“Tape”

En un cuarto de hotel, tres amigos de la preparatoria se encuentran después de siete años de no haberse visto. Cada uno tiene secretos y cuentas que saldar. En una cinta grabada está una confesión que, aun cuando se duda de su verdad, otorga poder al que la posee.

Tape es una obra del estadunidese Stephen Belber, estrenada en 1999 y luego vuelta película protagonizada por Ethan Hawke, Robert Sean Leonard y Uma Thurman.

Por primera vez en México se presenta bajo la dirección de Luis Eduardo Reyes y las actuaciones de Fernando Bueno, Daniel Bretón, Fernanda Vizuet y Luz Ramos, en alternancia. En este drama, la capacidad del autor y la efectividad de la puesta en escena muestran personajes complejos y dinámicos que, tras aparentar indiferencia, se ven tocados por sus sentimientos y su conciencia.

Siguiendo la corriente del realismo estadunidense que innovó el teatro desde principios del siglo XX, el autor explota la psicología de los personajes y los va develando, no sólo por la información proporcionada –lo cual haría estático el desarrollo de la anécdota–, sino sobre todo por las situaciones en las que va colocando a los personajes, haciéndolos reaccionar de maneras impredecibles o lógicas, según su temperamento.

Alex, interpretado por Fernando Bueno, es un narcomenudista “valemadre” que ha ido a Ciudad Juárez a reunirse con su amigo Arón (Daniel Bretón) para festejar el estreno de la película que este último dirige y que se presenta en un pequeño Festival de Cine. Se encuentran en un hotel de paso donde Alex se hospeda y éste le tiene guardada una sorpresita.

La traducción y la adaptación de Fernando Bueno y Daniel Bretón –actores también de la exitosa obra Vestuario de hombres, presentada con anterioridad en el Círculo Teatral– acercan la problemática al espectador. No sucede en Michigan, como en el original, sino en la citada ciudad fronteriza mexicana. Y así como el lugar, el lenguaje incluye nuestros modismos, nuestras particulares expresiones y formas de hablar.

En un espacio con el mínimo de elementos, Luis Eduardo Reyes resuelve con acierto el movimiento de los personajes: las entradas y salidas, tanto al pasillo del hotel como a un baño medio a vistas, y su alternancia entre sentarse en la cama o frente a la mesa. No hay abuso de movimientos, sino una naturalidad que se expresa también en el trabajo actoral. Los tres intérpretes resaltan por su relajación, la facilidad en el decir y la manifestación de sus emociones, ya sea en silencio, a media voz o a gritos. El texto va modificando a los personajes según las variaciones de la situación y las novedades que se les presentan, y esta puesta hace que al espectador se le haga creíble lo que sucede en el escenario y sienta que está ante seres de carne y hueso.

Las palabras, que en apariencia dicen situaciones tangibles, van develando un subtexto en paralelo para que los personajes se desnuden hasta encontrarse frente a frente uno a otro, sin nada que puedan ocultar. La llegada del tercer personaje funciona como el pivote para revelar resentimientos y malos entendidos que, aunque salen a la luz, no llevan a verdades absolutas. La ambigüedad del texto se mantiene hasta el final y junto con los actores, comprendemos, dentro de lo relativo que es eso, el actuar de los personajes.

Tape se presentará los jueves en el Círculo Teatral.