Cuarenta días después de su muerte, Hugo Chávez está presente en las elecciones presidenciales que este domingo 14 se llevarán a cabo en Venezuela: su imagen fue utilizada por su “heredero”, Nicolás Maduro, para capitalizar el arrastre electoral del fallecido líder y amarrar el triunfo en las urnas que, hasta la semana pasada, le auguraban todos los sondeos. Sin embargo, analistas políticos advierten que una elevada abstención del chavismo podría favorecer al candidato opositor Henrique Capriles. Cualquiera que sea el resultado, el nuevo presidente dirigirá a un país con serios problemas económicos: caída de la producción, déficit comercial, desabasto de productos básicos, inflación galopante…
CARACAS.- La imagen y la voz de Hugo Chávez han estado más presentes en la campaña electoral de Nicolás Maduro que las del candidato mismo, y si las encuestas no se equivocan éste será electo el 14 de abril como presidente de Venezuela para el periodo 2013-2019.
La contienda política, sin embargo, se anuncia más reñida que en octubre de 2012, cuando Chávez se impuso a Henrique Capriles Radonski por una diferencia de 1.5 millones de votos.
Apenas en octubre de 2012 el mandatario logró una nueva reelección y después confesaría que participó en la campaña a pesar de que sus médicos le recomendaron que no lo hiciera, aunque finalmente no pudo tomar posesión para el nuevo periodo.
El candidato del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) terminó siendo Nicolás Maduro, vicepresidente desde octubre del año pasado y presidente encargado a partir de la muerte de Chávez. Maduro fue ungido por el propio mandatario como el heredero político en lo que constituyó la última aparición pública de Chávez.
El 8 de diciembre, en cadena nacional de radio y televisión, Chávez comentó que iría a Cuba para tratarse el cáncer y de paso le dio un espaldarazo a Maduro: “Si se presentara alguna circunstancia sobrevenida que a mí me inhabilite para continuar al frente de la presidencia de la república, bien sea para terminar los pocos días que quedan y sobre todo para asumir el nuevo período para el cual fui electo por la gran mayoría de ustedes, Nicolás Maduro no sólo debe concluir el período, sino que mi opinión firme, plena, irrevocable, absoluta y total es que en ese escenario, que obligaría a convocar a elecciones presidenciales como lo manda la Constitución, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la república. Yo se los pido de corazón”.
Esas fueron las últimas palabras que escuchó el pueblo venezolano del carismático líder y se convirtieron en el mensaje más repetido en la campaña; éste fue grabado en millones de llamadas a celulares. La mayoría de carteles oficiales muestran a Chávez diciendo “Maduro… se los pido de corazón”, alocución que ha sido repetida en cadenas de radio y televisión, así como en cada mitin del candidato chavista.
El otrora canciller de Venezuela, quien tenía muy poca experiencia electoral, se ha presentado en todo momento como “el hijo de Chávez” e intenta dejar en claro que su candidatura “es obra de él, de nuestro máximo líder”.
El analista político Piero Trepiccione, director del Centro Gumilla, dice a Proceso: “Esta campaña está marcada sustancialmente por la búsqueda de un alineamiento automático entre la conexión emocional de Chávez con sus seguidores y la herencia de relevo de Maduro. Se busca el deslizamiento del capital electoral de Chávez hacia Maduro”.
A su vez, la socióloga Maryclen Stelling comenta que la política en Venezuela, tanto para el gobierno como para la oposición, giró en torno a Chávez en los últimos 15 años. Añade: “Chávez ha estado presente en esta campaña porque además de ser el líder de su movimiento era el líder de la oposición y su muerte supone una orfandad para ambos grupos”.
En la última semana de campaña, según disposiciones del Consejo Nacional Electoral (CNE), no pueden difundirse resultados de encuestas en Venezuela. Las últimas que se conocieron le daban a Maduro una ventaja de entre 8 y 12 puntos.
De acuerdo con sondeos telefónicos realizados entre el 8 y 10 de abril por una empresa que proporcionó la información a Proceso y pidió el anonimato, la diferencia porcentual se ha acortado entre los candidatos Capriles y Maduro en una campaña corta y emotiva por parte de ambos.
“El factor clave estará en la abstención del chavismo”, indica Ángel Álvarez, exdirector del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela, y agrega que la diferencia estará en si Maduro logra convencer o no a la masa chavista de que efectivamente es el heredero de Chávez.
Afirma que un triunfo de Capriles sólo sería posible si se combina una alta abstención del chavismo y obtiene los mismos 6.5 millones de votos que alcanzó el 7 de octubre de 2012, cuando se enfrentó a Chávez.
Las elecciones presidenciales de octubre último tuvieron el nivel más bajo de abstención: alrededor de 20%. Prácticamente todos los analistas coinciden en que en esta ocasión habrá menos votantes en las urnas. Históricamente en Venezuela la abstención ha sido en promedio de 30%.
“Si llegara a ganar Capriles –comenta Trepiccione– sería porque no hubo endosamiento del liderazgo de Chávez y por el esfuerzo titánico del candidato de la Mesa de la Unidad Democrática (Capriles realizó 30 mítines, tres por día, en los 10 días oficiales de campaña). De ganar Maduro, ganaría Chávez porque a pesar de su trayectoria política no hay identificación personal con el candidato.”
