Cruz de olvido

El abandono de la Cruz Verde le está saliendo caro al gobierno, cuya escasa inversión se pierde porque no mejora la situación; a los ciudadanos, porque pagan impuestos pero no reciben atención de calidad; y a los propios trabajadores de la institución, quienes no cobran a tiempo, no tienen equipo adecuado para sus labores y ven morir a sus pacientes.

La Cruz Verde Guadalajara está desahuciada y con ella están muriendo sus pacientes, como una bebé de poco más de un año, que falleció por la falta de equipo y personal.

La pequeña fue atropellada por un vehículo. Se pidió una ambulancia de la Cruz Verde Guadalajara, pero camino al hospital se les advirtió a los tripulantes que el desfibrilador no servía, por lo que debían llevarla a otra unidad de la institución.

Cuando los paramédicos bajaron a la menor de la ambulancia y pretendieron ingresarla, no pudieron porque la sala de shock estaba cerrada. Finalmente localizaron a la enfermera que traía la llave, quien les abrió, pero a los cinco minutos la niña perdió la vida.

La Cruz Verde Guadalajara cuenta con cinco unidades de atención: Ruiz Sánchez, Ernesto Arias, Delgadillo Araujo, Leonardo Oliva y Mario Rivas Souza (Planetario).

Empleados de la Cruz Verde relatan asimismo que el jueves 5 paramédicos de la unidad Leonardo Oliva llevaron a una señora en estado grave, pero no había ni un solo médico que la atendiera y falleció. Por eso los responsables del puesto de socorro no avisaron de inmediato a los deudos, sino que esperaron cinco horas a los familiares “eso les causó mucha molestia y demandaron al personal médico”, señalan.

El sábado 7, continúa el grupo de empleados, tampoco había ni un médico en la mencionada unidad, pero el coordinador operativo de los médicos becarios dio la orden para que se ingresara a una menor que traía una herida que ponía en riesgo su vida. “Duró una hora sin recibir atención, cayó en paro y salió al Hospital Civil viejo muy grave, a punto de morir”, comenta una de las fuentes.

Ante la serie de fallas, los médicos becarios de la Cruz Verde Leonardo Oliva “hablaron con el coordinador y le dijeron que no tenían los insumos necesarios para dar atención; la respuesta de su jefe fue castigarlos y enviarlos a las unidades Ernesto  Arias  y  a  Planetario”  (Mario  Rivas  Souza),  relata  el  mismo  testigo.

La situación es tan mala que desde hace dos semanas en dicha unidad no hay personal médico en los siguientes horarios: de 7:30 a 8:30 de la mañana, de las 2 a las 4 de la tarde y de las 8 a las 9 de la noche.

“A esas horas nadie se puede enfermar o pedir atención médica. Y si hay broncas, cae todo con la trabajadora social, con las enfermeras o con los paramédicos. (Los médicos) dejaron de laborar porque no hay medicamentos ni equipo para sacar estudios como electrocardiogramas, laringos ni los ambus (máscara portátil utilizada para ventilar los pulmones); todo eso se lo robaron hace como ocho meses, y (los directivos de la Cruz verde) sólo repusieron el equipo de la ambulancia y el del cubículo de shock, ahí duraron tres meses sin el equipo necesario. Llegaba un paciente grave y tenías que correr a la ambulancia”, relatan.

También detallan que en esa unidad sólo un médico de urgencias cubre los turnos de  la mañana  y la tarde, mientras que en la noche lo hacen dos. Las fuentes de esa unidad han escuchado quejas de los médicos en el sentido de que “es mucho trabajo. Antes, con los becarios y los médicos de base, en las cuatro guardias había cinco o seis médicos”.

Para colmo, desde hace tres años, a raíz de la remodelación del edificio, se dejaron de utilizar los quirófanos y el área de hospitalización.

El 20 de junio de 2013 José Ángel Espinoza de los Monteros, director de la Secretaría de Servicios Médicos de Guadalajara, declaró que ambos quirófanos están casi listos, pero no es así, dicen los trabajadores entrevistados.

Para empeorar las cosas, existen fallas de planeación. Por ejemplo, uno de los trabajadores agrega: “Con la remodelación que hicieron a la (Leonardo) Oliva, los paramédicos deben recorrer alrededor de 300 metros con los pacientes para llegar al área de urgencias, ya que está hasta el fondo. Inicialmente esa entrada iba a ser para los policías, pero se adueñaron de más de medio patio y dejaron un callejón; y por ahí no podemos pasar, la norma no lo permite”.

Es cierto que al final de la administración de Aristóteles Sandoval y del interino Francisco Ayón en Guadalajara se entregaron seis ambulancias nuevas, pero no ayudaron mucho: “Son austeras, les falta el equipo de vía aire completa y ambus. Sólo tienen el maletín, tres tanques de oxígeno, una hoja de laringe y un mango, pero el ambus está perforado y se complica salvar una vida. Además, los collarines  están  demasiado usados”.

