Sicosis británica

El Reino Unido afronta una amenaza interna a raíz de los atentados que sufre desde hace varios años. El más reciente ocurrió el mes pasado y en él murió un soldado. Grupos islámicos identificados con organizaciones afines a Al Qaeda se oponen a la política exterior británica que mantiene su participación militar en Irak y Afganistán, y desde esa perspectiva justifican sus actos dirigidos a “castigar” el intervencionismo de las potencias occidentales, en este caso Gran Bretaña.

 

LONDRES.- Lee Rigby, soldado inglés de 25 años perteneciente al Regimiento de Fusileros Reales, fue asesinado la tarde del pasado 22 de mayo en Woolwich, suburbio de esta capital, por dos musulmanes británicos que justificaron su ataque con el argumento de que las tropas de Inglaterra han cometido atrocidades en Irak y Afganistán.

Ese día Rigby estaba franco y caminaba por la avenida Wellington cuando fue arrollado por un vehículo Vauxhall azul en el que viajaban los dos atacantes, quienes luego lo degollaron a machetazos y cuchilladas. El acto fue planeado cuidadosamente por los dos agresores, Michael Olumide Adebolajo, de 28 años, y Michael Oluwatobi Adebowale, de 22, ambos ciudadanos británicos de origen nigeriano que se convirtieron al Islam en 2001, tras los ataques a las Torres Gemelas.

Los asesinos arrastraron el cuerpo inerte de Rigby por la calle y esperaron un cuarto de hora a que llegara la policía, con la que se tirotearon. En el enfrentamiento cayeron heridos.

Una veintena de transeúntes, comerciantes y vecinos presenciaron el episodio ocurrido exactamente a las 14:20. Tomaron fotografías y videos con sus celulares.

El fusilero era oriundo de Manchester. Sirvió con el ejército británico en Chipre, Alemania y Afganistán y también fue voluntario en la Torre de Londres. Su asesinato ocurrió a sólo 300 metros de la base de la Artillería Real, donde estaba destacamentado. La tarde de su muerte vestía una camiseta con la leyenda Help for Heroes, nombre de un organismo benéfico que trabaja con soldados heridos en batalla. Por esta prenda los agresores supieron que era militar.

Poco después del ataque dos mujeres se acercaron al cuerpo de Rigby en un intento por protegerlo de más cuchilladas. Ingrid Loyau-Kennett, una girl scout de Cornualles, fue calificada como “un ángel” por la prensa británica, por su valentía y coraje al desafiar desarmada a los dos atacantes.­

La joven de 19 años enfrentó a Michael Adebolajo y le pidió que entregara su machete, pero él se negó. Un transeúnte con la cámara de su teléfono lo grabó mientras trataba de justificar su acción:

“La única razón por la que hemos matado a este hombre hoy es porque musulmanes están muriendo a diario a manos de soldados británicos y este soldado británico es uno de ellos. Es ojo por ojo, diente por diente. Juramos por Alá que nunca dejaremos de luchar hasta que ustedes nos dejen en paz.

“¿Cuál es el problema si queremos vivir con la sharia (ley islámica) en las tierras musulmanas? ¿Por qué significa esto que nos deben seguir, perseguir, llamarnos extremistas y matarnos? Ustedes son los extremistas. Cuando lanzan bombas creen que atacan a una sola persona, pero en realidad suele ser toda una familia. Esta es la realidad. Por Alá, si viera a tu madre hoy con un carrito de bebé la ayudaría a subir las escaleras. Esa en mi naturaleza. Pero nos vemos forzados por el Corán a luchar contra ellos como ellos luchan contra nosotros”, agregó.

Incluso se disculpó “porque hubo mujeres que tuvieron que ver esto hoy, pero en nuestra tierra nuestras mujeres tienen que ver lo mismo. Su gente nunca estará segura. Saquen a sus gobiernos. A ellos no les importan ustedes. ¿Creen que David Cameron va a salir a la calle cuando nosotros comencemos a disparar nuestras armas? ¿Creen que los políticos van comenzar a morir? No, va a ser el hombre común, como ustedes y sus hijos. Así que desháganse de ellos. Díganles que retiren las tropas para que podamos vivir en paz. Dejen nuestras tierras y podrán vivir en paz. Eso es todo lo que tengo para decir. Que la paz y las bendiciones estén con Mahoma”.

