Famas efímeras

Para la mayoría de los boxeadores las famas son efímeras pero las derrotas son eternas. Eso lo saben infinidad de jóvenes que incursionan en el pugilismo como amateurs de la mano de entrenadores y promotores inexpertos, quienes primero los encumbran en el encordado, en las marquesinas e incluso en las pantallas de televisión. Los hacen debutar como profesionales, pero luego, tras embolsarse la mayor parte del dinero, simplemente los olvidan.

 

Sólo tiene 23 años pero Bernardo Benny Gómez ya es un cartucho quemado. El boxeo le ha enseñado que la derrota cobra facturas de inmediato; y así como un día puede estar en la cúspide y aparecer en las pantallas de Televisa o TV Azteca para que el auditorio lo observe pelear en vivo; cuando pierde nadie le hace caso, ni siquiera su promotor.

La efímera carrera de Benny Gómez como pugilista profesional se resume en su derrota experimentada de hace un año, que además de quitarle lo invicto, le cerró las puertas. Ahora sabe que los golpes no sólo se reciben en el ring sino también abajo del encordado.

Como amateur, Benny recorrió un largo camino en el boxeo, sin cerrar un ciclo olímpico. Inició sus entrenamientos en el Consejo Municipal del Deporte de Zapopan a los 13 años bajo la tutela de Manuel Moreno. Su potencial lo llevó a convertirse en seleccionado de Jalisco, incluso representó al estado en seis Olimpiadas Nacionales y en cinco fue medallista.

No obstante, nunca fue seleccionado nacional, pues, según él, fue marginado por el “favoritismo” de los entrenadores nacionales. En el proceso de preparación rumbo a los Juegos Panamericanos 2011, celebrados en Guadalajara, todo cambió, asegura.

Las circunstancias lo favorecían: su récord y su oriundez jalisciense, pero la impaciencia le ganó y en 2010, a los 20 años, debutó como boxeador profesionales en la categoría gallo.

Cuenta que el Consejo Estatal para el Fomento Deportivo y Apoyo a la Juventud (Code) apoyaba mucho a los atletas locales porque “querían que representáramos a México en los Panamericanos. Yo tenía un largo recorrido como amateur, aunque me estaba interesando más lo profesional; incluso ya tenía un promotor detrás de mí presionándome desde dos o tres años antes.

“Al principio mi entrenador de entonces, Rafael Guzmán, nos dijo que nos esperáramos un tiempo. En 2010 nos dijo: ‘Como ustedes quieran, si quieren continuar en amateur o debutar en el profesional… Los veo en perfectas condiciones para hacerlo. Fue así como di el paso”, relata Benny.

El primer año tuvo diez encuentros; en todos se impuso, lo que le ganó la difusión en televisión nacional; le llovían los apoyos, recuerda: “En ese primer año quedé invicto, incluso me casé y tuve un hijo. Y como creía no estar maduro para asumir esa responsabilidad así dejé de entrenar, quería estar con la familia.

“Dejé de meterle las mismas ganas y perdí una pelea; volví a pelear, pero yo ya no vi el mismo apoyo de la empresa que me promovía. Por una pelea que perdí se deslindaron de mí. Sólo mi entrenador Rafael Guzmán y mi familia estuvieron conmigo.”

En ese tiempo, quería comerse el mundo de un solo mordisco, pero vino la primera derrota y su estrella se opacó: “Me cayó un balde de agua fría; incluso me deprimí. Yo ya no quería entrenar tanto. Volví a hacer otra pelea, volví a ganar, pero yo ya no me sentía igual. Se vinieron esos problemas de cero apoyo de parte de la promotora”.

Hoy, Benny Gómez reconoce su error: “Si me hubiera esperado a los Panamericanos a lo mejor sería otra cosa, porque tendría una experiencia internacional en mi currículum. Yo sentía que tenía una carrera amateur, pues hice más de 100 peleas como amateur.

“Muchos piensan que el amateur no sirve de nada, que los encuentros son con protección, pero es la base del boxeo. Ahí te enseñan toda la técnica: te quitan todos los defectos; sacas mucha velocidad; te enseñan a tener mucho control sobre tu cuerpo y una disciplina porque ahí tienes que estar siempre en tu peso”.

“Todos quieren llegar”

 

Con el regreso de las trasmisiones sabatinas de boxeo en la televisión abierta, cada vez hay más jóvenes dedicados a este deporte, aunque muchas veces sus entrenadores son improvisados y suelen ser víctimas de promotores sin escrúpulos que siempre están al acecho en busca de ganancias.

Ellos son los que organizan las peleas clandestinas y muchas veces termina por controlar a los jóvenes que tienen madera, hasta que revientan sus carreras, advierte Gerardo Marrón Rodríguez, director técnico de la Asociación de Boxeo de Aficionados del Estado de Jalisco (ABAJ).

“Lo que ha ocasionado este boom del boxeo en la televisión es la improvisación. Yo he tenido gente a la que le doy clases y en tres meses se van a poner su gimnasio, pero son fracasos totales.

“Hay mucha gente que con saber tirar los golpes fundamentales que son rectos, ganchos y cruzados, creen que ya saben todo. Pero no, el boxeo es mucho más que eso”, comenta el entrenador.

En las colonias populares proliferan los gimnasios; muchos de los chicos se acercan a ellos con la ilusión de ganarse un nombre en el ring, no falta quien aspire a ser el sucesor de Saúl Canelo Álvarez, el consentido de Televisa. A decir de Marrón, son atraídos por el éxito de ese pugilista “indisciplinado, pero con una gran estrella”.

Lo cierto, dice, es que “gracias a ellos tenemos trabajo nosotros. Debo admitir que la televisión y esos ídolos nos han servido mucho para tener más boxeadores amateur; lo malo es que los debuten (de manera prematura).

