La mayoría de los análisis serios en torno al ataque con armas químicas contra la población civil, realizado el 21 de agosto de agosto último en Damasco, apunta a un culpable: el gobierno de Bashar Al-Assad. No obstante, la diplomacia rusa se empeña en achacar el atentado criminal a los rebeldes sirios. Moscú busca defender al régimen de Siria hasta el último minuto con documentos, testimonios y pruebas “irrefutables” que, sin embargo, nadie ha visto aún.
El informe de los inspectores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) confirmó que el pasado 21 de agosto sí se usaron armas químicas en los ataques que dejaron mil 429 muertos y 3 mil 600 heridos en los suburbios de Damasco, la capital siria.
Pero el informe no apunta a ningún responsable. El gobierno de Bashar Al-Assad puso una condición para permitir el trabajo de la ONU: que se investigara el crimen sin señalar a los criminales. Aun así el documento no satisfizo a Rusia, el inconmovible aliado de Damasco.
El lunes 16, cuando se presentó el reporte de la ONU, el canciller ruso, Sergei Lavrov, lo descalificó: “El oscuro caso del 21 de agosto, en nuestra opinión, fue claramente fabricado”, dijo en una entrevista con el canal Rossiya 1. Su escepticismo estaba fundado, explicó, en “montones de evidencias provistas por expertos independientes en el lugar, como una monja de un convento local, otros testigos y reporteros occidentales, y por expertos europeos y de Estados Unidos, incluidos 12 funcionarios retirados del Pentágono y la CIA”.
Con esto Lavrov trataba de desmentir –además del informe de la ONU, al cual calificó de “parcial” y “distorsionado”– tres análisis que sí adjudicaban la culpa al ejército sirio: un reporte de Human Rights Watch (HRW), otro del experto independiente Eliot Higgins –quien tiene un blog donde usa el seudónimo Brown Moses– y uno más de los periodistas Rick Gladstone y C. J. Chivers para The New York Times.
Los documentos de la ONU y de HRW están respaldados con pruebas químicas, médicas, ambientales, testimoniales, fotográficas y videográficas recabadas directamente por sus equipos y sobre las que realizaron análisis que explican en anexos documentales, con detalles de procedimiento y metodología. En cambio, ninguna de las personas citadas por Lavrov ha aportado las evidencias que el ministro cuantifica en “montones”.
Lavrov volvió sobre el tema el miércoles 18 en una conferencia de prensa en Moscú. Aseguró contar con algo más sólido: “Tenemos suficientes evidencias que demuestran que el uso de químicos refleja que la oposición siria las utiliza para provocar”.
Esas evidencias serán presentadas ante el Consejo de Seguridad de la ONU, afirmó el canciller, aunque no dio una fecha para ello. Y admitió: “No he visto el documento” pero “expertos rusos lo revisarán”.
Sus afirmaciones coincidieron con una transmisión, el miércoles 18, en la cual Russia Today, canal de noticias del gobierno ruso, repitió tres videos supuestamente grabados el día del ataque por Liwa al Islam, un grupo de rebeldes islamistas, en los cuales varios de sus milicianos, perfectamente identificados, aparecen con máscaras antigás y lanzan misiles del mismo tipo de los usados en los ataques.
En el estudio de Russia Today, el corresponsal de la cadena, Paul Scott, explicó que encontró las imágenes en el blog de Brown Moses, quien, dijo el reportero, “ha tratado continuamente de descifrar la información que sale de este conflicto y su decisión de publicar estos videos sugiere que las fuerzas de la oposición están llevando a cabo estos ataques con armas químicas”.
En pantalla mostraron el blog de Brown Moses. En otras palabras, Scott fincó la autenticidad de los videos en que fue Higgins quien los difundió.
Videos
Higgins mostró molestia con los rusos cuando Proceso lo consultó al respecto: “Quisiera aclarar que a pesar del intento de Russia Today de cooptar la credibilidad de mi blog para darles vuelo a estos videos, yo los encuentro increíblemente sospechosos”.
Remitió a su publicación original de las imágenes, fechada el lunes 16. Se titula Un examen de los videos que aseguran que Liwa al Islam es responsable del ataque con sarín del 21 de agosto y en ella constata que, efectivamente, a cuadro aparecen una y otra vez banderas negras con la leyenda “Liwa al Islam” y que los guerrilleros insisten en repetir ese nombre, lo cual no es consistente con los videos producidos anteriormente por esa brigada, en los cuales “no ponen su logo por todos lados” ni “se envuelven en las banderas negras”.
La oscuridad del momento, escribió Higgins, no coincide con la luna llena de aquel 21 de agosto, como tampoco ocurre con el cañón, un obús D30 “que no ha sido identificado como el que usaron en el ataque”. Ni se ve por lado alguno la lanzadera múltiple de cohetes BM-14” que sí ha sido vinculada con el hecho.
Además de otros detalles Higgins señala que los videos fueron subidos a YouTube y LiveLeak en cuentas nuevas y vacías de otros contenidos, algo que “tienen en común con los videos sospechosos anteriores”.
Scott no mencionó nada de esto.
Brown respondió con una declaración ese mismo miércoles: “No considero que esos videos sean evidencia creíble de nada”; “toda la evidencia creíble apunta a que el ejército sirio es responsable del ataque del 21 de agosto”.