Las otras ambulancias no sirven. “A algunas les fallan el motor, la transmisión, el aire acondicionado… El colmo es que una, que está en la Cruz Verde Leonardo Oliva, lleva el espejo retrovisor fijado con cinta adhesiva, el botón de encendido de la sirena es la tapadera de un tubo de silicón, no tiene radiocomunicador y no sirven su desfibrilador ni el oxígeno”.

No sólo la unidad Leonardo Oliva enfrenta esos problemas. Una de las fuentes afirma que una ambulancia de la unidad Planetario no abre por dentro, de forma que los paramédicos “se tienen que brincar como los Dukes de Hazzard. Para sacar a un paciente tienen que hacer circo, maroma y teatro”.

Recuerda igualmente que una ambulancia de la Cruz Verde Ruiz Sánchez chocó porque las llantas estaban muy gastadas. Afortunadamente los “compañeros no sufrieron heridas graves, pero el chofer tuvo que pagar el deducible, porque nos hacen firmar un resguardo”.

Al respecto, comenta que las ambulancias están aseguradas como vehículos de carga y la póliza únicamente cubre los gastos que sufran dos personas. “Si viene algún paciente, la aseguradora no se hace responsable”, revela.

 

Saturación y penuria

 

El grupo de trabajadores de la Cruz Verde presenta datos del Servicio de Asistencia Médica de Urgencias (SAMU) que destacan la importancia de la institución: el 62.5% de las solicitudes de servicio de ambulancia los atiende la Cruz Verde Guadalajara, y el resto las unidades de Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Tlajomulco de Zúñiga y El Salto, o bien  la Cruz Roja.

De igual forma, según los registros del Centro de Regulación de Urgencias Médicas, la Cruz Verde Guadalajara atendió de mayo a agosto pasados 10 mil 579 servicios; Zapopan, 6 mil 21; Tlaquepaque, 3 mil 209; Tlajomulco de Zúñiga, 2 mil 627; Tonalá, 2 mil 199; El Salto, 835; y la Cruz Roja 2 mil.

Además, de acuerdo con los entrevistados, las unidades de la Cruz Verde que reciben el mayor número de servicios son Ruiz Sánchez y Leonardo Oliva. Mencionan que en 12 horas reciben en promedio 12 servicios, y los fines de semana hasta 25 por ambulancia. “De ahí la importancia de contar con mejores vehículos; los más recientes son de 2011 y los más viejos de hace 14 años. El equipo que tienen data de 1996”, explica uno de los trabajadores.

En el Diario Oficial de la Federación del 19 de diciembre de 2012 se publicó la norma 237 de la Secretaría de Salud, que “tiene por objetivo establecer los criterios mínimos que se deben cumplir en la atención médica prehospitalaria, así como las especificaciones del equipamiento e insumos en las unidades móviles tipo ambulancia y el tipo de personal que presta el servicio en ellas”. Sin embargo, dicen los testigos, ninguna ambulancia de urgencias básicas avanzadas de la Cruz Verde tiene desfibrilador ni aspirador, tampoco un monitor que funcione, por lo que incumplen la noma mencionada.

“La atención prehospitalaria a través del RCP (reanimación cardiopulmonar) es muy importante. ¿Cómo es posible que en la Cruz Verde no tengamos un desfibrilador por ambulancia? A los que tenemos no les sirve la pila o no están en la condiciones necesarias”, apunta un paramédico.

Agrega: “Nos dan un par de parches para atender a los pacientes, cuando la Asociación Americana del Corazón marca que debemos traer parches para adultos y pediátricos. Son desechables, pero los que tenemos se reciclan y ya están caducados”.

Otro dato que aportaron es que la batería de los radios personales sólo dura entre dos y tres horas: “Si pedimos apoyo cuando nos están agrediendo, un cubículo de shock o permiso para aplicar un medicamento, no podemos comunicarnos porque la pila se acaba muy rápido”.

Desde la pasada administración de Guadalajara no se ha equipado a los paramédicos, que necesitan uniformes, botas, sogas, cortapernos, pinzas, desarmadores ni impermeables, ya que trabajan en cualquier condición climática. Sin embargo, cuando solicitaron estas prendas a su coordinador operativo, César Díaz, les dijo que “se pusieran una bolsa negra para trabajar porque no hay dinero”.

Tampoco hay sábanas en la Cruz Verde, y “hacen falta porque a veces llevamos pacientes sangrando y ensuciamos nuestro uniforme. Lavamos la ambulancia, pero nosotros no podemos asearnos porque falta un área para hacerlo. Y lo peor es que llevamos la ropa contaminada a nuestra casa”, dice un empleado inconforme.

Para ilustrar la penuria en que trabajan, cuentan que el martes 10 una señora dio a luz en el área de urgencias de la unidad Leonardo Oliva y no había sábanas para cubrir al recién nacido. No había “ni perillas –describe una de las fuentes–; los médicos tuvieron que pedir prestada una a los paramédicos. No es posible que el ayuntamiento no pueda pagar una perilla, que cuesta entre ocho y nueve pesos”.

No es todo. En el área de urgencias de Leonardo Oliva no se realizan  electrocardiogramas: “Llevan meses sin servir los dos equipos de desfibriladores que tenemos, no marcan el trazo, y como no puedes dar la descarga si no te da el trazo en la pantalla, hay que trasladar a los pacientes a otra unidad. Haz de cuenta que nos mandan a la guerra sin fusil y los reclamos son para el personal médico”, se queja un entrevistado.

