CANCÚN, Q. Roo., (proceso.com.mx).- Al fin libre, Christian Vicente Córdova, acusado injustamente de estar relacionado con un robo y asesinato, no quiere saber nada del suéter rojo que lo llevó a la cárcel.
Entrevistado en la sala de su domicilio en la región 221, acompañado de su padre, Marcos Vicente, su hermano menor y su abogado, declara: “Mis amigos bromean, que lo enmarque, pero no quiero saber del suéter”.
Reflexiona que si bien ahora es famoso y se le conoce como “el joven del suéter rojo”, esta prenda le trae pésimos recuerdos.
“Soy conocido como el de la chamarra roja, pero me generó un trago amargo, por ella salí de sicario (en los medios)”, comenta el joven, quien estuvo preso dos meses y 18 días.
La mañana del 30 de marzo, accidentalmente el joven llegó a las cercanías del spa “Diosas”, ubicado en la Región 92, donde cuatro sujetos asaltaron el prostíbulo y mataron al administrador del negocio, Juan Luis Robera Rodríguez, de 33 años de edad.
“Iba a abordar un taxi, pero desafortunadamente pasó un camión y lo tomé, me llevó a otro rumbo y decidí caminar y cuando pase por ahí, llegando a la (avenida José López) Portillo fue que me detuvieron unos policías”.
Cuando los agentes lo trasladaron a la sede de la Secretaria Municipal de Seguridad Pública y Tránsito le informaron que era sospechoso de participar en los crímenes. “Porque tienes suéter rojo, me dijeron”, recuerda.
Aclara que no fue “careado” en ese momento con la sexoservidora que señaló que entre los asaltantes estaba un joven de suéter rojo.
“Los policías me la tomaron (la foto), se la enseñaron y me señaló”, lamenta.
El estudiante de gastronomía de la Universidad Tecnológica de Cancún (UTC) refiere que uno de los episodios más desagradables fue cuando permaneció en los separos de la Policía Judicial del estado, en espera a ser consignado o liberado.
“Es un momento desagradable, la verdad, cuando yo caí había como 36 detenidos, una celdita así y todo ahí. Ahora sí que al que se duerme le hacen maldades. No dormí”.
Fue aún más terrible cuando le notificaron que sería consignado al Juzgado en turno y sería traslado a la cárcel estatal de Cancún “Ahí lloré. Aquí es otro rollo. Me imaginé cosas feas. Aquí voy a sufrir”.
No obstante, refiere que cayó en una “buena celda”, en la que estuvo con otros ocho presos, quienes creyeron en su inocencia y lo apoyaron.
Menciona que sus compañeros de celda, entre los que estaba un sujeto acusado de violación, otro de fraude, y otro de daños, elaboraban hamacas que les ayuda a vender “afuera”, mientras que, por su parte, él preparaba “gorditas” y ellos le ayudaban con su venta.
Sin embargo, la realidad es que enfrentó un proceso judicial confuso, y con pocas posibilidades de salir libre: “Lo vi muy a largo, muy tenso, Cuando me mostraron el expediente. Dije aquí me quedé. Ya me culparon. Mi carrera se acabó”.
En su momento, el Procurador Gaspar Armando García Torres no ofreció ningún elemento a su favor cuando fue detenido.
-¿Por qué no te defendiste?
“Pues te tienen ahí. Ahí están los judiciales. Te están haciendo mil preguntas, te cuestionan. Dices esto y te insisten por qué esto, por qué lo otro. Y dicen: fue así. Tampoco me puse a pensar en lo que concluyó la Procuraduría”.
El suéter rojo está en una bodega de la Procuraduría, junto con su teléfono celular y su cartera.
Y tras esta experiencia, recomienda: “A lo mejor no soy el único inocente que está en la cárcel, así como hay culpables, hay inocentes. Me gustaría que los procesos sean más cortos y más agiles”.












