Epidemia de cesáreas

El avance del modo de vida urbano, la necesidad del sistema de salud pública de atender a más personas con los mismos recursos y los beneficios económicos que las cirugías les dejan a los médicos, estimularon la aplicación de cesáreas en el país, y particularmente en Jalisco, durante la última década. Médicos ginecobstetras y parteras advierten que la “epidemia de cesáreas” ha fomentado la propensión a enfermedades infecciosas, a la diabetes y a la obesidad, y tendencia creciente a las conductas violentas… Incluso el especialista francés Michel Odent se pregunta: “¿Cuál es el futuro de la humanidad que nace por cesárea?”

El nacimiento se ha convertido en una oportunidad de negocio, ya sea en los centros de salud del sector público o del privado, sobre todo cuando el bebé nace por cesárea. En consecuencia, México ocupa el primer lugar internacional, con 42.4% de los partos por esa vía,  y Jalisco es el primer lugar del país.

Las cosas empiezan mal desde la Norma Oficial Mexicana (NOM) para la Atención del Parto, que permite hasta 20% de alumbramientos por esa modalidad quirúrgica en hospitales de tercer nivel, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) estipula un límite de 15%. En México la norma de la OMS se aplica sólo en los hospitales de segundo nivel.

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud estatal, de 2010 a 2012 se atendieron 134 mil 548 partos naturales y 66 mil 521 cesáreas.

Sin embargo, la Delegación Jalisco del Instituto Mexicano del Seguro Social reporta que en ese mismo periodo atendió 58 mil 822 partos naturales y practicó 65 mil 724 cesáreas, con lo que se supera enormemente el límite marcado en las normas mexicana e internacional.

María de Jesús Durán, pediatra del Hospital Esperanza López Mateos, lamenta que la cesárea sea la constante, en especial en el sector salud, ya que desde su punto de vista esta cirugía se practica por “miedo de incurrir en una negligencia, pues si no se atiende de manera oportuna el parto se puede incurrir en una responsabilidad legal”.

Recuerda que con la entrada del Seguro Popular en el hospital Esperanza López Mateos se incrementó entre 30% y 40% la demanda de atención de parturientas, pero no se contrata a más personal desde hace seis años.

“Nos saturamos de trabajo. El perfil de la mujer que atendemos no acude a recibir una atención prenatal, no tienen acceso a la información ni a la educación por las condiciones de pobreza que se viven en el país; entonces llegan aquí en una situación crítica. Aparte tienen influencias culturales y de los medios de comunicación que las mal informan e incluso ellas llegan a pedir la cesárea, y advierten que si no se las hacen acudirán a derechos humanos.”

Por lo tanto, dice la entrevistada, “los trabajadores de la salud estamos muy presionados social e institucionalmente. Los ginecobstetras llegan a situaciones de miedo. Por ejemplo, si el parto se complicara con la disminución de líquido amniótico, aunque el bebé no muestre indicios de sufrimiento fetal, muchas veces el médico a nivel institucional llega a optar por la cesárea. Es por la situación de estrés, al querer evitar un escenario de índole legal”.

–¿Pero también existen factores económicos?

–Las cesáreas se dan más en el ámbito de la medicina privada. Prácticamente las mujeres están siendo obligadas a sentirse incapaces de parir, son inducidas a pensar que la cesárea es mejor. ¿Pero para quién? Para los médicos. A ellos les resulta más fácil. Si se están complicando las cosas o si se está retrasando el parto, llegan a la cesárea. No es lo adecuado. A nivel privado definitivamente (la preferencia por la cesárea) sí es de índole económico.

Para mejorar las condiciones en que trabajan los médicos del sector salud, la doctora Durán propone aplicar oficialmente el parto humanizado (que ayuda a la futura mamá a descubrir su fuerza real para llevar a cabo el proceso, de preferencia en su hogar), incrementar el presupuesto para contratar más personal y que los programas de salud pública no sean sexenales.

Además, sostiene que se debe de crear un sistema de prevención, ya que durante los sexenios panistas “la atención se enfocó en un modelo curativo; el Seguro Popular dejó atrás los programas de educación para la salud. Por ejemplo, en la década de los noventa participé en Salud Reproductiva; ahí se promovía la cartilla materno-infantil, se incluía el control prenatal y se invitaba a las madres a que acudieran por lo menos a seis consultas prenatales para que tuvieran un porcentaje de gratuidad en la atención de su parto”.

Sin embargo, “una vez que entró el Seguro Popular se hizo esto a un lado. Felipe Calderón impulsó que todas las madres tuvieran acceso al parto de manera gratuita, lo que es excelente, pero no se les hace partícipes de este proceso educativo (…) y fue difícil revertir las cifras de complicaciones maternas”.

