De Senegal al Bundestag

HALLE, ALEMANIA.- Karamba Diaby se distingue del grupo que lo acompaña por el color de su piel, porque su voz es más fuerte y su sonrisa no da tregua. Saluda a todos de mano y con todos habla, hasta con quienes no conoce. El entusiasmo se desborda por sus ojos. Está en campaña y si las encuestas no se equivocan, este senegalés de 52 años hará historia en Alemania este domingo 22: Sería el primer alemán de origen africano en ganar un escaño en el Bundestag, el Parlamento germano.

La candidatura de este doctor en química y geoecología ha causado revuelo. Medios de todo el mundo quieren contar su historia y entrevistarlo, sea por el color de su piel y su origen africano, sea por el morbo que levantó un ­artículo del semanario Der Spiegel el cual lo calificó de “experimento” al ser postulado por el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) en el distrito electoral de Halle el cual, según la misma publicación, es un baluarte de la extrema derecha.

El de Diaby es un caso en 1 millón. La suya es la historia de éxito y superación de un inmigrante integrado a una sociedad tan cerrada como la alemana.

Y su caso es relevante en un país en el cual –pese a que 19.5% de la población proviene de inmigrantes– la integración sigue siendo una tarea pendiente.

Diaby nació en 1961 en Marsassoum, Senegal. Cuando apenas había cumplido tres meses quedó huérfano de madre. Y a los siete años también de padre. El pequeño estuvo al cuidado de su hermana mayor y fue gracias al soporte de ésta que pudo estudiar. Fue en la capital senegalesa, Dakar, donde inició sus estudios de biología y geología; gracias a su buen desempeño consiguió en 1985 una beca para estudiar en la antigua República Democrática de Alemania (RDA).

Llegó a Leipzig, donde durante un año aprendió el idioma. En 1986 se mudó a Halle, en el estado oriental de Sajonia-Anhalt, donde se matriculó para cursar un posgrado en química en la Universidad Martin Luther.

Sin saberlo, el tema de su tesis le abrió las puertas de la cerrada sociedad alemana. Su trabajo doctoral versó sobre la contaminación de los huertos familiares, típicos de la cultura alemana, y su solución. Amable, servicial y siempre dispuesto a ayudar, con su conocimiento científico Diaby se granjeó la simpatía de mucha gente.

Su carácter extrovertido lo puso al frente de la organización de estudiantes extranjeros de la universidad y después fue elegido parte del Consejo de Extranjeros de Halle. También le llegó el amor y se casó con una alemana oriental, con quien tuvo dos hijos.

Su actividad política se incrementó en 2001, cuando recibió la ciudadanía: llegaron entonces su ingreso al SPD y su elección para formar parte del Concejo Municipal. Hoy es consejero de la Comisión de Integración del Ministerio de Asuntos Sociales de Sajonia-Anhalt y ocupa el tercer puesto en la lista electoral del SPD por Halle para el Bundestag.

Inmigración

 

Faltan dos semanas para la elección y Diaby no baja la guardia. Es el sábado 14 y desde temprano, junto con su equipo de campaña –unos 10 jóvenes que no se separan de él–, se alista para dedicar un día de trabajo voluntario al rescate como espacio público de la Peissnitzhaus, una casona de 100 años que en la RDA funcionó como sede de los niños pioneros y tras la reunificación alemana quedó abandonada.

“Cuando era estudiante vivía muy cerca de aquí. Siempre cruzaba por la zona de camino a la universidad y de vuelta a mi residencia estudiantil. De ahí la conexión emocional que tengo con el lugar y por eso me ofrecí para el trabajo voluntario”, explica a Proceso.

Luego de haber trabajado un par de horas accede a hacer una pausa y compartir con este semanario las reflexiones sobre el revuelo que ha causado su candidatura. “Es increíble. Hemos tenido solicitudes de todas partes del mundo. Ya he dado hasta hoy 50 entrevistas”, dice divertido y ya un tanto acostumbrado a la fama que en los últimos meses le cayó encima.

Para Diaby, sin embargo, la importancia de su postulación no tiene que ver con su persona sino con una realidad en Alemania: “No tiene que ver ni si quiera con mi origen, sino con el hecho de que mi candidatura comprueba una realidad: En Alemania la participación política de ciudadanos con trasfondo migratorio no es como debería ser”.

Menciona que a diferencia de países con tradición de inmigración, como Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Canadá y Estados Unidos, en Alemania hay muy pocos ciudadanos de origen extranjero en el Bundestag o en los parlamentos regionales.

“En el Parlamento federal tenemos sólo 3.3%. Y en los parlamentos de los estados con más de 100 mil habitantes de origen migratorio apenas llega a 4% su representación. Si uno es consciente de que en esos estados hay partes en las cuales la población de origen extranjero alcanza hasta 70%, vemos la gran carencia en Alemania. Y por eso me alegro de que se discuta sobre mi candidatura y (políticos y ciudadanos) se pregunten qué hemos hecho mal en los últimos años”, señala.

La clave para entender esta reflexión, concluye, se ubica en los temas de integración y de valoración del potencial intelectual de los alemanes nacidos en otros países.

“En Alemania la parte de la población con origen migratorio ocupada en el servicio público es muy poca. Y ese es un tema del cual nos queremos ocupar. Tenemos muchos jóvenes de origen migratorio con poco acceso a la educación. Desearía mucho que en la discusión pública en torno a mi figura se vean las causas de esta falta o déficit en el sector público e integración en el mercado de trabajo”, insiste.

En el artículo de Der Spiegel se menciona un ataque racista del que fue víctima cuando era estudiante. El semanario además califica la ciudad adoptiva de Diaby como un baluarte de los movimientos de extrema derecha. Ello generó en el candidato tal molestia que incluso consideró tomar acciones legales contra la publicación.

Ahora, ya en calma, explica su descontento: “Me enojó mucho porque el periodista contextualizó su texto con estadísticas erróneas sobre el extremismo de derecha. Ese tema es un problema general de la sociedad, no exclusivo de Alemania sino de toda Europa. Y que se mencione a una región específica o una ciudad en especial como un lugar de extrema derecha, lo encuentro totalmente equivocado.

“Un hecho, por ejemplo, es que el NPD (el Partido Nacionaldemócrata de Alemania, de extrema derecha) no logró ingresar al Parlamento regional porque sus resultados en Halle y Magdeburgo fueron muy malos. En Halle alcanzaron menos de 4% y es muy injusto para la gente que aquí lucha por la tolerancia y contra el extremismo que se presente a esta ciudad como un nido de nazis.”

–En ese sentido, ¿considera que su candidatura aleja a Alemania de la discriminación y el racismo?

–No. Sería una ilusión pensar que mi postulación o incluso mi presencia en el Bundestag va a resolver el problema.

–En caso de no llegar al Parlamento, ¿qué planes tiene?

–No pienso en absoluto en ese escenario. Hoy en mi cabeza sólo pasa la idea de llegar a la mayor cantidad de gente posible y motivarla para que vaya a votar el domingo 22. Hay mucho por hacer; la otra variante ni la visualizo –asegura y suelta una carcajada que ilumina su rostro.