Por el momento esto deja en entredicho a Lavrov con el “montón de evidencias” citadas el lunes 16 y que no son congruentes: una de sus testigos, Agnes Mariam de la Croix, monja carmelita libanesa quien ha sido muy activa en su defensa del régimen sirio, niega que el ataque se haya producido, como explicó en una entrevista el viernes 6 también con Russia Today:
“Todo fue montado y preparado para culpar al gobierno sirio”, aseguró. “La evidencia clave es que (la agencia) Reuters hizo públicos estos archivos (los videos de las víctimas) a las 6:05 de la mañana. Se dice que el ataque químico fue lanzado entre las tres y las cinco de la mañana en Ghouta. ¿Cómo es posible reunir una docena de piezas diferentes de pietaje, poner a más de 200 niños y 300 jóvenes juntos en un lugar, darles primeros auxilios y entrevistarlos a cámara, y todo eso en menos de tres horas? ¿Es de alguna forma realista?”
Respecto de los cientos de infantes se pregunta: “¿Será verdad que los mataron?”.
En contraste, el uso de armas químicas sí existió para los “reporteros occidentales” a los que Lavrov alude, y en realidad es uno solo, Dale Gavlak, identificado por los medios que reprodujeron su historia como “reportero de la agencia AP” y quien firma el texto en coautoría con el sirio Yahya Abahneh.
La publicación original se titula Sirios en Ghouta afirman que rebeldes apoyados por Arabia Saudita están detrás del ataque químico. Esto se convirtió en otros sitios web, como iranian.com, en “Rebeldes admiten responsabilidad por el ataque con armas químicas”.
Gavlak y Abahneh afirman que el gobierno saudita proveyó con armas químicas a grupos de la oposición, y los guerrilleros, que no sabían qué tipo de material manejaban, cometieron errores y provocaron la dispersión accidental de los gases letales.
Eso no puede explicar, sin embargo, cómo fue que el ataque se produjo simultáneamente en 12 sitios diferentes de Damasco, uno de ellos a 16 kilómetros de los demás, y sin registro de víctimas en las áreas intermedias. Los reporteros aseguran basarse en “numerosas entrevistas con médicos, residentes, combatientes rebeldes y sus familias”, pero no explican por qué citan exclusivamente a una persona, “Abu Abdel-Moneim, padre de un guerrillero”.
En realidad en el texto no aparecen rebeldes admitiendo nada. Y Gavlak, de hecho, no es reportero de AP, sino un independiente que ha colaborado con la agencia y que en esta ocasión escribió para un medio prácticamente desconocido: Mint Press News.
De manera similar, la especulación de la religiosa De la Croix se cae de un soplo: su “evidencia clave”, el momento en que la historia apareció en la edición estadunidense de Reuters, a las 6:05 de la mañana del 21 de agosto, aparece marcada –como todas sus notas– con la clave EDT o eastern daylight time o tiempo de Nueva York, siete horas después del de Damasco… es decir, 10 horas, no tres como ella cree, después del ataque.
El factor azimut
El informe oficial de la ONU no adjudica responsabilidades. En cambio los de HRW del martes 10, el de Higgins el lunes 16 y el de Gladstone y Chivers, del martes 17, argumentan otras cosas.
Como que, por los datos conocidos, sólo el ejército sirio dispone de agente sarín en las cantidades utilizadas (56 litros sólo para una de las cabezas de misil) y para dispersarlo simultáneamente en tantos lugares, “la evidencia respecto al tipo de cohetes y de lanzaderas” utilizadas “sugiere con firmeza que son sistemas armamentísticos de los cuales sólo se sabe y se ha documentado que están en posesión de, y son usados por, las fuerzas armadas del gobierno sirio” (reporte de HRW).
“Estas armas son disparadas por lanzaderas grandes y aparatosas”, anotan Gladstone y Chivers, por lo que los rebeldes hubieran tenido que organizar una operación “de escala, sofisticación y secreto considerables, moviendo las lanzaderas sin ser detectados en áreas donde el gobierno tiene fuerte control o influencia, y mantenerlas sin recibir hostigamiento en un lugar fijo para lanzar un ataque sostenido que genera gran cantidad de luz y ruido, y después retirarlas exitosamente, todo sin ser detectados”.
La ONU no podía ir tan lejos. La noche del 25 de agosto, casi cinco días después del ataque y bajo presiones internacionales y amenazas de represalias militares estadunidenses, el gobierno sirio accedió a que sus inspectores, presentes en Damasco por otros motivos, investigaran los ataques pero sólo a condición de que sus pesquisas se limitaran a verificar si había habido o no uso de armas químicas: estaban impedidos de señalar responsables.
No obstante su reporte confirmó algunos hechos vitales: se usó el agente nervioso sarín, esa fue la causa del millar y medio de muertes y fue disparado en misiles de dos tipos, uno de 140 mm de fabricación rusa y otro de 330 mm de origen desconocido, que requieren de una lanzadera múltiple de cohetes BM-14. En su anexo 5, además, los inspectores identificaron los azimut (medidas angulares) de caída de los tres proyectiles encontrados sin que nadie los hubiera removido o manipulado, así como la dirección de la que provenían.
Esto último, que permite calcular su trayectoria aproximada y estimar desde dónde fueron lanzados los misiles, fue lo que más disgustó al gobierno ruso, pues gracias a ello dos análisis –el de Gladstone y Chivers y un segundo de HRW (del martes 17), debidamente marcados en un mapa– ubicaron como probable punto de origen una base de la 104 Brigada de la Guardia Republicana, comandada por Maher Al Assad, hermano del presidente.
Contra todos estos informes Lavrov prometió un montón de evidencias “indisputables”, aunque no sepa decir de cuáles se trata. Durante décadas el gobierno sirio negó fabricar o poseer armas químicas, y ahora, en respuesta a las negociaciones entre Washington y Moscú para eliminarlas, Assad prometió su cooperación el miércoles 16… a cambio de los mil millones de dólares “necesarios para destruirlas”.