Un médico que trabaja en el sector salud, quien pidió que no se publicara su nombre, confirma que con el Seguro Popular algunos de sus colegas comenzaron a hacer negocio al firmar convenios con hospitales privados: “Se dio la orden de que se derivaran las parturientas al hospital Puerta de Hierro Sur. Decían que había que beneficiar al hospital, que estaba en quiebra”.

Ese hospital, situado en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, y el Puerta de Hierro Zapopan, pertenecen al acaudalado abogado, político y empresario Ramiro Acosta Castillo, quien presidió el Consejo Electoral del Estado desde fines de la década de los setenta hasta muy entrados los ochenta.

A finales de esta década, Acosta compró varias líneas de autobuses foráneos y de acuerdo con las autoridades estatales de la época –Enrique Álvarez del Castillo era gobernador— se apropió, junto con otros autotransportistas del país, de un terreno de casi 200 hectáreas al oriente de Guadalajara, donde  construyeron la Nueva Central Camionera. Desde entonces Acosta Castillo se convirtió también en inversor inmobiliario.

El futuro, comprometido

 

El médico francés Michel Odent, entrevistado en su reciente visita a Guadalajara, comentó a este semanario que el aumento de las cesáreas se debe a “la falta de entendimiento de la fisiología del parto”.

El obstetra, uno de los principales defensores mundiales del parto natural y autor de varios libros sobre el tema, indica que las cesáreas son necesarias cuando “la placenta está abajo, o el bebé está transversal o cuando las pompas o los pies están primero. Muchas veces es mejor nacer vía cesárea, cuando el parto no marcha bien, porque si no se corre el riesgo de tener muchas horas de suero de oxitocina artificial, el uso de fórceps o el riesgo de sufrir una cesárea de último minuto (…) pero en realidad la mayoría de las cesáreas se practican porque las mujeres no están en el entorno adecuado”.

Señala que en sus propias investigaciones concluyó que la mujer debe parir en “privacidad”, sin la intervención ajena y en un ambiente cálido y silencioso, ya que en el proceso de parto libera hormonas gratificantes como la oxitocina (también llamada la hormona del amor) y  endorfinas, y si no se producen se debe a la activación del neocórtex por una intervención externa, la del personal médico.

–¿Qué sucede si no se activan esas hormonas?

–No sé la respuesta. Es difícil para los investigadores detectar qué pasa de manera individual; se necesita hacer un estudio colectivo. (Por ahora) la pregunta importante es: ¿cuál es el futuro de la humanidad que nace por cesárea?

En sus publicaciones y conferencias Odent ha señalado que si a una mujer se le inyecta oxitocina artificial, el bebé puede presentar en su desarrollo conductas violentas o autodestructivas.

–¿Cuál es el efecto físico y emocional de separar al recién nacido de su mamá?

–No se puede detectar a nivel individual, se tienen que hacer estudios porque el ser humano es adaptable (…) Si tú interfieres con el nacimiento de otros mamíferos, por ejemplo una oveja, si le pones una epidural, puedes detectar el efecto de inmediato: la mamá rechaza a su cría. Es simple para otros mamíferos, pero es complejo para los humanos.

“Nosotros creamos culturas, en algunas situaciones el comportamiento humano está menos influido por el balance hormonal. Un ejemplo: cuando la mujer está embarazada, sabe que está esperando un bebé porque es un ser humano y puede anticipar su comportamiento maternal, cuando otros mamíferos no pueden, tienen que esperar hasta que la cría nace. Cuando fluye el coctel hormonal del amor están interesados en la cría. Eso no significa que no tengamos nada que aprender de otros mamíferos.”

Por su parte, el obstetra y secretario técnico del Comité Promotor por una Maternidad Segura en México, Francisco Javier Hernández Mora, plantea que una forma de disminuir la “epidemia de cesáreas” es promover la correcta aplicación de la NOM para la atención del parto, que contempla, entre otros aspectos, que las pacientes de bajo riesgo tengan un parto normal.

“La mayoría de los hospitales en el estado no cumplen la norma de favorecer un parto normal. (…) Sin embargo, también entra el factor de que hay mujeres que prefieren cesárea”, comenta. Por ese motivo, dice, el Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia recomienda que a las pacientes que soliciten cesárea “se les haga saber los riegos que corren, como son: el aumento de la posibilidad de muerte de cuatro a 10 veces, las probabilidades de que se requieran trasfusiones, se contraigan infecciones, hepatitis, VIH… que la recuperación es más lenta, que estará más tiempo incapacitada y tendrá menos tiempo para atender a su bebé”.

