“Creación en Movimiento” 2010-2011

Distribuida en la planta baja y el primer piso de la Biblioteca Vasconcelos en la Ciudad de México, la muestra Creación en Movimiento, de la generación 2010-2011 de los becarios del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), es un excelente ejemplo de las contradicciones y la falta de rumbo que caracterizan la gestión gubernamental de la cultura.

Emplazadas en un recinto de vocación educativa, las aproximadamente 359 obras de distintas disciplinas de las artes visuales carecen de una estrategia de comunicación eficiente que permita ubicar su sentido y posible valor artístico. Información indispensable que intentara avalar absurdos, como el apilamiento de cartones de huevo dentro de una caja de plástico que Mónica Martínez presenta como escultura. Una pieza que no justifica los 8 mil 500 pesos mensuales que recibió la becaria durante un año.

Sin embargo, en el caso de los jóvenes el problema no se concentra sólo en la responsabilidad del gasto y del beneficio público, sino en la falta de oportunidades para insertarse en una actividad profesional. ¿De qué sirve apoyar la producción si los artistas no tienen espacios adecuados para exponer ni públicos que los admiren ni un mercado que los consuma? En la exposición de la Biblioteca Vasconcelos las obras que se encuentran en las salas de lectura del primer piso pasan casi inadvertidas.

Abundante en la creación fotográfica y pictórica, mediocre en la aportación escultórica y sin sorpresas en los medios tecnológicos, la muestra evidencia la crisis de un sistema artístico educativo que ha descuidado el desarrollo de la creatividad y la problematización de disciplinas, lenguajes y técnicas. Aun así, con una notoria escasez de vocabularios abstractos y un aburrido énfasis en el dramatismo de la figuración corporal realista, en el conjunto pictórico sobresale, además del interesante relieve de poéticas geométricas y sutil materialidad de Éric Valencia, el género del paisaje. Interpretado como metáfora del derrumbe y renacimiento de las ideas en las deconstrucciones de Alejandra Álvarez, o con un evocador romanticismo low-brow que permite la irrupción de violentos fenómenos naturales en el entorno urbano a través de la propuesta de Diego Narváez Herrasti, la invención de entornos ficticios destaca por la atractiva resolución de atmósferas cromáticas.

En el territorio de la obra en papel llaman la atención dos propuestas: la instalación lumínica con sobres y recortes de periódico de Valeria Caballero y la expansión conceptual-dibujística de Gustavo Villegas. Interesado en explorar la relación entre la cultura automotriz y el individuo contemporáneo, Villegas presenta el retrato de dos personas a partir de un papel y un vehículo que los identifica. Regalado por el retratado, el papel –periódico, envolturas, bolsas– se convierte en el soporte de la representación dibujística de su vehículo, aparentemente chocado pero sin mácula en su imagen o máscara.

Necesarias como apoyo para los jóvenes, las becas mencionadas requieren una reestructura que abarque su utilidad, función social y reducción del rango de edad. Dirigido actualmente a creadores de 18 a 34 años, el programa no cuenta con identidad específica ni con indicadores de evaluación. ¿Qué se trata de solucionar: carencias formativas, posicionamiento legitimatorio, apoyo económico o sustitución de ofertas de trabajo y comercialización?