La muerte anda suelta

Las denuncias sobre asaltos, robos, secuestros y violaciones en Zapopan no tienen la respuesta adecuada de la autoridad. Fuera de la zona conurbada, especialmente en la franja norponiente del municipio, se reporta un alarmante incremento de esos delitos sin que la policía se atreva a incursionar precisamente en las comunidades más peligrosas.

La franja norponiente de Zapopan se ha convertido en una zona intransitable para las autoridades y de terror para los ciudadanos por los frecuentes asesinatos y ataques armados, revelan a Proceso Jalisco agentes de la Policía Montada del municipio.

Añaden que hace poco uno de sus compañeros fue asesinado en la zona, si bien los medios de comunicación no lo difundieron.

La zona de peligro abarca desde el Periférico norte hasta el rumbo de la carretera a Colotlán, pasa por el Bosque del Centinela y las inmediaciones del exclusivo fraccionamiento Las Cañadas, e incluye el área de El Diente,  donde el pasado 11 de mayo fueron atacadas a machetazos 22 personas, entre ellas tres menores, que acampaban junto a unos peñascos.

En esa franja montañosa hay por lo menos una decena de delegaciones, como San Esteban, Copala, San Francisco Ixcatán, San Lorenzo, Milpillas, ExHacienda del Lazo, Copalita y Valle de Guadalupe. Vecinos de éstas afirman que ahí opera impunemente un comando armado, pero la autoridad minimiza las denuncias.

Afirman que han visto camionetas de lujo que recorren las localidades a toda prisa y a deshoras. Las tripulan desconocidos. “Aquí nos conocemos todos, pues son ranchitos pequeños”, comenta un hombre de espeso bigote, quien se dice acostumbrado a encontrar esos vehículos. Los mira de reojo y vuelve a sus actividades cotidianas.

Sin embargo, el lunes pasado en la delegación de Copalita el tema de conversación fue el descubrimiento, esa mañana, de un joven muerto en la comunidad de San Esteban. Pero no superó el revuelo de aquel día en que un hombre que iba a ser decapitado en una casa de la colonia Agua Blanca logró escaparse.

Rancherías con caminos estrechos y polvorientos, sin alumbrado y con una endeble señal de telefonía celular, se han convertido en lugares propicios para el crimen. Un joven comenta que “la gente es muy brava” y en las fiestas locales nunca falta alguien que vaya armado. “Aquí a los policías les da miedo venir”, dice un hombre que hace trabajos domésticos de casa en casa.

La verdad es que no se ven por aquí agentes de ninguna corporación. Cuando el sol está por ocultarse, cerca de las ocho de la noche, aparece una patrulla de la Fiscalía General del Estado; en la parte trasera, dos uniformados con los rostros cubiertos exhiben armas largas.

Una señora afirma que el vehículo se dirige a la casa del comisario de Seguridad Pública de Jalisco, Alejandro Solorio Aréchiga, por el rumbo de Copalita. Comenta que ahí suelen estacionarse varias patrullas, pero que a los vecinos eso no les da confianza.

Un par de policías montados de Zapopan, que horas antes se presentaron en El Diente y otras comunidades, se van de ahí, no sin antes reconocer que la seguridad en la zona ha empeorado.

Uno de ellos dice que a principios de este año se les aplicaron exámenes de control de confianza, que califica de injustos y arbitrarios, a causa de los cuales fueron despedidos valiosos agentes que custodiaban la zona. Afirma que nunca les comprobaron que tuvieran nexos con el crimen organizado, pero aun así los recortaron de la nómina.

Y si bien reconocen que hace falta vigilancia, señala que una de las razones es que el ayuntamiento los comisiona en colonias como Las Fuentes y Bugambilias, en el sur del área conurbada. Comentan que a la gente de estas comunidades adoquinadas o empedradas le agrada que patrullen a caballo.

Antes de la agresión a los campistas el 4 de mayo, en las inmediaciones del fraccionamiento Lomas del Centinela una pareja fue privada de su libertad por varios desconocidos que salieron del bosque y los llevaron entre los árboles para agredirlos sexualmente.

Los vecinos se percataron y casi de inmediato reportaron el incidente a la policía de Zapopan. La corporación les respondió que no tenía suficiente personal para entrar en la peligrosa zona.

