Los juzgados, un infierno… para sus empleados

Los juzgados municipales de Guadalajara rebosan de malos olores, de condiciones de trabajo insalubres y deprimentes, pero sobre todo de autoritarismo, señalan empleados inconformes. Para demostrarlo, grabaron en video sus instalaciones. Sin embargo, su jefe Enrique Velázquez Aguilar se dice comprensivo con los trabajadores, respetuoso con sus derechos e ignorante de las malas condiciones de trabajo…

Quienes trabajan en los juzgados municipales de Guadalajara padecen condiciones infrahumanas, no sólo por el desaseo, falta de agua y los consecuentes fétidos olores, sino porque están expuestos a la inseguridad, ya que algunos de los propios detenidos los llegan a robar cuando salen del edificio.

Custodios, analistas y doctores, principalmente, se quejan de que carecen de lugares adecuados para comer y reposar, pese a que trabajan 24 horas corridas y descansan 72.

En videos proporcionados a este semanario por los trabajadores denunciantes se aprecia su lugar de descanso: un trozo de tablarroca. Los más afortunados lo hacen sobre un catre plegable que ellos mismos compraron.

Los videos fueron grabados de noche por personal de los juzgados de la Zona 6, ubicada en Pablo Valdez, colonia Hermosa Provincia; la Zona 7, en la avenida Cruz del Sur 2572, colonia Jardines de la Cruz; y Zona Centro, en la Calzada Independencia 840.

El testimonio visual de la Zona 6 muestra que junto a una ventanilla por donde se asoman los detenidos hay un trozo de tablarroca. Es la “cama”, que con frecuencia está ocupada y, si alguien tiene un breve descanso, se recuesta en el suelo. Pueden descansar en los vestidores, pero en el video se ve inhóspito, con las paredes sucias, y lockers con las láminas dobladas.

El pequeño cuarto donde se da atención médica a los detenidos también luce deprimente. Y el baño, que está en esa misma habitación, emite olores insoportables que se combinan con los que provienen de las celdas, a unos pasos de ahí.

Según su observa en el video correspondiente, entre la primera y la segunda celda del lado izquierdo gotea una tubería, bajo la cual se colocó un bote de plástico para almacenar el agua. Un detenido dice que aparte de  la pestilencia de los orines tienen que soportar las cucarachas. Uno de sus compañeros dicen que “es parte del castigo” y los demás detenidos se ríen. A la hora de dormir, compartirán una cama de cemento.

Según los empleados, los olores a caño se incrementaron desde que se descompuso la bomba de agua y tienen que acarrearla para echarle al baño. Y la situación empeora cuando hace calor.

También las mujeres se quejan de la suciedad del baño y temen adquirir infecciones, pero añaden que ahí les han robado sus bolsos y, ante la falta de vigilancia de la Policía Municipal en los juzgados, han tenido que esconderse tras la cancel cuando algún usuario las agrede.

Dicen ellas que los policías llevan a los detenidos, pero el resto del tiempo los juzgados permanecen solos. Recuerdan que antes había vigilancia, pero fue retirada y han ocurrido situaciones peligrosas como esta: a mediados de mayo unos agentes presentaron a un sujeto que trabaja en el bar Barrabás y que fue agredido por varios tipos, cuando llegó un vehículo desde el cual varios hombres gritaron que ellos aplicaban su ley; al escuchar que se acercaban patrullas, dispararon cuatro veces.

La cocineta de los juzgados municipales de la calle Gaza sólo tiene un refrigerador, un horno, un escritorio que se usa como mesa de comedor y una silla destartalada. Y el área del comedor, de aproximadamente tres por dos metros, también se usa como área de descanso.

Asimismo relatan que cuando un familiar se enferma, los jefes les niegan los días económicos con el pretexto de que deben avisar con una quincena de anticipación, como si las emergencias se programaran.

Otra queja de los empleados se refiere a la disparidad de los sueldos. Por ejemplo, dicen, los analistas ganan entre 8 mil y 25 mil pesos al mes aunque realizan las mismas funciones, por lo que piden una homologación.

Similares condiciones padecen los trabajadores de los Juzgados Municipales de la Zona 7, en la avenida Cruz del Sur. En cuanto cruzan los escritorios de los analistas se comienzan a percibir los olores fétidos. Primero dijeron que el baño no tenía chapa y tienen que avisar cuando lo ocupan. En el video se observa, en efecto, que la puerta del baño que está después del ingreso principal no tiene cerradura. Pero uno de los inconformes aclara que hace días se colocó una, que ellos pagaron.

En otro video se observa que en un pasillo hacia las celdas están alineados junto a la pared al menos seis catres, que igualmente tuvo que pagar el personal.

