En febrero pasado el exsecretario de Cultura Alejandro Cravioto anunció que los albaceas del escritor e historiador Gabriel Agraz habían donado a la dependencia parte de sus valiosos acervos artísticos e históricos. Esto lo niegan los allegados de Agraz, quien dejó bien claro que todas sus obras y colecciones debían reunirse en una casa, junto con una biblioteca de temas y autores jaliscienses. Sin embargo, la nueva secretaria de Cultura, Myriam Vachez, no ha respondido a la petición de que se devuelvan esos bienes.
Desde el pasado 5 de marzo Laureano Brambila Íñiguez le pidió a la secretaria de Cultura, Myriam Vachez Plagnol, quien asumió el cargo el 1 de marzo, “que la dependencia devuelva el patrimonio histórico que acumuló a lo largo de su vida mi cuñado, el escritor e historiador Gabriel Agraz García de Alba, para que así se respete su última voluntad”.
Brambila no ha obtenido ninguna respuesta, pese a que ya pasaron cuatro meses desde que el exsecretario de Cultura, el panista Jesús Alejandro Cravioto Lebrija, puso parte del acervo de Gabriel Agraz a disposición del Museo de Arqueología de Occidente (MAO) que se encuentra en el antiguo Seminario Diocesano, que durante años fue la sede de la XV Zona Militar, en la calle Zaragoza, entre San Felipe y Reforma (Proceso Jalisco 422).
Con esto Cravioto contravino el testamento notariado de Agraz, quien legó toda su documentación e iconografía a la asociación civil Archivo y Biblioteca de Autores y Temas Jaliscienses, que él mismo formó. Además, asentó que su patrimonio debería resguardarse en una casa del barrio de Santa Teresita.
La reportera visitó este domicilio, en la calle Garibaldi 1166. Parece un pequeño castillo y en su interior se respira tranquilidad. Desde el gran patio se observa que algunas de sus habitaciones lucen desnudas, otras están repletas de objetos y algunas más comienzan a adquirir un orden.
Las habitaciones vacías están destinadas a albergar la parte del acervo aún no devuelta por la autoridad estatal, ya que la última voluntad de Agraz fue permanecieran ahí sus “hijos intelectuales”, entre ellos los archivos epistolar, militar y genealógico, así como la filmoteca y la iconoteca.
En su testamento Agraz especificó ante el notario 188 de la Ciudad de México, Luis Eduardo Zuno Chavira, que sus hijos Juan Ángel y Salvador Agraz Brambila recibirían 10 mil pesos a condición de vigilar que la “aportación de todos sus bienes fuera para la asociación Archivo y Biblioteca de Autores y Temas Jaliscienses” (escritura 23892).
Además, designó como albaceas mancomunados a Sara Velasco Gutiérrez y a Francisco Javier Hernández Larrañaga, a quienes instruyó para “que los bienes que constituyen el acervo cultural sean trasladados a Guadalajara y se instalen en la casa ubicada en la calle Garibaldi 1166 en la colonia Villaseñor para que ahí sean las oficinas de la asociación”.
Los recursos para adquirir la vivienda de la calle de Garibaldi se obtendrían de la venta de una propiedad que Agraz tenía en la calle Sur 73, colonia El Prado, Delegación Iztapalapa, en el Distrito Federal.
La asociación Archivo y Biblioteca de Autores y Temas Jaliscienses se constituyó el 19 de septiembre de 2006 mediante la escritura 23891, con el fin de investigar, formar, estudiar y difundir la historia de Jalisco. Otro de sus objetivos es concluir obras iniciadas por Agraz.
Por ese tiempo se acordó que el consejo directivo de la asociación quedaría integrado así: Gabriel Agraz como presidente; Sara Velasco, secretaria; Francisco Javier Hernández Larrañaga, tesorero, y los hijos menores de los 10 que tuvo el historiador, Juan Ángel y Salvador Agraz Brambila, como vocales.
Colecciones mutiladas
Gabriel Agraz, originario de Tecolotlán, Jalisco, emigró a la Ciudad de México en los años sesenta, por lo que todo su acervo se encontraba en el centro del país.
“Me quise asegurar de que todo lo que tengo vaya a dar a Jalisco, porque yo me vine de allá para rescatar del centralismo que existe aquí documentos, fotografías y todo lo que tenga que ver con mi estado”, declaró el historiador en una entrevista publicada en el sitio web Excéntrica online. Añadió que había reunido más de 20 mil cartas originales de personajes históricos como Agustín de Iturbide, Benito Juárez y Jaime Nunó, que “ni el Archivo General de la Nación ni ningún otro tienen”.
Asimismo calculó que contaba con más de 20 mil fotografías, entre ellas las de los poetas Juan de Dios Peza, Amado Nervo y Manuel Gutiérrez Nájera, y de prosistas como José María Vigil, Mariano Otero, José López Portillo y Rojas, José Rosas Moreno y Agustín Rivera San Román, entre otros.
También declaró que tenía una colección de más de 8 mil rollos de microfilm, de los cuales 400 corresponden al primer Archivo Militar de Jalisco, que formó de 1966 a 1994.
Además, Agraz poseía más de 100 mil fotocopias clasificadas y encuadernadas en 221 volúmenes, fruto de una investigación que realizó en los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional durante 24 años y en la cual revisó más de 180 mil expedientes.
Pero su mayor orgullo era el acervo musical. La mayor parte de éste pertenecía a su tía Elena Padilla, quien a decir de Agraz fue una “niña prodigio. Ella, a la edad de cuatro años, tocaba magistralmente el piano sin haber estudiado y formó un archivo musical desde 1850. Por ejemplo, tengo piezas musicales dedicadas a mi tía por Manuel M. Ponce (…). Cuando Caruso y Tetrazzini vinieron a México, ella los acompañó al piano”, dijo Agraz en la mencionada entrevista.