Mientras hablaba pidió a varios transeúntes que llamaran a la policía, la cual llegó en 15 minutos. Los agentes de Scotland­ Yard dispararon ocho balas que hirieron a los atacantes. La zona, que suele ser transitada a diario por familias, estudiantes y vecinos, se convirtió en un esce­nario de guerra.

En el lugar se encontraron un revólver, cuchillos y un machete. El auto que manejaban los atacantes se estrelló contra un poste de luz, cerca de donde quedó el cuerpo de Rigby. Calles enteras fueron cerradas, como también escuelas y comercios aledaños.

 

Negligencia

 

Durante los días siguientes al ataque el gobierno de Gran Bretaña calificó el incidente como un atentado terrorista –el primero en suelo británico desde el del 7 de julio de 2005 en el que 54 personas perdieron la vida (incluidos los cuatro atacantes suicidas)–, de inmediato elevó la seguridad en todas las bases militares del país y desplegó unos mil 200 soldados en las calles de Londres.

La policía inició una investigación y arrestó a 10 personas relacionadas con la muerte de Lee. Todos ellos resultaron sospechosos de conspirar para cometer asesinato. Pocas horas después del ataque comenzaron a salir a la luz más datos acerca de los dos agresores.

Michael Olumide Adebolajo, de una familia cristiana procedente de Nigeria, nació en 1985 en el barrio marginal londinense de Lambeth. Fue un alumno brillante y estudió sociología en la Universidad de Greenwich. Se convirtió al Islam tras ver por televisión los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Desde entonces frecuentó varias mezquitas de Londres con clérigos radicales, entre ellas la del extremista Anjem Choudary, quien supuestamente lo incitó a “luchar la jihad contra Occidente”.

Su historial de activismo incluía protestas frente a la embajada de Estados Unidos en Londres y marchas contra el despliegue de tropas británicas en Oriente Medio; varias veces fue arrestado.

Durante una entrevista en el programa Newsnight, de la BBC, que se transmitió el pasado 25 de mayo, el mismo Choudary dijo que Adebolajo mantenía vínculos con el grupo islámico Al-Muhajiroun.

En 2010 fue arrestado en Kenia junto a otras cinco personas. Boniface Mwaniki, entonces jefe de la unidad antiterrorista en ese país, concluyó que Adebolajo planeaba entrenarse con el grupo Al-Shabab, vinculado con Al-Qaeda, para atacar blancos occidentales.

Pero Adebolajo recibió asistencia consular de la cancillería y fue entregado a las autoridades británicas en Kenia y luego fue deportado. En el momento de su arresto, Adebolajo utilizaba el nombre de Michael Olemendis Ndemolajo.

Abu Nusaybah, amigo cercano de Adebolajo, confirmó a Newsnight que los servicios secretos británicos invitaron al joven para que se sumara a sus filas a fin de infiltrarse en grupos terroristas. El joven rechazó la oferta.

Según Nusaybah, Adebolajo le dijo que sufrió torturas y abuso sexual por las tropas kenianas después de su arresto. La policía detuvo a Nusaybah en los estudios de la BBC porque supuestamente conocía el plan de ataque contra el soldado británico.

El otro agresor de Woolwich, Michael Oluwatobi Adebowale, nació en Nigeria en 1991 y también estudió en la Universidad de Greenwich. Su madre pertenece al servicio de Libertad Condicional del Reino Unido y su padre forma parte del Alto Comisionado de Nigeria en Londres.

Además de las detenciones en varios puntos de Inglaterra, Scotland Yard allanó seis viviendas, incluidas cuatro casas en Greenwich, en la capital británica; una en Romford, al este de la ciudad y otra al norte, en el pueblo de Saxilby. Se espera que las pesquisas descubran una red de extremistas islámicos conectados con los dos agresores.

El presidente del Comité de Seguridad e Inteligencia, Malcolm Rifkind, fue uno de los primeros políticos británicos en involucrarse en las investigaciones del caso. Confirmó que se utilizarán nuevos poderes para acceder a documentos de Inteligencia, y determinar si el MI5 y el MI6 conocían las actividades de Adebolajo y Adebowale.

La causa, que cobró importancia nacional, también recibió la colaboración directa de Andrew Parker, jefe del MI5, cuestionado tras conocerse que su organismo quiso enrolar a Adebolajo en los servicios de espionaje.

