MADRID.- La imagen más emblemática y conocida en el mundo sobre la Guerra Civil española es, sin duda, la fotografía en blanco y negro de Robert Capa, Muerte de un miliciano, en el momento en que cae abatido un combatiente de la república.
Sin embargo, una reciente investigación del profesor hispano José Manuel Susperregui, arrojó conclusiones que desmitificarían a la famosa fotografía, como el hecho de que se trata de una escenificación y no fue lograda por el fotógrafo húngaro durante un evento de fuego real.
Profesor del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad del País Vasco, dice a Proceso que sus resultados incomodaron al Centro Internacional de Fotografía (CPI, por sus siglas en inglés) de Nueva York, donde se hizo la clasificación de las imágenes del húngaro y de su compañera, la fotógrafa alemana Gerda Taro.
Su trabajo, semejante al de un técnico forense, se basó en lo que denomina “el inconsciente tecnológico”, concepto con el que nombra el análisis pormenorizado de los formatos fotográficos, de las huellas que dejan las cámaras analógicas en la película, en aspectos técnicos de la imagen, en el apoyo en la historia y el análisis en el terreno mismo donde fue hecha la foto.
Susperregui explica los pormenores de su estudio, titulado Controversias sobre el catálogo razonado de Gerda Taro, en los negativos:
“Al pasar la película por los rieles de las viejas cámaras analógicas, se generaba un rozamiento que provocaba marcas y dejaba rayado el negativo, el cual se puede descubrir bajo el microscopio, que es un elemento que utilicé para definir cuál es la cámara con que fueron tomadas algunas imágenes de Robert Capa y cuáles de Gerda Taro.
“Es parecido a lo que se hace en las investigaciones para identificar las señas que un arma de fuego deja en un proyectil al ser disparado y que nos permite saber de qué arma fue disparado un proyectil.”
En su estudio, la catalogación de la obra de Capa y Taro, realizada por los respectivos biógrafos, Richard Whelan e Irme Shaber, cuyas conclusiones elementales señalaron que las imágenes de formato rectangular tomadas con la cámara Leica son de Capa y las de formato cuadrado con la cámara Rolleiflex son de Taro, “eso no se sostiene”, asegura.
La fotógrafa germana había acompañado a Capa en un primer viaje a España en agosto y septiembre de 1936, al inicio de la guerra civil, cuando el primero hizo la foto Muerte de un miliciano.
El especialista dice que sobre la clasificación de las fotos de ese primer viaje surge un problema, porque no se sabía cuáles son de Taro y cuáles de Capa. El criterio para asignar las fotografías rectangulares de este primer viaje a Capa y las cuadradas a Taro es muy discutible, porque el criterio de los formatos se puede cuestionar razonando el estilo fotográfico de Capa, con lo cual “podríamos llegar a la conclusión de que Gerda Taro no fotografió durante ese primer viaje y, si lo hizo, sus imágenes fueron residuales”.
El miliciano
En 2009, el profesor Susperregui llegó a su teoría de los “níes”: Que la foto del miliciano, tomada el 5 de septiembre de 1936, no está hecha con la cámara Leica sino con la Rolleiflex; que la localización es el Cerro del Cuco y no el Cerro Muriano; que el miliciano muerto no es Federico Borrel García…
Finalmente, que no es una instantánea natural, sino una escenificación.
Al explicar detalles de la imagen, informa que el sitio donde se tomó la foto es un campo de rastrojos en un plano inclinado, orográficamente es una línea en diagonal que atraviesa la línea del horizonte inclinado, el miliciano y atrás unos montes, y hay una mancha blanca en el costado derecho.
El especialista comparó esa fotografía con otras donde aparecen más milicianos muertos, que tienen coincidencias en el terreno, como la presencia de una cordillera, y en la de una mancha blanca en la imagen, lo cual fue un primer indicio para ubicar el terreno.
Al tener una definición del paisaje localizó el pueblo de Espejo, en Córdoba, a 30 kilómetros del Cerro Muriano, que visitó, y comprobó que esos campos de siembra ahora son unos olivares y estableció el punto exacto desde el cual Capa tomó la imagen.
Pero además, investigando en la historiografía, encontró un libro de un viejo militante comunista, quien al hacer una cronología refiere que el 5 de septiembre no hubo actividad bélica en Espejo, que cuando hubo una gran batalla en ese lugar fue el 23 de septiembre, donde el bando nacionalista obliga a retirarse al republicano; y en esa fecha ya estaba publicada Muerte de un miliciano, el 21 de septiembre, en el número 447 de la revista ilustrada francesa Vú.
“Esto me lleva a respaldar mi hipótesis de que la imagen es una representación, como sucedió con las instantáneas tomadas por otros fotógrafos.”
En su opinión, Capa vive “la gloria de fotógrafo” muy joven, a los 22 años, con una gran proyección sobre su carrera en la guerra civil española, que es muy importante para él porque es la primera experiencia que tiene en la guerra.
