Jack Nicholson y Heath Ledger se enfrentan la noche en que el intérprete joven de El Guasón muere por una sobredosis de pastillas para dormir. Tiene pesadillas, se aparecen sus obsesiones, los personajes que lo atormentan y su imposibilidad de derrotar al actor que dejó huella en la cinematografía estadunidense. Pero Heath Ledger se defiende y encuentra cualidades para tratar de superarlo, aunque su debilidad emocional es la que destruye a este actor australiano inmiscuido en el imaginario “gringo” que monopoliza el cine que vemos en nuestro país.
The Jöker, Jack. La última carcajada de Heath Ledger, es la obra de teatro escrita por Javier Márquez, ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2012. Pareciera un texto con una estructura compleja, pero al ser dirigida por el mismo autor (quien carece de habilidad para resolver su pieza dramática), resulta una puesta en escena emborronada y básica en su presentación. Resalta, sin embargo, la capacidad interpretativa de los protagonistas, encarnados por Rafael Pimentel y Óscar Serrano; el primero, interpretando a Jack Nicholson interpretando al Joker, refleja el grado de locura a la que llegó este actor y responde a la exigencia que implica un personaje malévolo cuyo disfrute es hacer daño; el segundo transmite el estado atormentado de Ledger y la angustia que lo carcome. Sobresale la escena en la que ambos compiten para demostrar su supremacía sobre la premisa de si es mejor morir joven como estrella o sostener la fama hasta la decadencia.
Laura Muñoz interpreta a la expareja de Ledger, Michelle Williams, y también a Harley Quinn, su amante. La actuación es forzada y estereotipada, tanto por ella como por la dirección, al grado de que no se sabe si en la dramaturgia estos personajes son así. El director creyó que para darle fuerza a la obra la estridencia era la solución, pero olvidó lo difícil que es mantener una pieza en ese estado.
The Jöker, Jack. La última carcajada de Heath Ledger, de Javier Márquez, utiliza diferentes planos de realidad: el presente del insomnio, las pesadillas que cobran vida, los fragmentos de su diario –que el director resuelve con una incómoda voz en off– y el set de televisión, entre otros. Los personajes transitan en estas realidades, creando una atractiva atmósfera enrarecida con diversos vértices de conflictos. Los personajes representados ahí –el Joker de Jack Nicholson en la película de Batman en 1989 y el Joker de Heath Ledger en 2008– desarrollan la hipótesis de que fue Jack Nicholson quien ejerció una fuerte presión psicológica en Heath Ledger hasta llevarlo a ese estado de angustia.
En …La última carcajada de Heath Ledger son dos villanos los que saltan al escenario, utilizando el humor negro y una atinada ironía. En el caso de Nicholson, Pimentel se transforma con versatilidad en un loco, en un payaso o en ese personaje interiormente derrotado por el tiempo.
La obra de teatro premiada, que puede consultarse por internet (ya que los editores no lograron encontrar el formato para publicarlo en la antología de las obras seleccionadas), muestra variedad tipográfica, colores para los textos de cada personaje, diseño para los escritos del diario o descolocación de las palabras. Eso hace suponer riqueza en la propuesta dramática, pero nos obstaculiza ubicarla en la realidad y más aún observar ese ingenio tipográfico en el escenario.








