Una de las invenciones más notables de los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana fue, sin duda, la invención del país legal, con su máximo fruto, la Constitución. Un país de leyes donde teóricamente no existía el abuso de las autoridades ni la tortura ni el crimen legalizado por parte del Estado. Un país legal que en algunos casos es admiración de otras naciones. Pero bajo esa apariencia está el país real, con sus bajos fondos, sus sótanos, donde al abrigo de miradas indiscretas se decide y se lleva a cabo el castigo para quienes se han atrevido a desafiar al sistema político, sobre todo si ese desafío se realiza por la vía violenta.
La búsqueda de cómo son esos sótanos y sus protagonistas ha sido el objeto del reportaje de Rafael Rodríguez Castañeda que intituló El policía, pues su investigación se centró en reconstruir a ese borroso personaje que se llamó Miguel Nazar Haro, uno de las más siniestras figuras de la policía llamada Dirección Federal de Seguridad (DFS) que tuvo a su cargo la triste misión de perseguir, torturar y matar, labor que realizó sin escrúpulos.
Rodríguez Castañeda nos informa que fue Miguel Alemán quien, a principios de su sexenio, tuvo la idea de fundar un cuerpo policiaco a cuyo cargo estaría la seguridad del señor presidente. Protegerlo sobre todo de atentados. Para ello confió a un antiguo amigo, de profesión militar, que le organizara una especie de “FBI de huarache”, dependiente de la Secretaría de Gobernación, con el nombre de DFS.
De acuerdo con el autor, el periodo de Miguel Alemán coincidía con el comienzo de la llamada Guerra Fría: la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética. También en ese periodo se sentarían las bases del modelo económico favorable en gran parte a la clase empresarial y que iba a requerir de mucha estabilidad política, la que debía lograrse a cualquier costo. En cuestión de años se logró la industrialización del país y con ello su modernización mediante el autoritarismo político, que estableció un férreo control en las esferas del poder.
El movimiento del 68 fue la expresión del hastío por un sistema que había llegado al extremo del abuso en sus métodos autoritarios. La respuesta del gobierno fue la represión implacable. Ante ella, y en tiempos en que la revolución cubana gozaba de prestigio, ante el recuerdo de los hechos sangrientos sucedidos en Madera, Chihuahua (donde un grupo rebelde de profesores había sido suprimido sin miramientos), surgió en algunos jóvenes la idea de la guerrilla rural y urbana.
Rodríguez Castañeda reportea en su libro los hechos que paulatinamente hicieron posible que la DFS se convirtiera en el brazo ejecutor de la represión política, con su Brigada Blanca, dando así origen a un oscuro personaje que podía actuar sin ninguna limitación si de castigar se trataba, pues tenía garantizada la impunidad. Para él no había más regla que la ciega defensa de los hombres del poder. Ante los reparos legales afirmaba con energía que si de seguridad del Estado se trataba, no había constituciones ni leyes que valieran: nunca explicó qué entendía por seguridad, y cabe la duda de si alguna vez leyó la Constitución.
Rodríguez Castañeda fue en busca de dos testimonios fundamentales que informan con solidez cómo perseguía Nazar Haro, según lo vivió en carne propia Heberto Castillo, así como rescata también la experiencia de Eduardo Valle, El Búho, de cómo Nazar contaba con todos los recursos para actuar al abrigo de la institución militar, la cual muchas veces negó la existencia del Campo Militar No. 1 como centro de retención y tortura. Es, asimismo, trascendente la documentación que entrega el autor de los encargos que hacían al policía los políticos para resolver de forma ilegal, llegando al extremo del homicidio. Tal fue el caso del gobernador de Yucatán, Luna Kahn.
El reportaje de Rodríguez Castañeda se cierra con la decadencia de El policía. Ilustra el reportero cómo, en el tramado de la Guerra Fría, Nazar se convirtió en pieza importante para los servicios del espionaje estadunidense, hecho que incrementó su impunidad. Al amparo de ella montó un negocio: robar coches en Estados Unidos y venderlos en México. Una muestra de su cinismo y arrogancia fue la entrevista que concedió a Jacobo Zabludosky para defenderse de las acusaciones, que se transcribe en el libro.
Al final, Miguel Nazar Haro, después de una breve estancia en la prisión, murió en su cama eximido de culpas. La DFS fue corroída hasta lo más profundo: se convirtió en protectora de narcotraficantes. Así selló su fin el “FBI de huarache”.
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* Rodríguez Castañeda, Rafael:
El Policía: perseguía, torturaba, mataba. Editorial Grijalbo; México, 2013.








