La Ibermemoria que está creando la Fonoteca Nacional es un espacio sonoro donde convergen operatividad técnica, alta tecnología, estética y sensibilidad.
José Antonio Alcaraz la podría haber descrito como “La Casa de la Memoria y el Sonido del Tiempo”, si se hubiera referido, en su época, a una instalación de valor incuestionable como la Fonoteca de Conaculta, dirigida por la doctora Lidia Camacho.
Una visita personal se convierte en experiencia en el tiempo y la oportunidad de observar operando a un organismo técnico especializado en el rescate y la preservación del patrimonio sonoro de la nación, que cuenta con una gama de espacios y servicios dirigidos al resguardo del invaluable legado auditivo del país y la creación de los compositores de todas las épocas.
El diseño conceptual se desarrolla en cuatro temas: Objetivos y Programas, Historia, Arquitectura, Espacios. Estos a su vez generan recintos físicos para operar: Edificio de Preservación, Audioteca y Sala de Lectura, Jardín Sonoro, Auditorio Murray Schafer, Galería René Villanueva, Salas de Capacitación Thomas Stanford y Henrietta Yurchenko, Estudios de Producción y Postproducción Carlos Chávez.
Contiene obras maestras y tesoros humanos, el personal que labora en la Fonoteca se aprecia altamente comprometido en la mística recuperación de archivos históricos y testimonio de compositores vivos cuya obra merece ser conservada.
El recorrido por las instalaciones es un viaje que da cuenta de la unión entre estética, operatividad técnica, alta tecnología y sensibilidad para tratar los delicados materiales que allí llegan, a veces como fruto de investigación, donación patrimonial o producto de un rescate hacia un acervo sonoro que de otra manera se perdería por su alta vulnerabilidad.
Identificar, catalogar y difundir es una de las tareas fundamentales; la Fonoteca Nacional ha proporcionado herramientas para preservar archivos sonoros en riesgo y ponerlos a disposición del público. En una visita a la Fonoteca por el indagador histórico, el investigador especializado o un melómano curioso, se encontrará sin duda el total o parte de lo que busca, porque los que allí laboran están en una continua labor de captura de datos. Aun el jardín interior cumple una tarea sonora envolvente para el turismo cultural o el visitante furtivo.
Tecnología de punta con estándares internacionales, aderezada con actividades artísticas y académicas de acceso gratuito, se conectan a un Programa de Red Virtual de Audiotecas que se extiende a los estados para compartir el patrimonio sonoro de Mexico.
El mapa sonoro de la nación conlleva la investigación y el rescate; uno de los más recientes es el acervo de composiciones del maestro Mario Kuri Aldana, pero también se nutre con colaboraciones ciudadanas que proporcionan grabaciones de ambientes auditivos rurales, urbanos, populares y académicos. La Ibermemoria convoca a varios países a interactuar en la salvaguarda de archivos audiovisuales y diseño de estrategias para compartir experiencias y herramientas metodológicas.
A mediados del siglo XX nacieron en Mexico lo primeros intentos de resguardo de archivos fotográficos y audiovisuales, como la Filmoteca de la UNAM (1964), la Cineteca Nacional (1974) y la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (1976), pero no se había integrado un espacio especializado que agrupara los esfuerzos.
El 27 de octubre de 1980 la UNESCO recomienda la salvaguarda del valor patrimonial de los archivos sonoros y visuales, pero fue hasta el 12 de agosto del 2004 que la Secretaria de la Función Pública concede –en calidad de comodato– a la Secretaria de Educación Publica, la Casa de Alvarado, para ser asignada a Conaculta como sede de la Fonoteca Nacional, siendo además la primera en su tipo en América Latina.
La entrada al recinto –ubicado en Francisco Sosa 383– es un edificio del siglo XVIII. Desde la entrada se percibe la carga histórica del inmueble, restaurada en su jardín con vegetación endémica original de Coyoacán por el arquitecto holandés Keess van Roij. De diciembre de 1997 a abril del 98 fue residencia del Nobel de Literatura, Octavio Paz, tras el incendio de su biblioteca en su departamento del Paseo de la Reforma.
El área de preservación tiene las tareas de diagnóstico, estabilización, intervención, catalogación y preservación. Manos enguantadas manipulan con extrema veneración los materiales discográficos, cintas originales, acetatos antiguos y todo tipo de registros sonoros para su digitalización.
En los dos primeros pisos se encuentran las bóvedas de transito, el laboratorio y la bóveda de fonoregistro que tiene una capacidad de resguardo de un millón 300 mil soportes con especificaciones técnicas internacionales para la preservación de documentos sonoros.
El tercer nivel cuenta con tres estaciones de digitalización que catalogan y registran 45 mil documentos sonoros por mes, y que suman hasta el día de hoy 47 mil horas del Patrimonio Sonoro de Mexico que está disponible para todo público en la Audioteca Central Octavio Paz o mediante la interfaz de la Red Virtual de Audiotecas.
El Jardín Sonoro, rodeado de arboles de más de medio siglo, es una experiencia que permite y ofrece al visitante la oportunidad de apreciar la música en la abstracción de la naturaleza y al aire libre.
El Auditorio de la Fonoteca Nacional rinde homenaje al introductor del concepto “Espacio Sonoro”, el canadiense Murray Schafer, y ha sido una área recurrente donde se organizan mesas redondas, conferencias y conciertos.
Asimismo, como un reconocimiento a la cultura popular, la Sala René Villanueva es una zona interdisciplinaria en la cual convergen las artes plásticas y la música en una galería interactiva.
Proyecto consolidado y vivo, el de la Fonoteca Nacional es el atisbo de una realidad necesaria y una aventura portentosa al interior de La Casa de la Memoria y el Sonido del Tiempo.








