoría pues no encontrará discrepancias ideológicas, a cualquiera le agrada degustar aunque no guise, el alimento es lo que nos mantiene vivos.
Hablar de comida, escoger ingredientes, cocinar, sentarse a paladear un buen plato es algo que todos, aun los que no tienen televisión de paga en su casa, han hecho alguna vez. Es parte de un ser cultural básico, de una manera de relacionarse. Ocurre en todas las sociedades. De ahí el éxito de canales de cable como Gourmet.
Sin embargo hay distintos modos de acercarse al tema: desde un set convencional parecido a una cocina y con receta es quizá el menos divertido. Así lo han hecho durante años emisoras comerciales. Viajando, recorriendo el paisaje o las ciudades para luego llegar con las tradicionales cocineras de pueblo a la manera de Mochila al hombro que se transmitía por Canal Once del IPN. En la esquina de cualquier ciudad, en una avenida fastuosa con un banquete y los comensales sentados, en las fondas, los restaurantes de lujo, los de barrio, los de ciudades emblemáticas como París. También en el campo, en la playa, al lado de los acantilados, de los arroyos, lagos y lagunas. Tales recorridos y punto de destino podemos apreciarlos en series que el Gourmet produce. Aquí abundan los chefs especialistas en determinada preparación, los catadores de vinos o someliers. Los escenarios son espléndidos.
En Discovery Channel hay también programas de comida. Están entreverados con la historia, Benito Taibo conduce, platica y cocina. En Canal 22, en TVUNAM y ahora en Canal 30 de OPMA se realizan programas cuyo punto de partida es la gastronomía mexicana, una de las mejores del planeta. Y justamente OPMA ha elegido darle la vuelta a la temática haciendo de Gastronautas una ficción realista. Tres actores juegan sus papeles: un escritor busca elaborar un libro sobre comida, una chica fotógrafa registra los lugares del recorrido y los platos. La editora los presiona a ambos con los tiempos.
Si bien tiene la virtud de ser una novedad (pues hasta aquí los programas eran documentales con un guía-conductor que nos introduce con los cocineros y a los sitios en donde se adquieren los ingredientes o se consumen los platillos elaborados), el resultado no es feliz.
El hecho de que sean actores acartona los diálogos con los verdaderos cocineros, además de que el escritor no tiene la menor idea de cómo aparentar que sabe de las artes de la cocina. Se trata de un melodrama común, un trío amoroso. El pivote es el hombre, las dos mujeres están enamoradas de él. La anécdota es bastante machista, sin contar que la actriz Carmen Landa, que encarna a la editora, sobreactúa de tal manera que vuelve obvio e inverosímil a su personaje. Es una lástima porque las locaciones han sido buscadas con esmero, son hermosas, y la realización impecable.