Hernández Mora comenta que, contra la creencia de que la cesárea es más segura para el bebé, “tiene cuatro veces más posibilidades de tener problemas respiratorios en ese momento. El Colegio Americano publicó que también aumenta el riesgo de que sea diabético, obeso, de que tenga más riesgos alérgicos. Esto sucede porque el bebé no pasó por el canal donde se llena de bacterias y adquiere defensas”.

También él reconoce el impacto del Seguro Popular: “Cuando en el sector salud no hay lugar para las parturientas, a ellas se las deriva a los hospitales privados y en éstos 70% u 80% de los partos se realizan por cesárea”.

Alternativa natural

 

Tonatiuh Guillermo Núñez López, médico ginecobstetra jubilado del IMSS y quien practica la atención de parto en agua, apunta que una de las causas del aumento de las cesáreas es “la urbanización del medio en que vivimos”.

Explica: “Las grandes ciudades están creciendo mucho y cada vez hay menos tiempo para la atención de las mujeres. A mediados del siglo pasado la atención recaía en el médico. Ahora éste, que vive en las grandes ciudades, no tiene tiempo para abocarse al parto y por eso está operando”.

En su opinión, el modelo de enseñanza en el rubro obstétrico debe cambiar porque “los muchachos salen con un título de médicos cirujanos y parteros, pero no son ni lo uno ni lo otro, no tienen los conocimientos para llevar un parto. Y a los médicos que logran hacer una especialidad nada más el primer año de la carrera les enseñan sobre partos, la obstetricia, y posteriormente se meten en unos planes de estudios que los alejan de algo tan natural como puede ser un parto”.

Las escuelas de medicina, como lugares de formación de especialistas, deben “tomar el parto y puerperio (cuarentena) como un proceso fisiológico natural de la mujer”, enfatiza.

En el mismo sentido, la psicóloga y partera María Cortés indica que “muchos médicos no saben atender un parto. Cuando yo hice mis prácticas, los residentes de ginecología sólo querían hacer cesáreas, y después, cuando tienen que atender un parto, no lo saben hacer”.

Ella estudió en una escuela de parteras durante tres años y para graduarse atendió 100 partos. Por su experiencia, considera que lo mejor es tener al bebé en casa, “aunque la filosofía de nosotras es que la mejor opción es que la mujer se sienta tranquila para que pueda fluir el parto”.

Una de las ventajas de dar a luz en el hogar es que “el bebé, al momento de nacer, se impregna de las bacterias con las que va a convivir los primeros años de su vida, hay menos riesgos de enfermedades y nace con cierta inmunidad porque son las mismas bacterias que tiene su mamá”.

Como desventaja, menciona el miedo y la mala información que se difunde sobre el parto natural en casa, pero esa modalidad es “igual de segura que un hospital cuando está planeada y hay alguien con estudios y experiencia que acompañe” a la mujer.

Con 200 partos naturales atendidos, Cortés sólo una vez necesitó trasladar a la paciente al hospital, ya que se le subió la presión.

A diferencia del parto en un hospital, en el parto humanizado el dolor de las contracciones se reduce  por medio de la aromaterapia o con agua caliente. Se aplica epidural (anestesia local) “en situaciones muy concretas, tampoco se trata que la paciente la pase mal; lo ideal es que sea totalmente natural”.

Otra característica de estos partos es que en cuanto el bebé sale del vientre se va a los brazos de su madre. Incluso, añade Cortés, “si el recién nacido tiene dificultad respiratoria no cortamos el cordón umbilical; checamos que tenga buen color, buen tono muscular, y se le hace la revisión de rutina al día siguiente”.

El resultado es alentador: “Hemos visto cómo los bebés reaccionan y se recuperan mucho más rápido cuando está en los brazos de su mamá, en comparación con aquellos que les cortan el cordón y se los llevan”.

Observa que el parto natural o en agua por ahora es una opción para el estrato económico medio alto, pues tiene un costo de alrededor de 30 mil pesos aunque se puede negociar el precio.

Nuño López, integrante del grupo Cihuatl, que promueve los partos en agua, dice que si una paciente no puede pagar “se le hace un estudio socioeconómico y se le hace un descuento que va desde el 25% hasta el 50%. Cobramos 18 mil 500 pesos, que incluyen los honorarios del obstetra, del pediatra y de la acompañante del parto profesional, conocida como dula. Nada más sería agregar el hospital; sugerimos que sea uno que cobre poco”.