Cerca de ahí, a las siete de la mañana del 26 de abril de 2012, fue secuestrada Itzel Rodríguez cuando se dirigía a la Preparatoria 10 de la Universidad de Guadalajara, donde cursaba el octavo semestre. Casi una semana después, su cadáver fue localizado en una zanja a la altura del kilómetro 15 de la carretera Guadalajara-Colotlán.

El 12 de abril pasado, casi un año después de ese crimen, el promotor cultural Alejandro Gómez, que acostumbraba pasear en bicicleta por el bosque de El Centinela, fue atacado a balazos por un desconocido. En una de las últimas notas de su diario decía que ser “feliz significaba vivir sin miedo”, y así lo vio salir su esposa Yadenira López aquella mañana.

La viuda señala que Gómez vivía para promover la lectura entre niños y madres, ya fuera en festivales escolares o en ferias, porque estaba convencido de que la promoción de la lectura era fundamental para combatir la violencia, la ignorancia y la pobreza.

La señora relata que aquel día Alejandro fue a ejercitarse con su bicicleta en un parque y ahí se encontró con un hombre que caminaba tambaleándose, como si estuviera borracho o drogado. Según los testigos, el tipo sacó un arma y, aunque se le trabó dos veces, al tercer intento la disparó contra Alejandro Gómez.

El asesino huyó. “No hay vigilancia ni hay guardabosques; quien acudió al llamado de emergencia fue otro ciclista que andaba por ahí y apoyó a mi esposo en sus últimos instantes”, narra Yadenira López.

La viuda dice que, ante la falta de vigilancia, en ese lugar se han cometido otros delitos. Menciona como ejemplo que varios sujetos obligaron a un grupo de mujeres a internarse en el bosque, donde las ultrajaron. A un joven lo secuestraron por 24 horas hace varios meses… Y pese a que se denunciaron estos hechos, dice la afectada, las autoridades no han implantado medidas para proteger a los ciudadanos.

Los amigos ciclistas de Alejandro Gómez se manifestaron frente al ayuntamiento de Zapopan en un acto que denominaron “Ciclistas por la Paz”, en el cual exigieron a las autoridades mayor seguridad.

Rebasado por el crimen

 

El martes 14, tres días después de que se conociera públicamente la agresión a campistas en El Diente, el coordinador de los regidores del Movimiento Ciudadano en Zapopan, Augusto Valencia López, expuso que la administración municipal que encabeza el priista Héctor Robles Peiro ha sido rebasada por la inseguridad.

También presentó un video en el que se muestran al menos a 30 patrullas de la Dirección de Seguridad Pública abandonadas en un predio de la carretera a Colotlán. En opinión del regidor del Movimiento Ciudadano, la violencia desatada en el municipio exige que esos vehículos circulen por las calles y no permanezcan arrumbados.

Recordó que en junio de 2010 el gobierno del también priista Héctor Vielma adquirió 200 patrullas a un costo de 85 millones de pesos y un año después adquirió un centenar más bajo la figura de arrendamiento.

“La pregunta es –planteó Valencia López– si los recursos públicos para la seguridad se van a convertir en depósitos de próxima chatarra, pues algo está mal; no está funcionando en el gobierno municipal un tema tan sensible”.

Por su parte, Robles Peiro trató de minimizar el ataque a las 22 personas que acampaban en El Diente y ante los medios de comunicación reiteró que él sólo tiene el reporte de tres o cuatro personas agredidas, una de ellas hospitalizada durante varios días.

Ya la Fiscalía General del estado había anunciado el martes 14 la captura de los agresores, identificados como Alejandro Sierra Orozco, de 22 años, y Francisco Rubén Macías Ascencio, de 25, detenidos en las faldas del cerro de San Isidro y en el poblado de San Esteban.

Admitieron que atacaron al grupo de campistas bajo el influjo del alcohol y la droga, y que usaron un machete y un garrote para someter a sus víctimas, a quienes les robaron teléfonos celulares y dinero. Sierra Orozco también reconoció su participación en otros cinco asaltos armados e incluso que provocó la muerte de un taxista.

Poco más de una semana después de presumir que la Policía Municipal detiene a macanazos a un promedio de 70 “jóvenes pandilleros” cada noche, el  martes 21 Robles Peiro ratificó por la mañana su apoyo al director de Seguridad Pública, David Mora, y al mediodía citó a conferencia de prensa para dar a conocer su destitución y el nombramiento de Carlos Baltazar en el cargo.

Esto motivó que el miércoles 22 el regidor panista José Antonio de la Torre Bravo lo criticara: “Se le salió de control el tema de Seguridad Pública”.