Tanto el Ministerio de Defensa en Londres como Scotland Yard abrieron investigaciones independientes en torno al degüello de Rigby. Por su parte el primer ministro Cameron encabezó varias reuniones de emergencia en su residencia de la calle Downing, donde se trató de establecer si el ataque había sido un hecho aislado o parte de un complot más amplio vinculado con Al-Qaeda.

 

Repetición

 

En el momento del ataque Cameron estaba en París. El alcalde de Londres, Boris Johnson, el ministro de Defensa, Philip Hammond, y la jefa del Ministerio del Interior, Theresa May, temieron que pudiera repetirse un hecho como los atentados del 7 de julio de 2005, cuando cuatro atacantes suicidas detonaron sus mochilas cargadas de explosivos en tres vagones del metro londinense y un autobús de la ciudad, lo cual ocasionó la muerte de 52 personas y heridas a más de 700.

Esos fueron los actos de terrorismo más sangrientos en el Reino Unido desde la muerte de 270 personas en el atentado de Lockerbie (Escocia) en 1988, y los más mortíferos en Londres desde la Segunda Guerra Mundial.

Horas después del asesinato, Simon Letchford, comandante de la Policía Metropolitana, emitió un comunicado para tranquilizar a la población: “Puedo entender que este hecho cause preocupación entre la gente y quiero reiterar que estamos investigando lo que pasó. Pido a la población mantener la calma y evitar especulaciones innecesarias”, subrayó.

Desde el momento del ataque la comunidad musulmana en el Reino Unido fue blanco de agresiones a individuos y mezquitas. Julie Siddiqi, de la Sociedad Islámica de Gran Bretaña, expresó su temor de que la muerte del soldado sirva como pretexto para crear divisiones étnicas y comunitarias.

Grupos xenófobos y racistas aprovecharon el hecho para ventilar su odio contra los musulmanes. El jefe del ultranacionalista Partido Nacional Británico, Nick Griffin, publicó en Twitter un mensaje en que responsabiliza a la “inmigración masiva” por el ataque en Woolwich.

La Liga por la Defensa Inglesa logró movilizar a más de mil personas que el 26 de mayo marcharon por la calle Downing gritando consignas antiislámicas. Esta agrupación también organizó una marcha cerca de la estación del Metro de Wool­wich y promovió el ataque a mezquitas en los condados ingleses de Essex y Kent.

Fiyaz Mughal, vocero del sitio de ayuda telefónica Faith Matters, reportó que desde el momento del ataque se incrementaron los ataques antimusulmanes: Abusos verbales y físicos y pintas a mezquitas y escuelas musulmanas del país.

En un comunicado conjunto Shaykh Ibrahim Mogra y el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, ambos miembros del Foro Musulmán-Cristiano, indicaron que el ataque “no tiene base alguna en el Islam”, mientras que el jefe de la Fundación Ramadán, Mohammed Shafiq, condenó el asesinato “en los términos más enérgicos”.

Cameron dijo ante la prensa que los responsables del ataque “tratan de dividirnos”. Y agregó: “Deberían saber que algo así sólo nos unirá y nos hará más fuertes”.

Antes de reunirse con representantes de grupos religiosos musulmanes, sikhs y cristianos el primer ministro subrayó: “Lo que ocurrió nos ha asqueado a todos”. Según él no sólo fue un ataque a Gran Bretaña y a la forma de vida de los británicos “sino una traición al Islam y a las comunidades musulmanes que tanto hacen por este país. No hay nada en el Islam que justifique este acto verdaderamente horrible. Este país está absolutamente resuelto en su posición de luchar contra el extremismo violento y el terrorismo. Nunca nos doblegaremos ante el terrorismo en cualquiera de sus formas”, expuso.

El clérigo Anjem Choudary se negó a condenar el ataque y dijo que el que tiene que ser condenado “es el gobierno británico y sus políticas en materia de política exterior”.

En esa misma línea Asghar Bukhari, del Comité de Asuntos Públicos de Musulmanes en el Reino Unido, sostuvo que tanto el gobierno británico como la comunidad musulmana siguen equivocándose acerca de cómo lidiar con el extremismo. Criticó a la coalición que encabeza Cameron por seguir participando militarmente en las guerras de Irak y Afganistán, al tiempo de “negar por completo que esto tiene algo que ver con la situación política en torno al mundo musulmán”. Asimismo criticó a las organizaciones musulmanas británicas al considerar “que no enseñan a los jóvenes enojados cómo lograr un cambio democrático a esta política exterior que arruina tantas vidas”.