Sugerente porque no se basa en la representación sino en la exploración ontológica de la pictoricidad, la propuesta creativa de Pablo Rulfo (México, 1955) se caracteriza por una misteriosa y sensual visualidad en la que destacan los vocabularios abstractos.
Convencido de que la pintura se inicia en la identidad de los materiales que la conforman, Rulfo ha desarrollado un concepto que se basa en la relación entre la técnica y el gesto. Una técnica que se fusiona con el artista a través de la preparación ritual de la tela y los colores para lograr tonos y texturas personales, que se diferencian de la uniformidad de los bastidores comprados y óleos entubados. Desde su perspectiva, la muerte de la pintura no radica en la indiferencia de los promotores, sino en la homogeneidad de la resonancia visual de los soportes y colores industriales.
Sumamente reflexivo sobre el acto pictórico, Rulfo considera que el origen creativo se encuentra en la coincidencia entre el sentir y el pensar. Para el artista las palabras son superfluas y su intención se concentra en la posibilidad de dar cauce a la intuición. Una intuición que no es una simple característica sensible; por el contrario, es el resultado de la exploración sobre aspectos esenciales de la vida. Esta fusión entre la conciencia personal y el acto creativo se concretiza en la comprensión de la técnica como un proceso de vida de la pintura. Para Rulfo, cada tonalidad, mancha o accidente constituyen la personalidad de las imágenes y, por lo mismo, su propuesta se inicia en la identidad independiente de cada uno de los elementos que han quedado en la imagen como “las arrugas de un rostro”.
Ausente desde el año 2000 de los escenarios museísticos capitalinos, Pablo Rulfo exhibe 23 obras de reciente creación en la exposición P.I.N.T.U.R.A que se presenta en la Galería Metropolitana de la Universidad Autónoma Metropolitana. Integrada con piezas en las que resaltan las atmósferas abstractas que, con las texturas de temples y óleos se superponen en veladuras, rasgaduras y grafismos, la selección hace referencia a conductas y entornos esenciales de la existencia humana y natural.
Divididas en dos series, las pinturas que corresponden al Principio del origen mantienen las referencias figurativas, de iconografía mitológica grecolatina, de sus creaciones anteriores. Trabajadas en sutiles formas dibujísticas que al mismo tiempo emergen y se diluyen en los escenarios pictóricos, las evocaciones al ser femenino, al dominio de la lucha o al titubeo del pecado se develan como exploraciones para los espléndidos paneles de vocabularios abstractos de la serie Luna Mar.
Realizadas en amplios formatos que permiten hurgar en la sensualidad de las texturas, las obras de esta última serie confirman el interés de Rulfo por crear “emociones pictóricas”.
Con un concepto curatorial centrado en la exploración de la pintura, la muestra integra también 11 obras de Yolanda Mora quien, a través de manchas y campos cromáticos protagónicos, fusiona su dualidad dibujística y pictórica.








