Aristóteles: traición del subconsciente

Apenas puede creerse: al despotricar en contra de los migrantes centroamericanos que están de paso en nuestra entidad, el gobernador Aristóteles Sandoval lanzó su as de espadas al torrente de las declaraciones desafortunadas. Y no hay alfil que lo defienda. Por eso busca exculparse a sí mismo. Y aun cuando los medios dieron profusión a su dislate, vale la pena reproducirlo para darle una escarmeneada.

De su ronco pecho soltó la siguiente perla: “En algunas zonas hemos detectado, por ejemplo (que) quienes asaltan a casas que son de otra nacionalidad, sobre todo algunos centroamericanos o algunos sudamericanos”. Lo primero a señalar es su descuido semántico; ¡no se midió! Aunque habrá quien lo defienda y nos salga con que no hay que exigirle demasiado en cuanto a manejo pulcro del lenguaje.

La responsable de su preparación profesional fue nuestra universidad pública, que tiene totalmente reprobada esta asignatura. Aristóteles estuvo inscrito en la Preparatoria siete y luego en la Facultad de Derecho de la UdeG, aunque su verdadero entrenamiento universitario corrió parejo con la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) –el organismo estudiantil continuador de la FEG, su verdadera escuela– a la cual concurren los “líderes estudiantiles”. ¡Quién sabe qué querrá decir esto! En los hechos, en la FEU, como antaño en la FEG, se cultivan sólo las habilidades para la grilla. Ahí se entrenan para ser los mejores en la puja por ganarse el favor del titiritero mayor, que es Raúl Padilla.

En la FEU los estudiantes compiten por obtener, aderezadas de virtudes políticas, la abyección hasta la ignominia y la sumisión rampante a los dictados de los de arriba, para luego aplicar tan amargas recetas a los de abajo. La zanahoria consiste en la perspectiva de colarse luego a los suculentos puestos de la administración pública. Aristóteles corrió por estas pistas y llegó a gobernador. Su abyección hacia los de arriba queda fuera de duda. Su inclemencia para los de abajo ha sido puesta de manifiesto ahora en esta desafortunada declaración presente. El hecho de que lo suyo no sea la pulcritud retórica es palmaria. Veamos.

¿Qué quiso decir exactamente con eso  de  que  “quienes  asaltan a casas que son de otra nacionalidad”? ¿Acaso que hay casas en zonas del estado que son de otra nacionalidad? ¿No es la nacionalidad una atribución jurídica y política aplicable sólo a personas? Esta aberración confusa se deriva de no saber utilizar bien los pronombres relativos, como son las palabras “que” y “quienes”. Al no saberlo, se ponen en cualquier parte de la oración y el mensaje resultante es el galimatías de marras. Es peor, en cuestión del mal manejo del léxico, según los buenos gramáticos, cuando se usa el vocablo “que”, no saber distinguir si se trata de un pronombre relativo o de una conjunción.

Si fuera el caso, el dicho de Aristóteles tendría que haber rezado así: “Hemos detectado en algunas zonas que quienes asaltan casas son de otra nacionalidad…” Tal vez fue éste el sentido que quiso imprimir a su afirmación, pero se le fueron las cabras al monte. No es la primera vez. Pero quedémonos con la perla del día. Decimos que su intención tal vez transitaba por dichos lares, porque de inmediato lo cogieron de las barbas las instancias y grupos de Ongs, que se dedican a atender a estos grupos vulnerables, entre los muchos grupos humanos en peligro de extinción que pululan en nuestra comuna, y lo pusieron nuevo. Tanto FM4 como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) señalaron sus palabras como lesivas a estos grupos.

No sólo eso, las calificaron como lo que son: “abiertamente discriminatorias”. También apuntaron al dato duro de que quienes poseen, de entre nuestros paisanos, actitudes xenofóbicas encuentran en ellas un sólido sostén para justificar su actitud hostil contra dicho sector (El Informador, 31 de agosto de 2013).

La confirmación más contundente de que la intención de Aristóteles se orientaba hacia la criminalización de los migrantes latinoamericanos que cruzan nuestro estado buscando llegar a Estados Unidos la dio su propia corrección posterior en su cuenta de Twitter: “‘Ratifico mi respeto y solidaridad con quienes tienen que dejar sus hogares en busca de una vida mejor. Comprendo la postura de @CONAPRED”. Y como colofón, agregó: “‘Velaré para que los migrantes que transitan por Jalisco, sean tratados con dignidad y respeto. Esa es mi convicción”.

Habría que preguntar a los psicólogos cuánto de proyección y cuánto de transferencia inconsciente hay en estos mensajes. Los analistas trabajan con paciencia los mensajes en los que el fondo real se expone desde la primera emisión. Dicen que ocurre así por los elementos de espontaneidad que contienen. Las aclaraciones posteriores ya llevan el cálculo medido de los efectos. Esto lo sabemos muy bien todos. Hasta en las averiguaciones previas se toma como más sincera y efectiva la primera de las declaraciones de los indiciados. Y hasta en las relaciones personales cotidianas decimos, atenidos a la sabiduría popular y a la experiencia ancestral, que la primera impresión es la que cuenta.

Aceptemos que Aristóteles desbarró. Mostró a las claras que está impregnado de prejuicios absurdos contra nuestros hermanos de centro y Sudamérica; mostró padecer el síndrome de la mentalidad colonizada que, en tanto humildes y explotados, desprecia a los propios; se torna en cambio obsecuente y sumisa con el ajeno, en tanto muestre éste ser poderoso y explotador, claro.

La dinámica política de satanizar lo nuestro, lo latinoamericano, obedece al propósito descarnado y absurdo de fundir la mexicanidad en lo sajón, en lo gringo. Este modelo da vida a nuestros viejos prejuicios que condenan al moreno, al errabundo, al desempleado, al exterminio. La desaparición no tiene que ser por fuerza fulminante e inmediata. A los ojos de quienes condenan a los autóctonos a la extinción, es obvio que no merecen ser tomados en cuenta sino para ser perseguidos. Pretexto para fulminarlos sirve cualquier expediente: rateros, sucios, terroristas, inferiores, subversivos. Lo que importa es someterlos o borrarlos del mapa.

Como se trata de la parte baja de la tabla social, las variables para ésta se reducen a su dominación y nada más. Y si no se someten, mandarlos al infierno. Es la verdadera convicción que mueve Aristóteles y a la caterva de políticos bisoños que tomó por asalto el gobierno del estado en las últimas dos décadas. Que se digan del PRI, del bolillo o del PRD, es irrelevante. Lo de fondo es su identificación con los dueños del dinero, con el palo autoritario contra quien no se pliegue a estos dictámenes en boga y decida resistir, para cambiarlo por algo más positivo, el estado de cosas imperante. Es su convicción, aunque luego salgan al escenario tuitero a corregir emplastos tan desafortunados. Mal andamos.