“La médium”

Estrenada profesionalmente el 18 de febrero de 1947 en el Hecksher Theater de Nueva York (aunque había tenido una función previa el año anterior en la Universidad de Columbia, que fue la que la encargó al compositor), La médium es una ópera corta del compositor ítalo-estadunidense Gian Carlo Menotti.

Aunque el tema pareciera no poder dar para mucho, Menotti se las arregla para hablarnos de más de una cosa interesante y poner en evidencia que, más que el poder de los convocantes, sean charlatanes o no, lo que permite la existencia de los médiums, brujos, sacerdotes y demás es la necesidad de algunas personas de creer en algo, en este caso de creer que real, auténticamente pueden comunicarse con los muertos.

De manera clara pero comedida, buscando no herir sentimientos, el compositor, que también escribió el libreto, le dice esto al público en una escena esencial de la ópera cuando madame Flora, la médium, confiesa abiertamente a sus clientes que nunca ha existido ninguna comunicación con sus familiares idos, que todo ha sido un fraude preparado por ella y sus ayudantes e incluso les devuelve el dinero que le han pagado. No obstante lo cual esos crédulos se convierten aquí en incrédulos y se niegan a aceptar la verdad, aferrándose a lo que quieren creer.

Para efectos sociales que en algunos momentos de la historia han llegado a lo aberrante, esta denuncia de Menotti, de creer únicamente en lo que quiero y no en lo que la realidad me demuestra, es verdaderamente importante.

En otro momento de la ópera, igualmente sin explicitarlo, el autor se refiere a la Europa de la posguerra y a una de sus trágicas consecuencias, los millones de niños huérfanos y desamparados que a la deriva subsistían.

Estas y otras aristas hacen, pues, que la trama de La médium sea mucho más interesante que la sola narración de una embaucadora más y sus supercherías.

Ópera de cámara, La médium fue presentada, en tres funciones gratuitas, el fin de semana recién pasado en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, por iniciativa de Christian Gohmer, director del Tempus Fugit Ensamble, quien junto con su equipo y bajo la sombrilla del programa México en Escena se agenció la complicidad de las escuelas profesionales de teatro (carrera de escenografía) y música (canto), y un par de cantantes ya reconocidos con los cuales integró el solvente elenco.

Es importante recalcar esta conjunción porque fue ella la que permitió el disponer de un teatro con toda la barba, como es el del CNA, y el que las funciones fueran gratuitas.

Con buena economía de medios, que incluso y de acuerdo con las circunstancias pueden reducirse, las representaciones de esta ópera demuestran una vez más, y van “n”, que para hacer un montaje operístico no necesariamente se tienen que gastar millones.

A más de lo anterior, el teatro, lleno durante las tres funciones, volvió a demostrar que no es cierto que la ópera sea sólo para “iniciados”, ya que mucha gente que acudió por primera vez a este tipo de espectáculo, jóvenes principalmente, salió muy satisfecha y apuntándose para la próxima.

Creo que mucho valdría la pena que los promotores de La médium se plantearan la posibilidad de realizar una o más temporadas en escenarios diferentes y hasta informales, como plazas públicas y parques.