“Sin embargo, resulta que se desarrolló todo un discurso del valor de los milicianos, de la heroicidad, del dramatismo del miliciano y de su muerte en medio del campo de batalla, un discurso muy emotivo, pero resulta que es mentira, se derrumba.”
En este sentido, el especialista sostiene que estudió entonces otras fotografías y grabaciones de película que consiguió, en las que descubrió “el caso de una pareja de milicianos que aparecen abrazándose y que en la fotografía de Capa parece una instantánea, pero en la película se descubre que están posando”.
Sobre la realización con una Rolleiflex y no con una Leica, dice:
“Eso a partir de analizar las dos versiones publicadas de la misma fotografía, la primera publicada en la revista Vú, en la misma que aparecen otras fotos de otro miliciano muerto, que tiene el mismo encuadre, el cual la da la Rolleiflex; aún más, yo digo que esas fotos están hechas con un trípode”, opina.
En la foto de Vú los encuadres están de lado izquierdo y al derecho están los mismos elementos:
“De análisis morfológicos que detallan su estructura icónica que, a su vez, se repite en muchos negativos encontrados en la Maleta Mexicana, se puede establecer una serie de elementos compositivos reiterativos que conforman el estilo de Robert Capa.”
Una segunda versión es la aparecida el 10 de julio de 1937 en la revista Life, cuya publicación fue en un formato cuadrado, entonces si se comparan la versión de la foto rectangular y la cuadrada, “mi pregunta es si en ambas versiones los detalles del lado inferior de la foto como del derecho son los mismos”, apunta.
“Si usted convierte una foto rectangular en una cuadrada, es a costa de sacrificar uno de los lados (izquierdo o derecho para conseguir que sea cuadrada), pero se perdería parte de la información, entonces la segunda versión es calcada, sólo que tiene más cielo.
“Mí teoría es que está hecho con un negativo cuadrado y la versión de Life es la versión original que vendieron los fotógrafos. Mientras que en la versión de la revista Vú no respetaron el negativo, le recortaron un poco el cielo porque era más cómodo para la paginación.
“Por eso el Centro Internacional de Fotografía no admite mi investigación, porque cuestiona su catálogo. Ya tienen asignadas las fotografías cuadradas a Gerda Taro, y si se parte de esa argumentación, el autor de Muerte del miliciano sería ella, no Capa.”
Dice que en la composición fotográfica de la famosa imagen, un tercio es tierra y el resto es cielo. Pero es en la parte inferior donde están los elementos visuales principales, como el miliciano y la tierra, el resto es el cielo:
“Mí teoría es que con ese gran margen de cielo, Robert Capa lo que estaba dando era una margen de corte a los editores y diseñadores gráficos, de manera que no afectaran el contenido visual central; para mí es un precedente de lo que fue la fundación de la agencia Magnum, que es el control de la imagen por parte del fotógrafo.”
Asimismo, sostiene que la foto del miliciano es “el prototipo del estilo de Capa”; al menos hay una tendencia en este primer trabajo y en sus últimas fotos, dice, como se advierte en Report on Israel, (de Irving Show y Capa publicado en 1950). En el libro Viaje a Rusia, de John Steinbeck, se subraya esta característica de que la composición se encuentra en el lado izquierdo.
Otra particularidad de Capa, dice, es que “tenía la tendencia a girar la Rolleiflex a la izquierda, para que la composición saliera con una diagonal pronunciada hacia la derecha, eso da la versión de que el miliciano corría cuesta abajo cuando le mataron; y en el cerro del Cuco hay inclinación pero no tan pronunciada”.
Incluso, señala que de las 30 fotos del primer viaje de Capa y Taro que la clasificación le asignó a ésta, 90% reúne las características del encuadre de aquel.
Recuerda que de una fotografía de una pareja de milicianos sonrientes, sentados en una terraza y con sus fusiles, hay dos versiones, una rectangular y una cuadrada, y para Richard Whelan esa es la “piedra Roseta” como la clave de que la primera es de Capa y la otra de Taro.
Recuerda que otra característica es la proximidad respecto del objetivo con los que tomaba sus fotografías, otorgando valor a su clásica frase de que “si tu foto no es suficientemente buena, es porque no te has acercado lo suficiente”.
Susperregui sostiene que gran parte de la catalogación de las fotografías de Capa descubiertas en La Maleta Mexicana es buena, y es una gran herramienta de estudio, porque se concentra el “material en crudo”, tanto negativos como pruebas de contacto. Sin embargo, dice que hay 10 carretes de película que se localizaron y que él piensa, por las razones arriba descritas, que son de Capa, aunque sobre el celuloide está escrito Gerda Taro.
Dice que aparte del marketing sobre la Maleta Mexicana, “tenemos miles de fotografías donde se puede hacer el análisis directo, es un trabajo tedioso, donde vas determinando las pautas que van definiendo el trabajo de cada uno y marcan las características propias de un fotógrafo en particular”.








