El psiquiatra y psicoterapeuta Alberto Cuevas, acepta que la mala situación familiar afecta mucho la imagen de su hermano menor José Luis, considerado uno de los mejores artistas plásticos contemporáneos de México:
“En México no se pueden atacar a la Virgen de Guadalupe ni a la familia. ¿Qué imagen está presentando José Luis?: Un individuo que odia a su familia. Entonces el más perjudicado en esta situación es él. Habría que atenuar un poco este efecto, no presentarlo tan realista o brutalmente. Para mí es triste el ocaso de un gran artista, estamos en la vejez, en el fin de la vida.
“Si José Luis tuvo una participación quizá de las más relevantes en el movimiento cultural de México, no es justo que ahora sea detestado. He escuchado expresiones muy negativas contra él y los paro. Por un lado, les digo que es mi hermano, y por otro les subrayo que es un creador muy respetado. Sus asuntos familiares son otra cosa y no sabemos las razones.
“No es justo que un individuo caiga a un pozo cuando estuvo en las alturas.”
–El pintor dice que ya no lo quiere ver. Cómo reacciona usted, ¿como psiquiatra o hermano? ¿Le duele o lo analiza?
–Me duele por él. Uno de los sentimientos que me ha provocado este asunto es que me da lástima José Luis, que no debería ser así, porque antes tenía yo cariño y admiración, nunca había sentido lástima. En México no se tolera que se esté contra la familia y sobre todo contra los hijos, entonces, sí me molesta que la gente se está formando un juicio que no es justo porque José Luis no está muy bien mentalmente, tiene cierto grado de demencia senil, se ve, y eso no lo sabe interpretar la gente, pero es el resultado del envejecimiento cerebral, lo cual lleva no a justificar pero sí a entender ciertas conductas.
“Habría que buscar el punto de vista, no soy la persona indicada del aspecto psiquiátrico, yo no doy una valoración de quien no es mi paciente… porque todos estamos expuestos a un problema psiquiátrico, y sobre todo con la edad.”
Recuerda que estaba en Mérida, Yucatán, cuando su sobrina Ximena le habló por teléfono alarmada, porque su papá “estaba tirado en el baño”. El le recomendó llevarlo a Medica Sur, donde un amigo médico, Ladislao Olivares, lo vio:
“José Luis no sabía dónde estaba, no identificaba, no fijaba la mirada, no hablaba bien. Yo estaba preocupado. Todo el tiempo estuve dirigiendo la situación a distancia, pero corrieron al doctor Olivares, un gran médico, y me molesté porque yo lo recomendé.“
–La esposa de Cuevas, Beatriz del Carmen Bazán, señala que no mejoraba con ese doctor, por eso lo cambió…
–El procedimiento era adecuado, pero la recuperación iba a ser poco a poco. Sí me molesté.
Alberto se trasladó a la Ciudad de México y le ha llamado al artista, sin resultado:
“No lo he visto, no puedo, no me lo comunican. Ni mi hermana Guadalupe ha podido verlo y le han dicho las cosas más bajas, lo cual me indigna, pues ella es la persona más buena del mundo que se ha dedicado a ayudar y a la vida religiosa.”
Rememora que antes de que se casara con Bazán, visitaba al pintor cada domingo; después lo buscó menos, “sí lo vi algunas veces, pero ya no cada ocho días, eso se rompió”.
–¿Es verdad que sus hijas no lo vieron durante diez años?
–Ya no las vio. Antes era un padre bondadoso. Cuando vi por televisión que rechazó a Ximena en una conferencia de prensa, observé que el cambio es tremendo. Ahora es un padre hosco y hostil. Ximena se acercó a besarlo, es así, no es hipócrita. He visto ese distanciamiento con toda la familia, incluidos su yerno, nietos, a todos los ha rechazado.
–Su relación con Bazán, ¿cómo era?
–Era buena. Fueron a mi casa en Mérida. Beatriz me tomaba un poco como confidente, me contó cosas privadas (que no pudo revelar), lo cual se lo agradezco. No pienso que sea una mala mujer, es una persona que tiene problemas, como todos los seres humanos, pero desgraciadamente esos problemas están redundando sobre la buena relación y la armonía de una familia. La familia Cuevas se ha desorganizado, cuando era muy unida.
–¿Estos problemas de Bazán están afectando a la familia Cuevas?
–Es una opinión general, porque no puedo opinar médicamente de quien no es mi paciente, pero si fuera un problema de orden psiquiátrico, es muy curioso, porque es un problema psiquiátrico que le beneficia a ella y a su familia previa, y perjudica a todos los que se apellidan Cuevas. Además, la forma de opinar de que mis sobrinas Mariana, Ximena y María José están detrás del dinero, es una incongruencia porque viven de su trabajo, no les interesa el dinero, son extraordinarias.
De las cenizas de la primera esposa del artista, Bertha Riestra, que ya no están en el Museo José Luis Cuevas, dice no saber mucho, pero considera que sería justo que estuvieran ahí, como símbolo de quien luchó mucho por ese espacio cultural.