En un video grabado en su casa de la capital del país el 9 de junio de 2006, una copia del cual fue proporcionada a este semanario, se aprecia todo el archivo de Agraz: su gran biblioteca de autores y temas jaliscienses, la filmoteca, la hemeroteca, la iconoteca y la mapoteca, pero también sus colecciones de cuadros y relojes antiguos.
Preocupado por recuperar el patrimonio de su cuñado, Laureano Brambila acudió al MAO y pidió información sobre el estado actual de las 20 mil cartas y otro tanto de fotografías, pero la mujer que lo atendió ni siquiera sabía que existían.
Preguntó también por 48 obras bibliográficas sobre capitanes que no se encuentran en la casa de Garibaldi, y tampoco las tenían en el museo, así que la recopilación sobre el Ejército que tenía 221 tomos ahora sólo consta de 173.
Otros objetos que se hicieron perdidizos son un libro del archivo musical de Elena Padilla y un reloj francés que una tía de Gabriel Agraz compró en París, Francia, durante la Segunda Exposición Universal. En el video, el escritor dice que el reloj ganó el segundo lugar por su belleza y funcionalidad.
En cambio, Brambila logró rescatar el piano de Elena Padilla y los retratos de ella y de sus padres. Además, tiene otras cinco pinturas antiguas, dos de las cuales necesitan restauración. “En total eran 11 retratos, por lo que faltan tres y no están en el museo”, comenta el familiar de Agraz.
Relata que cuando acudió con Vachez, su secretario, Oscar Humberto Zúñiga Guzmán, terminó de atenderlo y le indicó que para reclamar el patrimonio de Agraz era necesario que él tuviera más injerencia administrativa: “Yo necesito aparecer dentro del fideicomiso, pero como no aparezco no tengo autoridad”, comenta Brambila. Zúñiga Guzmán también le comentó que todo patrimonio que no pertenezca a la Secretaría de Cultura será devuelto a la asociación, previa solicitud.
A pesar de que su cuñado no lo incluyó en la asociación, Brambila se hace cargo de la casa de Garibaldi. “Estaba toda arrumbada”, dice. Uno de los cuartos que albergaba libros editados por Gabriel Agraz tenía goteras, por lo que algunos ejemplares se mojaron.
Cuando el cuñado de Agraz se puso en contacto con los albaceas mancomunados, Sara Velasco y Hernández Larrañaga, éste le comentó que buscara a Ángel y Salvador, que viven en Villa Purificación, para saber qué se iba a hacer con el patrimonio de su padre. Según Brambilia, los albaceas se comprometieron con sus sobrinos a ceder los derechos del patrimonio de Agraz: “Les dijeron que el acervo iba a quedar a nombre de ellos, pero a los ocho días los albaceas hicieron la donación a la Secretaría de Cultura”.
Proceso Jalisco consultó a Hernández Larrañaga, quien negó que se haya hecho una donación y expuso que el pasado 21 de febrero se firmó un convenio de colaboración para la salvaguarda del Archivo y Biblioteca de Autores y Temas Jaliscienses.
En el documento oficial, los albaceas especifican que Gabriel Agraz “dedicó su vida a investigar la historia nacional, sobre todo la de Jalisco (…) y logró reunir una interesante biblioteca, que consta aproximadamente de una cantidad de 20 mil volúmenes, además de archivos, una mapoteca, una iconoteca, los cuales se encuentran en temporal posesión de la Secretaría de Cultura”.
En el acuerdo, la dependencia se obliga a hacerse cargo de la “logística, gastos y trámites necesarios para el traslado y el inventario detallado de cada uno de los componentes del acervo”, así como a entregar una copia certificada del mismo a los albaceas.
También se compromete a hacerse cargo de todos los “gastos inherentes a la función de salvaguarda”, como los de limpieza, conservación, energía eléctrica, agua y teléfono (en cuanto haya línea telefónica en el edificio), salario de dos bibliotecarios cuyo nombramiento será previamente aprobado” por los albaceas, y a proporcionar computadoras para operar, controlar y catalogar el acervo.
Además, en el convenio se especificó que “la duración del acuerdo de salvaguarda” es por tiempo indeterminado, “aunque lógicamente deberá ratificarse y revisarse” por la asociación y la secretaría.
No obstante, al día siguiente de la firma del convenio, el 22 de febrero, el exsecretario de Cultura Alejandro Cravioto declaró en un evento que la asociación donaba el acervo de Agraz. Incluso añadió que tras la confianza recibida por el propio escritor, quien le encargó en vida sus acervos, el funcionario se dio a la tarea de buscar “el sitio más digno para poder conservar y custodiar esta biblioteca”.
Cuando Hernández Larrañaga y Velasco se enteraron de estas declaraciones, el primero envió un desmentido al periódico que difundió la nota (Milenio Jalisco, 23 de febrero de 2013) pero no fue publicado. Por correo electrónico el albacea envió a este semanario una copia del documento, en el cual menciona que “la noticia es definitivamente tramposa y mal intencionada, ya que nunca se ha llevado a cabo ni se llevará ninguna donación del acervo mencionado”.
Por ese motivo, Hernández Larrañaga califica a Cravioto de “megalómano” y supone que difundió la mentira como “parte de una maquinación para justificar la inversión de 171 millones de pesos que aquel funcionario dijo que costó el edificio de Zaragoza, que fue sede local de la XV Zona Militar”.








