Faustino Díaz (Oaxaca, 1982) ganó el Octavo Concurso Internacional de Trombón que este año se llevó a cabo en Jeju, Corea. Es el primer latinoamericano en obtener ese premio que le otorga un prestigio envidiable, además de un valioso instrumento y una gira de conciertos por Asia en 2014.
Originario del pueblo de San Lorenzo Cacaotepec, a 25 minutos de la capital del estado, dijo a Proceso:
“Hubiera sido padre hablar un dialecto como lengua materna, pero en mi pueblo no se habla desde hace años; desafortunadamente se perdió, ahora quisiera aprender un poco pero, obvio, no es lo mismo. Vengo de una familia que tiene dedicándose a la música más de 100 años, desde mi tatarabuelo Emilio Díaz, tubista, mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre y yo. Todos nos dedicamos a la música popular, a los danzones, a los jarabes, a los corridos. Después, con la banda de mi papá (La Dinastía Díaz) llegamos a tocar música un poco más complicada, como valses, marchas y oberturas. Tocamos también en ceremonias, bodas, 15 años y hasta de difuntos. Sigo tocando en la banda de mi papá cada vez que puedo. La música, junto con el campo, nos ha dado de comer a lo largo de todo este tiempo. Las obras de Bach no las conocí hasta los 16 años de edad, entonces empecé a conocer a todos los demás clásicos.”
Eso fue a partir de su entrada al Conservatorio de la Ciudad de México:
“Yo pensaba que tenía que estar ahí sólo un par de años, ya van 15, y la fortuna siempre estuvo de mi lado: A los 17 años gané la plaza de trombonista en la Orquesta Sinfónica de Acapulco, a los 18 en la de Pachuca y en la de la Juvenil de Xalapa, y a los 20 en la OFUNAM.
“Para mí lo fundamental es tocar bien, así que lo mismo me da hacerlo en un concierto de la Sinfónica Nacional en Bellas Artes o con la Banda del Estado en el kiosco de la plaza central de Oaxaca… si tocan bien, tocan bien, no importa el lugar ni el tipo de música. Lo mismo me da ganar un concurso internacional que grabar un disco con la banda de mi padre, lo fundamental es hacer buena música, y lo vivo con la misma intensidad y el mismo compromiso.”
A Faustino Díaz le ha ido bien por una sola razón: trabaja (estudia) todos los días tenazmente, con el objetivo de ser el mejor trombonista del mundo, lo demás ha llegado solo:
“No sé si algún día voy a llegar a tocar como quisiera, pero al menos moriré en el intento. En mi casa decimos: ‘Si alguien te dice que no se puede, normalmente es porque él no pudo, pero en ningún momento quiere decir que tú no puedas’. Siempre me ha gustado romper las reglas. Alguna vez me dijeron: ‘No puedes hacer música clásica y música popular al mismo tiempo’. ¡Mentira! Otra vez me dijeron: ‘O tocas trombón o tocas trompeta o tocas tuba, no se puede los tres al mismo tiempo’. ¡Mentira! O también: ‘Sin una beca es imposible que te vayas a estudiar’. ¡Mentira!”
Estudia la maestría en Laussane, Suiza, y quiere quedarse a estudiar una especialidad en música antigua en Lyon, Francia.
Cuando se le pregunta si ha recibido felicitaciones del presidente de la República, el gobernador de Oaxaca, el presidente municipal, la directora del INBA o el presidente del Conaculta, responde con naturalidad:
“Todos me lo preguntan, y yo respondo que no; en realidad no me importa, puesto que la mayoría de ellos desconocen todo en materia cultural, entonces no los culpo.”