Y ojalá se tratara sólo de ataques verbales. Frecuentemente no se puede atender al paciente como es debido, por lo cual sus familiares o sus amigos agreden al personal médico. Hace un mes, en la avenida 8 de Julio y Mezquitera, un chofer fue apedreado en su ambulancia porque llegó tarde a un servicio. “No fue su culpa, sino que era fin de semana: teníamos demasiado trabajo y pocas ambulancias. El compañero se tuvo que querellar con los agresores para que no le cobraran la reparación de la unidad”.

 

La mala cara del IMSS

 

Una carga adicional de trabajo representa para los paramédicos de la Cruz Verde la burocracia y la falta de recursos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Los entrevistados dicen que si los pacientes carecen de Seguro Social no son fácilmente recibidas en los Hospitales Civiles de Guadalajara.

Éstos “hacen una selección de pacientes críticos: si va atropellado o baleado es probable que se quede, pero si es un paciente con un evento muscular cerebral nos dicen que no hay lugar. Hasta sugieren: ‘Llevátelo a tu base y que le practiquen una tomografía; cuando tengan el resultado a lo mejor ya hay lugar’. Si lo hacemos, para entonces ya pasaron horas y se dan fallecimientos”, relata un paramédico de la unidad Ruiz Sánchez.

No obstante, añade, muchos afiliados al IMSS tampoco son recibidos en sus clínicas. Recuerda que a finales agosto atendieron a dos víctimas de la delincuencia: un hombre baleado y apuñalado, y su hijo, que presentaba golpes. Después de estabilizarlos se los llevaron a la Clínica 14 del IMSS, ubicada en Río Nilo y Revolución, pues era la más cercana y la que les correspondía. Pero los “médicos que estaban en el área de urgencias en la noche nos dijeron que estaban llenos, ni siquiera se tomaron la molestia de levantarse de sus sillas, ni siquiera los quisieron estabilizar. Al final los llevamos al Centro Médico. No íbamos a permitir que falleciera”.

También señalan que cuando llevan a un paciente y tienen que llegar a otro servicio, tienen que ir a buscar camillas del IMSS a piso para desocupar la suya, pues el personal del instituto no lo hace. “De por sí no hay unidades y tenemos muchos servicios, y hacer eso (conseguir una camilla) nos toma como una hora. No somos camilleros, pero los del IMSS nos dicen: ‘Si quieres desocuparte rápido, ve y búscate una en el piso tal’…”, dice otro paramédico de la unidad Ruiz Sánchez

Confirma un trabajador de la Leonardo Oliva: “En ocasiones tenemos que ir a la morgue por una camilla para poder subir al paciente y desocuparnos”. Y el de Ruiz Sánchez bromea: “Si el paciente supiera que se está acostando donde había un muerto, se recupera de inmediato”.

La falta de camillas en el IMSS es tal, dicen los entrevistados, que han visto a pacientes amarrados a una silla hasta por 12 horas, en especial en la clínica 14. Y lo han observado porque el 80% de los servicios de ambulancia que presta la Cruz Verde Guadalajara son para personas afiliadas al instituto.

“Prácticamente trabajamos para el Seguro Social –dice uno de los paramédicos–. Si el Ayuntamiento dice que Cruz Verde no recibe ingresos, que le cobre los traslados al IMSS porque, además de llevarles a los pacientes, les ponemos sueros o medicamentos. Por lo menos que nos repongan el material.”

Además, apuntan, la carga de los servicios médicos municipales se incrementó porque ahora deben atender también a los usuarios del Seguro Popular.

Sin embargo, el personal médico de la Cruz Verde señala que el titular del Consejo Estatal de Prevención de Accidentes (CEPAJ), Yannick Raymond Auguste Nordin Servin, disfruta de una “aviaduría”, pues a pesar de que en marzo pasado dejó el cargo de coordinador general de la Cruz Verde para convertirse en secretario técnico del citado consejo, al menos hasta el 31 de agosto pasado cobraba 49 mil 208 pesos al mes en el ayuntamiento tapatío, como puede comprobarse en la página de transparencia.

A su vez, los médicos de la Cruz Verde consultados se quejan del actual coordinador, César Díaz, quien “se porta grosero, prepotente, y la mayor parte del tiempo no está aquí, sabiendo que no hay médicos ni los medios necesarios para atender pacientes delicados o estables”.

De acuerdo con los declarantes, el Ayuntamiento tapatío retarda el sueldo de los paramédicos y médicos suplentes hasta por seis  meses. “Si dicen que no hay dinero, que nos digan qué pasó con los 130 millones que les condonó el Servicio de Administración Tributaria (SAT). No pueden decir que no hay dinero, que lo manden a las unidades de Cruz Verde”, exhorta uno de ellos.

Según el alcalde Ramiro Hernández, ese monto devuelto por el SAT se utilizó para reducir los pasivos del municipio, que superan los 4 mil millones de pesos.