La mujer que vino del Este

Considerada la mujer más poderosa de Europa, Angela Merkel busca este domingo 22 su relección como canciller de Alemania. En tal contexto sus adversarios sacan a relucir sus supuestos vínculos con el régimen comunista de la antigua República Democrática Alemana: habría ocupado posiciones directivas en organizaciones afiliadas al partido en el poder, el Socialista Unificado. La ausencia de información sobre esa etapa de su vida acrecienta el aura de misterio que la rodea. Eso sí, coinciden los especialistas, su carrera política está marcada por el pragmatismo y el cálculo meticuloso de cada uno de sus pasos.

 

BERLÍN.- Durante los últimos ocho años Angela Merkel ha guiado el destino de más de 80 millones de alemanes y ha liderado el rescate económico de la zona euro, cuya crisis parece interminable.

Todo indica que desea continuar al frente de la cancillería alemana por cuatro años más, en el que sería su tercer periodo de gobierno. Es muy probable que lo consiga, pues las encuestas de intención del voto la colocan a ella y a su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU, por sus siglas en alemán), a la cabeza con al menos 10 puntos arriba de su principal oponente, el socialdemócrata Peer Steinbrück.

A lo largo de estos ocho años de gobierno su nombre y rostro se han vuelto conocidos en todo el mundo: su robusta figura, el corte de su cabello rubio, pulcramente acomodado por detrás y debajo de los oídos; sus trajes sastres y el característico rombo que forma con sus manos cada vez que está frente a una audiencia.

Pero muy pocos saben –incluso ni los propios alemanes– quién es realmente esta mujer que llegó del Este y poco se sabe dónde o cómo se esbozó su formación político-ideológica. De hecho, un misterio –fomentado por ella misma al guardar silencio sobre muchas cosas de su pasado– rodea su vida.

El año electoral en Alemania, que culmina este domingo 22 con la elección para renovar el Parlamento alemán y elegir nuevo canciller, ha sido tiempo propicio para escudriñar en el pasado de la mujer más poderosa de Europa y dejar al descubierto detalles de su vida de los que ella misma prefiere prescindir en su biografía oficial.

En mayo pasado salió a la luz un libro que pone en la palestra preguntas acerca del pasado de Merkel y de su actividad política en la antigua República Democrática Alemana (RDA), en donde creció. La investigación realizada por los periodistas alemanes Ralf Georg Reuth y Günther ­Lachmann plantea que la canciller habría estado más cercana del sistema comunista de la RDA de lo que ella misma quiere reconocer.

Titulado La primera vida de Angela M., el texto revela no sólo su militancia en las organizaciones juvenil y sindical vinculadas al Partido Socialista Unificado de Alemania (SED, por sus siglas en alemán), sino los puestos de dirección que habría tenido dentro de ellas. El libro –basado en entrevistas con coetáneos de Merkel y en documentación histórica– desató un debate público en el país germano.

Al tiempo que compañeros de partido y personas que vivieron en Alemania Oriental desacreditaban o justificaban tales versiones, sus adversarios políticos pedían, sin desaprovechar la coyuntura electoral, que la canciller explicara con claridad su relación con la dictadura de la RDA.

Pero más allá de eso, las revelaciones en torno al pasado político de Merkel y el debate generado en torno a ello pusieron al descubierto una realidad: la canciller alemana sigue siendo para los propios alemanes y el mundo entero un personaje difícil de descifrar, rodeada de un halo impenetrable, al que sólo a muy pocos les brinda acceso.

 

Historia oficial

 

Merkel nació en Hamburgo el 17 de julio de 1954 con el nombre de Angela Dorothea Kasner. Fue hija del pastor evangélico Horst Kasner y de la profesora de inglés y latín Herlind Jentzsch.

En el contexto de una Alemania divida luego de la Segunda Guerra Mundial, el pastor Kasner realizó su labor doctrinal en la región de Brandeburgo, en la Alemania comunista. En el otoño del mismo año de su nacimiento, Angela y su familia se instalaron en la RDA: primero en el pueblo de Quitzow y posteriormente en Templin, donde pasó su infancia al lado de sus dos hermanos menores.