“Ellos creen que un buen muchachito que está tirando golpes, ya puede ser profesional, pero no… Para hacerlo, primero deben ser campeones nacionales; después, seleccionados nacionales, y cumplir un ciclo olímpico, pero pocos tienen paciencia.

“Los promotores, ¿cómo los debutan?: agarran a un entrenador, le sueltan un dinerito y le sacan un boxeador. Pero tener uno bueno es muy difícil. El Canelo es un garbanzo de a libra; muchos creen que tienen a un Canelo, por eso los debutan sin un proceso”, comenta el entrenador de la ABAJ.

Y pone los ejemplos de Benny Gómez, Mario Yeyo Muñoz, Alejandro Rodríguez Soma, quienes, dice, “debutaron de manera apresurada”: “Sólo hicieron 12 peleítas, pero no dieron lo que se esperaba de ellos; incluso pudieron haber estado en los Juegos Olímpicos pasados (Londres 2012), pero no fue así”.

Y así como el boxeo comenzó a tomar auge gracias a la televisión, la irresponsabilidad de los entrenadores y promotores ha hecho que en Jalisco hayan muerto tres boxeadores en el último lustro: el vallartense Marco Nazaret El Texano; Omar Jesús Chávez Oceguera El Ruso, oriundo del municipio de Magdalena, y Francisco Javier Guadalupe Padilla Sánchez, de Ocotlán.

El Texano falleció tras el encuentro con Omar Chávez, hijo de Julio César Chávez, el 18 de julio de 2009 porque sufrió un derrame cerebral a causa de la paliza recibida. En la arena donde peleó no hubo ninguna ambulancia que lo trasladara a un hospital para atenderlo. Tenía 23 años.

Los otros dos decesos ocurrieron en combates clandestinos. Uno, el 29 de noviembre de 2008, en la ranchería La Quemada, municipio de Magdalena donde El Ruso, un peleador de muay thai (boxeo tailandés), sufrió una contusión difusa de cráneo cuando se enfrentó al pugilista profesional Camilo Arellano; mientras que Padilla Sánchez murió el 10 de diciembre de 2011, tras cuatro meses de estar en coma por los golpes que recibió en un combate organizado en El Grullo.

Según Marrón Rodríguez, “se han pactado peleas con muchachos que no han aprendido todavía a boxear. El mismo Omar Chávez peleó (el 19 de mayo de 2007 en el auditorio Benito Juárez) con un muchacho (Enrique Fernández) que tenía 15 días entrenando. Su entrenador era Nicolás Grajeda y por subir al cuadrilátero la Comisión de Boxeo de Zapopan castigó a ese chavo cinco años.

“Además, los jóvenes pelean en divisiones que no les corresponden; peor todavía, por 12 mil pesos se dejan caer. Algo similar pasó con El Texano”, dice,

Eduardo Damián González, el entrenador de la escuela de boxeo de Tonalá, señala que los jóvenes incluso boxean a nivel profesional por una mínima cantidad y boletos de la función, que tienen que vender para completar su sueldo.

Así sucedió con Benny Gómez cuando debutó como profesional con la Promotora HG Boxing. “Siempre así fue, el promotor Héctor García nos decía que ya no lo iba hacer, pero nos mandaba los boletos con otra gente y nos decía: ‘¡Ahí están! Los tienen que vender’.

“Al principio decíamos: ‘¡Toda la gente nos quiere ver!; se van rápido’. ¡Qué bueno!, pero uno debe estar concentrado en la pelea. Se lo hicimos saber al promotor. Le dije: ‘¡Yo me estoy preparando para una pelea, no para ser taquillero’.

“El entrenador se lleva un porcentaje en dinero y otra aparte de la paga era en boletos”, refiere el púgil de 23 años.

El entrenador Eduardo González indica que aún cuando los promotores ofrecen poco, los boxeadores aceptan la oferta con la ilusión de recibir en el futuro contratos millonarios.

Y subraya: “Los muchachos se dejan llevar. El promotor Héctor García se acerca a los eventos amateur y los muchachos, como La Güerita (Irma) Sánchez, comienzan a fantasear. Y aun cuando nosotros platicamos con ellos y tratamos de darles consejos, de explicarles cuál es la línea a seguir para después de que terminen su proceso como amateurs”.

Manuel Morones –propietario de un gimnasio de fisicoconstructivismo y fitness ubicado en Miravalle, una colonia con altos índices de delincuencia– incursionó en el boxeo en 2007. Abrió ese espacio, dice, para interesar a los jóvenes en el pugilismo y darles alternativas de vida.

Admite que, gracias a la transmisión sabatina de los encuentros boxísticos en la televisión, su gimnasio se llenó de chicos ansiosos por hacer una carrera. Sin embargo, lamenta que los entrenadores no tengan paciencia por construir cimientos sólidos entre los interesados y prepararlos durante el tiempo que sea necesario como amateur.

“Nosotros teníamos un entrenador que insistía en adelantar el proceso de algunos chavos. Seguimos pensando que con un óptimo desempeño, cualquier atleta debe tener un buen resultado en un campeonato nacional.  Pero esa persona nos respondió: ‘Lo que necesito es dinero’. Y se fue con los chavos a otro lado.”

De acuerdo con los registros de la Asociación de Boxeo de Aficionados de Jalisco, el año pasado había 28 gimnasios afiliados. En 2013 se abrieron otros siete en Lagos de Moreno y Tepatitlán. Además, según el entrenador Marrón Rodríguez, de la ABAJ, se han detectado 18 más sin afiliarse. “Estos quieren hacer su propio atole”, dice el entrenador.