El comedor es el espacio donde se recuestan para aguantar la guardia de 24 horas. Es una habitación pequeña, sin ventilación, con una mesita, horno de microondas, refrigerador y dispensador de agua purificada.

Al salir del comedor, a la derecha está una fila de lockers maltratados. Y rumbo a las celdas se encuentra el consultorio médico, cuya puerta fue rota a patadas por un policía. Aunque se quitó la pieza dañada y en su lugar se colocó la del baño, hace ya un año que no se reemplaza por una adecuada. En la vitrina hay escasos medicamentos.

Al respecto, el personal dice que por la constante falta de medicinas algunos médicos las compran con sus propios recursos. Tienen que hacerlo como precaución, porque una vez un detenido se puso mal en las celdas y no había nada para suministrarle; los familiares se quejaron y el médico fue castigado.

Hasta los médicos eventuales de esos  juzgados se quejan por el retraso en sus pagos. Uno de ellos comenta que “lo normal era que se tardaran hasta tres meses en pagarnos, pero ahora se demoran hasta seis meses”.

A su vez, los custodios muestran que no están armados, por lo que en caso de un motín o de resistencia por parte de los detenidos, ellos solamente cuentan con sus puños. Piden que les proporcionen al menos un tolete o gas lacrimógeno. Eso sí, al concluir su guardia de 24 horas su coordinador suele ordenarles que “presten apoyo”, y si preguntan por el pago de horas extra, el funcionario subraya que les pidió “apoyo”, no trabajo adicional.

Además, indican que el director de Juzgados Municipales, Carlos Delgadillo González, obliga al personal a acudir a los sábados comunitarios con una advertencia para los que no pueden ir: “Nos vemos a la vuelta”. A los empleados de Cruz del Sur les llevaron también cubetas para que pintaran la fachada de los juzgados, con el consentimiento del secretario de Justicia municipal, Enrique Velázquez Aguilar.

“Creí que eran voluntarios”

 

En entrevista, este funcionario admite que en las instalaciones existen malos olores, pero apunta que han disminuido, sobre todo en los de la calzada Independencia.

Indica que desde marzo se ha dado mantenimiento a las instalaciones “con ayuda voluntaria” de los trabajadores. “Después de pintar la fachada, el coordinador, Edgardo Santiago, les invitó las tortas y refrescos. Hicimos dos sábados comunitarios en la Zona 6 y la Zona 7. Participaron jueces, secretarios, defensores de oficio y analistas, quienes limpiaron vidrios y demás”, afirma.

E indica que los empleados que no pudieron asistir a esos trabajos debieron presentar su inconformidad ante él, que siempre tiene “la puerta abierta”. Refirió que él mismo fue testigo de que acudieron al sábado comunitario dos jueces, tres analistas y dos secretarios. “Creí que iban voluntariamente”, comenta.

En cuanto a la inseguridad que perciben los empleados de los juzgados, responde: “Ignoraba que hubiera habido detonaciones, porque todos los hechos relevantes que ocurren en los juzgados me los enteran. Tendría que precisarme el día para saber de qué se trató, porque me preocupa la seguridad de mis compañeros”.

Velázquez Aguilar añade que de todas formas solicitó apoyo a la Secretaría de Seguridad Ciudadana, “pero me queda claro que el personal está para resguardar a la ciudadanía y no los edificios, pero voy a insistir en que se refuerce la vigilancia partiendo de ese antecedente”.

En lo que respecta a la seguridad para los custodios, dice que se les impartió un curso de actualización para que estén mejor preparados y aprendan técnicas de sometimiento para “manejar al presunto infractor”. Aclara que a fin de evitar excesos de violencia o abusos de autoridad, no pueden echar mano de toletes ni de gas lacrimógeno.

El secretario de Justicia municipal se compromete a tener instalaciones dignas y califica como falacia la acusación de que no se les autorizan días económicos a los empleados, que según las condiciones de trabajo deben solicitar con dos días de antelación y no 15, como señalaron los inconformes.

“Respeto los derechos de los sindicalizados. Si me presentan el día de hoy un permiso de día económico para mañana, lo otorgo aunque no estuviera dentro del rango de los días que los deben solicitar”, apunta.

No obstante, agrega: “Lo que no le comentaron es que juntan días económicos con fines de semana y luego me piden vacaciones. Es un claro abuso del día económico (…) Soy muy cuidadoso, y asumo la total responsabilidad cuando alguien me quiere sorprender con un día económico y juntarlo con otro periodo”.

Por eso dice haber presentado una denuncia penal cuando detectó dos incapacidades falsas, una por 28 días y otra por 21 días de la misma persona. “Falsificaron firmas, y afectaron al IMSS”, señala.