Stelling dice que si gana Maduro “será porque heredó el capital político de Chávez y va a llevar adelante su plan de gobierno: profundizar el socialismo del siglo XXI. En el escenario de que gane Capriles, será por razones ajenas a él; por ejemplo, que Maduro no cale en el llamado chavismo light y se sume a Capriles o se abstenga”.
Ningún analista en Venezuela cree que Maduro pueda ganar la presidencia por méritos propios en este contexto sociopolítico, así que las elecciones en verdad ocurren bajo la sombra de Chávez.
La otra herencia
La economía es el gran desafío que tendrá el próximo presidente. Analistas estiman que un triunfo de Capriles le daría un mayor margen de maniobra para llevar adelante medidas impopulares. Señalan que si Maduro gana le resultará muy difícil explicar las políticas de ajuste económico que deberá llevar adelante luego de que él mismo fue parte de un gobierno que logró bonanza petrolera.
Carlos Larrazábal, presidente de la Confederación de Industriales de Venezuela (Conindustria), refiere a Proceso que las importaciones en el país se han acentuado en los últimos años, junto con un retroceso de la actividad económica. En 1998, año en que Chávez ganó por primera vez la presidencia, había más de 11 mil establecimientos industriales, lo que representaba 18% del Producto Interno Bruto (PIB). En 2012 el parque industrial se había reducido a unos 7 mil establecimientos (13% del PIB). De forma paralela, en 2004 las importaciones ascendían a 15 mil millones de dólares, mientras que el año pasado superaron los 50 mil millones de dólares. Lo que más importa Venezuela son alimentos.
En los mercados del país pueden encontrarse diversas marcas de aceite de olivo importadas de España o Portugal, pero los consumidores sólo pueden comprar una marca de aceite comestible (de maíz o girasol) hecho en Venezuela y bajo un criterio de racionamiento: sólo dos litros por persona. Así sucede con la harina precocida de maíz, que es fundamental para el principal alimento de los venezolanos, la arepa (una suerte de tortilla pequeña pero bastante más gruesa), el azúcar y la harina de trigo.
Últimamente escasean el papel sanitario y las toallas íntimas femeninas. El gobierno patrocinó la producción de estas últimas, pero a base de tela como alternativa “socialista”, lo cual generó una andanada de críticas en las redes sociales por la escasez del producto original. “Estamos en vías de ser como Cuba”, escribió una exaltada María R. en Twitter.
Proceso consultó a cuatro familias de clase media y media-baja acerca del tiempo que invierten en hacer las compras cada semana. De acuerdo con sus experiencias, ese tiempo se duplicó de una a dos horas semanales, y de tres a cuatro horas en los últimos meses debido a que se debe ir a varios establecimientos para poder comprar los productos básicos del hogar.
Otro factor problemático para el nuevo gobierno tiene que ver con el empleo. Larrazábal dice a Proceso que 46% de los venezolanos activos trabajan en el sector informal, mientras que 8% está desocupado. El resto, es decir otro 46%, tiene un empleo formal. La mitad labora en el sector público y la otra mitad en el privado.
Por lo demás, el Estado ha pasado a ser un gran empleador. Cifras del Ministerio de Planificación y Finanzas revelan que en 2006 el gasto en remuneraciones a los trabajadores del Estado fue equivalente a 3.8% del PIB, mientras que en 2012 estos pagos representaron 5.8%. Esas erogaciones subieron en la medida en que el crecimiento de la masa laboral se potenció a partir de 2007, cuando el Ejecutivo comenzó con las nacionalizaciones de empresas, las cuales obligaron a absorber más personal, y con el impulso del modelo socialista, que ha contemplado la creación de empresas de producción social donde los trabajadores reciben sueldos pagados por el Estado.
De acuerdo con el economista Ronald Balza, “el problema fundamental de la economía venezolana es el tipo de planificación que ha empleado el gobierno durante los últimos años, conocido como economía centralmente planificada, la cual busca controlar desde el Estado los precios y el tipo de cambio, así como los medios de producción”.
Balza explica a Proceso que esta política implementada por Chávez, con mayor énfasis desde 2007, ha provocado inflación, inestabilidad del tipo de cambio (siete devaluaciones en los últimos años) y mayor dependencia respecto de las importaciones.
“El candidato que asuma el poder después del 14 de abril deberá atender la inflación, el déficit fiscal y la deuda pública, revisar el control de precios (que ha generado desabasto), impulsar un nuevo tejido productivo, invertir en petróleo y electricidad y revisar el tipo de cambio”, sintetiza Balza, quien es profesor de la Universidad Católica Andrés Bello.
En su breve lapso como presidente encargado, Maduro ha ordenado dos devaluaciones de la moneda dentro de un mercado que está rígidamente controlado por el Estado. En la primera, la cotización del dólar pasó de 4.3 bolívares a 6.3 el viernes previo a carnaval, y la segunda consistió en una subasta de dólares por parte del Banco Central de Venezuela en los días de Semana Santa.
Lo anterior, indican los analistas, impactará en los precios al consumidor. Una señal ya apareció: en marzo la inflación se ubicó en 2.8%, la cifra mensual más alta de los últimos cuatro años en Venezuela, según registra el Banco Central. En los últimos 12 meses la inflación acumulada ha sido de 25.2%, la tasa más alta de todo el continente Americano.








