Ni los planes para ampliar el mercado San Juan de Dios o Libertad, ni el presunto negocio que se hará con la venta de locales justifican que los niños que acudían al Centro de Desarrollo Infantil 13 del DIF hayan sido reubicados en un edificio sin espacio suficiente para sus actividades, deteriorado y sin medidas de protección en caso de percances. Pero no sólo eso, protestan los padres de familia, sino que la nueva sede está en una zona de alta inseguridad.
El pleito entre padres de familia y autoridades municipales por el desalojo del Centro de Desarrollo Infantil (CDI) 13, del DIF Guadalajara , que funcionó durante más de 20 años en la planta alta del mercado San Juan de Dios, deja al descubierto los intereses creados desde la anterior administración municipal, encabezada por el actual gobernador, Jorge Aristóteles Sandoval.
El ayuntamiento, que ahora preside el también priista Ramiro Hernández, cerró el CDI sin importar la opinión de las familias afectadas ni tener en cuenta que las nuevas instalaciones representan mayor riesgo para los niños.
Los padres de familia sospechan que, en vez de pensar en la seguridad de 128 menores que asisten al centro, las autoridades tapatías pretenden allanar el piso para la ampliación del también llamado mercado Libertad. De concretarse, dicho proyecto representará un negocio de 80 millones de pesos por la venta o renta de locales comerciales en el lugar que ahora ocupa la guardería.
Julio César Brizuela Pérez, presidente de la mesa directiva de padres de familia de la guardería Mercado Libertad, afirma que desde junio de 2011 el gobierno municipal intentó cerrar ese centro, y en las discusiones con los padres de familia salió a relucir la propuesta de vender locales o donar el espacio a la Universidad de Guadalajara para que instalara un museo u oficinas.
Recuerda que en febrero de 2011 el CDI 13 atendía a 128 menores, pero que las autoridades lograron disminuir la población a menos de 59. Para el 19 de agosto, gracias a la presión oficial, el centro sólo reportaba 28 niños inscritos
El 14 de junio de ese año, ante la inconformidad de los padres de familia, el entonces secretario general del ayuntamiento tapatío, Roberto López Lara, se comprometió a que “por ningún motivo esas instalaciones serían utilizadas con fines comerciales”, como se lee en la minuta de una reunión que ese día sostuvieron las autoridades y los usuarios del CDI 13.
Dos años después, el pasado 16 agosto, dos funcionarios del DIF Guadalajara (Raúl Robles, encargado de Desarrollo Comunitario, y Ana Bertha Arévalo, jefa de Formación Infantil) notificaron a los maestros y padres de familia que el centro se reubicaría y que sus instalaciones en el mercado se cerrarían definitivamente, lo que ocurrió casi de inmediato: el día 19.
La nueva sede de la guardería es una casa ubicada en la calle Industria 392. Tiene cinco habitaciones, insuficientes para el número de menores, lo que provoca hacinamiento y los riesgos que esto conlleva. Los padres están alarmados de que se hayan improvisado cuartos para que pernocten hasta 10 niños, por lo que se opusieron rotundamente a que sean más, como lo pretendía la administración.
Los usuarios inconformes señalan que esa zona no es apta para menores, ya que a media cuadra hay un centro de rehabilitación para adictos y una cantina, mientras que a espaldas de la guardería operan una gasolinera y una fábrica de hielo donde se maneja amoniaco.
Tampoco las medidas de seguridad son las adecuadas, dicen. La construcción tiene una sola puerta y carece de salidas de emergencia, ya que el ingreso posterior del edificio está cerrado con candado. Además, indican que los cristales carecen de película antiestallamiento y que la mayoría de los vidrios están en los muros que dan a la calle.
Con estas características, la improvisada estancia infantil es una “trampa mortal” para los niños, resume Julio César Brizuela.