Sobre esta etapa y su posterior adolescencia y juventud, Merkel apenas hace comentarios. En una entrevista concedida al semanario alemán Stern en 2000 añadió algo más: “Sí, tuve una hermosa infancia. Con frecuencia en Occidente se pasa por alto que en la RDA la vida consistía no sólo de política. La región de Uckermark (donde creció) es maravillosa como paisaje. Corríamos en el bosque, recolectábamos arándanos y hongos. De adulta también tuve mi huerta familiar, y cada verano era lindo nadar en el lago por las tardes”.

La historia oficial acuñada por ella misma tiene como propósito, entre otras cosas, no levantar ampolla entre los barones conservadores de la CDU y sus socios de la Unión Socialcristiana (CSU) de Baviera. En ella aparece una chica apolítica, incluso marginada por ser hija de un pastor evangélico, a quien ya entrada la juventud le entusiasmaba, secretamente, el sistema vigente en la República Federal ­Alemana.

El cambio generado en 1989 con la caída del bloque comunista y del Muro de Berlín la habrían despertado de un letargo e incluso inspirado para formar parte activa del cambio.

Ha tenido una carrera política vertiginosa. En sólo 15 años se convirtió en ministra de gobierno, dirigente de su partido y canciller de Alemania.

Su deslinde de la RDA quedó plasmado en el comentario que en 1999 le hizo a la artista Herlinde Koelbl, quien presentó una exposición fotográfica sobre la transformación que sufren los políticos durante su gestión: “A ese país no me unió nada y tampoco lo sentí nunca como mi hogar”.

Pero las investigaciones en torno a su biografía aportan más detalles de los que ella ha revelado y dejan ver el entorno político en que vivía. El seno de su hogar en la Alemania comunista estaba, por ejemplo, muy lejano de ser apolítico. A su padre lo ocupaba no sólo la teología, sino también la política.

Desde su llegada a la RDA el pastor Kasner formó parte de un círculo de teólogos cercanos al sistema, quienes veían en el socialismo una alternativa al capitalismo y contaron con el apoyo del régimen para la implantación de una política eclesiástica que le fuera afín.

Los hermanos Kesner vivieron su infancia como la mayoría de los niños de la RDA. El ingreso a Los Pioneros –organización de estudiantes de educación básica– y luego a las Juventudes Libres Alemanas (FDJ, por sus siglas en alemán) se daba por descontado.

En 1973 Merkel comenzó sus estudios de física en la Universidad de Leipzig, y a partir de 1978 trabajó en la Academia de las Ciencias de Berlín, en donde obtuvo su doctorado en 1986. Según plantea el libro La primera vida de Angela M. fue en esta etapa de su vida cuando no sólo formó parte de la FDJ, sino que habría ocupado un puesto de dirección como secretaria de Agitación y Propaganda. No sólo eso. También habría sido miembro activa de la Federación Alemana de Sindicatos Libres (FDGB, por sus siglas en alemán) y de la Sociedad para la Amistad germano-soviética. Estas organizaciones de masas fueron pilares del Partido Socialista Unificado Alemán (SED) que gobernó Alemania Oriental.

En la RDA prácticamente todos los jóvenes eran miembros de la FDJ. Su objetivo era iniciar a sus afiliados en los principios del marxismo-leninismo. En teoría y según sus estatutos la filiación al organismo era voluntaria, pero lo cierto es que quienes no formaban parte de éste tenían claras desventajas a la hora de elegir carrera y acceder a los estudios de posgrado.

En 1980 Merkel se habría desempañado como secretaria de Agitación y Propaganda de la FDJ en su instituto de la Academia de la Ciencias, afirman en el citado libro Gunter Walther y Hans Jörg Osten, antiguos compañeros de Merkel.

Y añaden: “Como encargada de Agitación y Propaganda fue responsable del denominado curso académico de ese año. De acuerdo con el periódico de las juventudes alemanas, Junge Welt, ese curso tenía como objetivo adquirir conocimientos sólidos sobre marxismo-leninismo con el propósito de contar con argumentos sólidos para conducir las conferencias habituales sobre política”.

La FDGB era la central sindical de la RDA y su función principal era transmitir la ideología del Estado a toda la clase trabajadora. Al igual que en el caso de la FDJ, no pertenecer a esa federación dificultaba mucho aspirar a una carrera profesional.

