Luisa Josefina Hernández, aniversario 85

Ochenta y cinco años de vida que está a punto de cumplir, y más de 50 de escritura de la maestra Luisa Josefina Hernández, nos abren la curiosidad para conocer su casa literaria y recorrer un sinfin de  pasillos  y habitaciones llenas de obras de teatro y novelas que hacen de su espacio un mundo habitado por personajes riquísimos, cada uno con su drama (pequeño o complejo), pero que, tratados con su inteligencia, los dota siempre de profundidad.

La presencia de Luisa Josefina Hernández en la historia del teatro mexicano ha sido significativa, tanto por su afán transgresor en el tiempo en que escribió sus obras como por los géneros, el estilo y las estructuras que utiliza en ellas. En la dramaturgia, Luisa Josefina Hernández transitó por el realismo, el teatro didáctico, la novela mística o provinciana y el teatro del absurdo y grotowskiano.

Ella rompe, junto con otras dramaturgas de su tiempo, como Elena Garro, Maruxa Vilalta y Margarita Urueta, con la tradición teatral donde las mujeres se dedicaban a escribir temas domésticos e intimistas, reproduciendo los papeles “típicos” de su sexo, e incursionan en temáticas tanto del ámbito público como del privado, anteponiendo una visión crítica y liberadora hacia los roles estereotipados. El punto de vista femenino de las autoras no se queda en lo inmediato, sino que indagan tanto en el interior de la persona como en el ámbito que la circunda.

Los personajes femeninos de Luisa Josefina salen en busca de su identidad, actúan, se rebelan frente a cualquier imposición y son amadas por más de un hombre. Los finales pueden traer la infelicidad, el encierro, el equívoco y la soledad, pero siempre la protagonista interviene en su destino. En Afuera llueve, por ejemplo, la protagonista está por huir con su amado, pero fracasan en su intento; o en Harpas blancas…conejos dorados –dirigida por Héctor Mendoza en 1959–, Jacinta vive intensamente una relación amorosa prohibida, pero tiene que renunciar a ella.

Aguardiente de caña, la primera obra con la que Luisa Josefina Hernández se dio a conocer en 1951, tuvo gran impacto en la Facultad de Teatro de la UNAM. Seki Sano fue uno de los espectadores y tal fue su entusiasmo que le pidió escribir una obra para dirigirla él. Así surgió Los sordomudos, en la cual la autora plantea el resquebrajamiento del poder patriarcal dentro de una familia; se estrenó en 1953 en la Sala Chopin, dirigida por él.

La dramaturgia de Luisa Josefina Hernández pone en práctica los planteamientos teóricos de género y estilo del maestro Rodolfo Usigli y desarrolla sus personales indagaciones. El género de la pieza lo defendió, ya que respondía perfectamente a la implementación del realismo que cultivó en la mayoría de sus obras. Su inclinación ha sido principalmente hacia el costumbrismo, como puede observarse en Los frutos caídos, una de sus obras más representativas, estrenada en 1957 bajo la dirección también de Seki Sano. Igualmente en las obras cortas que escribió para sus alumnos, como La calle de la gran ocasión o Historia de un anillo, que han sido escenificadas infinidad de veces tanto profesional como escolarmente. Entre sus obras más experimentales se encuentra La danza del urogallo múltiple, dirigida por Héctor Mendoza en 1971, donde sigue los planteamientos grotowskianos.

Luisa Josefina Hernández es un ejemplo significativo de una mujer que ha dedicado su vida a escribir sin importarle el reconocimiento o el futuro de sus trabajos. Su valor radica en lo prolífico y riguroso de su trabajo y en lo que sus alumnos, lectores y espectadores han podido conocer y aprender acerca de todas las riquezas que esta mujer generosamente nos ha regalado.