Advertencias
En efecto, la nueva guardería está en la calle Industria, calle muy transitada entre Juan Díaz Covarrubias y Mariano Jiménez, en el sector Libertad. En la zona proliferan los cadeneros, motoladrones y las narcotienditas. Para llegar ahí los padres, la mayoría de los cuales trabajan en el mercado, tienen que caminar varias cuadras con la consecuente pérdida de tiempo de trabajo y el riesgo de ser asaltados.
Incluso dicen que algunos maestros, a quienes les reconocen un buen desempeño, les han comentado de manera discreta que esa casa improvisada no es apta para el desarrollo intelectual, emocional y físico de los niños, porque ahí no tienen espacio para jugar y aprender adecuadamente.
De todo esto los padres no tuvieron información previa. Estiman que las actuales instalaciones corresponden a una casa habitación vieja con un costo inferior a 500 mil pesos, por lo que no ofrece las condiciones de seguridad y protección que requieren los niños.
Yesenia Rosas, madre de familia, dice que las paredes del inmueble están comidas por la humedad y tiene filtraciones de agua, lo que puede ocasionar problemas de salud. A esto se suma que los reducidos espacios –los niños de maternidad tendrán que permanecer “como cerillitos”, uno junto al otro– facilitarán la propagación de problemas de salud y la gravedad de los daños en caso de un accidente.
“Desde el primer día que visitamos las instalaciones vimos la humedad en una buena parte de la finca –relata la señora Rosas–; además, los niños están sumamente expuestos a los vidrios de las ventanas; las ventilas no tienen ningún tipo de protección y existe el riesgo de que en cualquier momento se desprenda un vidrio y pueda herir a un infante. No hay zona de protección en caso de que las criaturas tengan que salir corriendo a la calle.”
Los padres de familia aseguran que hasta la fecha ninguna autoridad les ha mostrado un dictamen reciente de Protección Civil Municipal en el que se aprueben las medidas de seguridad. Lo que sí saben es que al lugar no se ha presentado personal de Regulación Sanitaria de la Secretaría de Salud.
En resumen, dicen que sus hijos fueron trasladados de una sede amplia y funcional a otra insuficiente y llena de riesgos.
Por este motivo, piden que de manera inmediata se ordene la reubicación de la guardería a sus anteriores instalaciones, pues aparte la casa a donde la cambiaron aún se encuentra en obras de remodelación que incluyen albañilería y herrería. Aun esto es riesgoso, puesto que días después de que se abrió la guardería los papás fotografiaron decenas de tornillos tirados en el piso.
Los inconformes reclaman además que mientras a sus niños los desalojan, a un costado de la sede anterior del CDI 13 hay un jardín de niños que opera sin ningún problema, cuando si hubiera riesgos éstos tendrían que ser iguales para ellos.
En entrevista con Proceso Jalisco, otros padres de familia reconocen que la parte alta del mercado Libertad no es apta para una guardería. Sin embargo, tampoco están conformes con que sus hijos hayan sido reubicados a un lugar más inseguro, más pequeño y susceptible a todo tipo de riesgos.
La denuncia de los padres de la guardería Mercado Libertad sale a la luz días después de que José Francisco García Quintana, dirigente del Movimiento 5 de Junio, dictó una conferencia en el Congreso de Jalisco donde advirtió que en muchas estancias infantiles ha observado condiciones de riesgo similares o peores que las de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, donde aquel día de 2009 murieron 49 niños y 76 resultaron con graves quemaduras.
García Quintana, cuyo hijo Andrés falleció en aquella tragedia, acusó a las autoridades mexicanas de ser omisas en la aplicación de la justicia con tal de proteger a presuntos delincuentes, amigos empresarios y parientes de políticos.
Por su parte, en abril pasado la diputada Norma Cordero Prado presentó una iniciativa denominada Ley Infancia Segura ante el Congreso de Jalisco para garantizar nuevos esquemas de seguridad, protección y desarrollo de los niños en las guarderías.