La tercera organización vinculada con el Estado a la que perteneció Merkel, la Sociedad por la Amistad Germano-Soviética, tenía como propósito acercar la ideología soviética a la población. Quien no deseaba adherirse a la sociedad debía fundamentarlo y, naturalmente, ello quedaba registrado.

Pragmatismo

 

Tras la publicación del libro, Merkel fue enfática: señaló que sobre su pasado siempre ha sido abierta y honesta. “Nunca he escondido lo importante”, dijo. También aseguró que si no ha dicho muchas cosas es porque simplemente nadie se las ha preguntado. Por ejemplo, su pertenencia al FDGB y a la Sociedad por la Amistad Germano-Soviética.

En 2004 Merkel sostuvo una conversación con Hugo Müller-Vogg, autor de Angela Merkel, mi camino. En ésta comentó que la FDJ había sido parte de su vida. “Se sabe porque no lo he escondido”, dijo. También mencionó que en sus recuerdos no fue la cartera de Agitación y Propaganda la que tuvo en su paso por la FDJ, sino la de Cultura. “No puedo recordar haber agitado de alguna manera”, expresó, al mismo tiempo que subrayó no haber sido ni activista ni defensora de derechos humanos.

No obstante, los autores de su biografía más reciente están convencidos que para 1989, el año del cambio, la actual canciller no sólo era una comunista reformista, sino que además formaba parte del grupo que pugnaba por la implantación del socialismo democrático en una RDA independiente.

Lo cierto es que en ese momento Merkel comenzó su actividad política de manera abierta. Lo hizo como parte del movimiento Despertar Democrático (DA, por sus siglas en alemán) surgido en octubre de 1989 dentro de la RDA y que para diciembre de ese mismo año se constituyó en partido político.

En un principio el programa del DA buscaba establecer un compromiso entre las ideas del socialismo democrático y las ideas liberales, exigiendo reformas al sistema de la RDA. Sin embargo, en un repentino cambio de rumbo ideológico, el DA dejó fuera de sus consideraciones al socialismo y, en cambio, prevaleció la orientación hacia la economía de mercado. La unidad alemana fue también formulada como uno de sus objetivos. Merkel se convirtió en vocera de este instituto político.

Lo que vino después es historia conocida: DA formó parte de la gran Alianza por Alemania que en 1990 granó las primeras elecciones en la todavía RDA. Angela, quien desde 1977 adoptó el apellido de su primer esposo Ulrich Merkel, se convirtió entonces en vocera suplente del nuevo gobierno. Ahí comenzó a despegar la carrera política de esta mujer, quien para algunos es la más poderosa del mundo.

Ese mismo año el partido se fusionó con la Unión Democratacristiana de Alemania (CDU) y, bajo la Alemania unificada, pronto encontró sitio dentro del gobierno del entonces canciller Helmut Kohl.

La rapidez con la que Merkel logró llegar a la cima del poder pareciera, en cambio, no ser algo tan complejo. No pocos especialistas en política alemana la califican como una mujer pragmática por naturaleza, con una capacidad única para no comprometerse y, en cambio, calcular cada paso de manera escrupulosa.

Más allá de si realmente fue o no políticamente activa en la RDA (no se han encontrado actas de la STASI relativas a la actividad de la joven estudiante que vivió en la Unión Soviética como parte de un intercambio estudiantil), sus biógrafos coinciden en describirla como una persona que no deja nada al azar. Ordenada, meticulosa, entiende el éxito no cómo una afortunada coincidencia sino como la confirmación de un cálculo minucioso.

“Angela Merkel se presenta al mundo como una mujer sencilla, que intenta ser cercana a la gente, sin poses ni actitudes vanidosas. Ante los alemanes es como la gran mamá. La jefa del ‘Hotel Mamá’, que es como conocemos todos aquí a ese fenómeno en que los jóvenes no quieren dejar la casa materna porque necesitan que alguien se preocupe por ellos y les diga qué hacer y cómo hacerlo”, dice en entrevista el reconocido politólogo Gero Neugebauer.

Y abunda: “Ella marca el rumbo que debe seguirse y trabaja con seguridad. Ante la amenaza de una crisis económica sabe cómo jugar con el sentimiento de la gente y lo que ofrece es seguridad, protección y experiencia. Y cuando ella misma llega a sentir temores o inseguridad no lo menciona ni lo deja ver. Así es ella”.