Durante su campaña por la gubernatura, Aristóteles Sandoval Díaz buscó el apoyo de todo tipo de electores haciendo promesas a diestra y siniestra, promesas en las que en un momento de inspiración él y sus seconds llamaron pomposamente “compromisos por Jalisco”. Algunos de ellos fueron la respuesta que el entonces candidato priista iba dando, al calor de su campaña política, a peticiones o reclamos concretos de quienes asistían a sus mítines; mientras que otros los asumió de un modo espontáneo y no siempre bien pensado.
Uno de los “compromisos” hechos a partir de demandas sociales fue el de la cancelación del segundo acueducto que conduciría agua del lago de Chapala a la zona metropolitana de Guadalajara, y que, para satisfacción de los ribereños, parece ser un proyecto que, al menos en el corto plazo, no habrá de concretarse. Otro compromiso de este tipo, cuyo cumplimiento está en veremos, es el de salvar Temacapulín, una hermosa población alteña que, junto con otras dos comunidades vecinas, tiene la amenaza de quedar inundada por la presa de El Zapotillo, actualmente en construcción y concebida en esencia para llevar a León, Guanajuato, desde territorio jalisciense, buena parte del agua del río Verde. A mes y medio de haber tomado posesión como primera autoridad del estado, Sandoval Díaz ha “defendido” la causa de los habitantes de Temacapulín –y de Jalisco en general– de una manera poco firme, intermitente y hasta ahora sólo de dientes para afuera.
Y por lo que hace a la mayoría de los “compromisos” que el flamante gobernador adquirió de manera voluntaria, su cumplimiento tampoco parece ser algo patente. Así, por ejemplo, prometió transporte gratuito para los estudiantes de Jalisco y todo hace pensar que, en el mejor de los casos, esa presunta gratuidad habrá de quedar reducida a la repartición a cuentagotas y con una cuota que no pasaría de dos transvales por persona durante los días de clases, entre alumnos de secundaria, preparatoria y licenciatura. También se echó la puntada de convertir la residencia oficial del gobernador (Casa Jalisco) en un sitio dedicado a causas altruistas, asunto del que no ha vuelto a hablar.
Otro “compromiso” que Sandoval Díaz asumió espontáneamente fue el de duplicar el presupuesto de la Secretaría de Cultura (SC), con lo que debería pasar del 0.55 al 1.1% de los egresos anuales del gobierno del estado. Sin embargo, al menos por lo que hace al año en curso, esa promesa de campaña no sólo fue incumplida, sino que, por el contrario y como lo acaba de reconocer Myriam Vachez, la nueva titular de esa dependencia, el presupuesto de la SC se verá reducido drásticamente, hasta el extremo de quedar en el 0.4% del gasto estatal.
Lejos de recordarle a su jefe el compromiso contraído con la comunidad cultural de Jalisco, la señora Vachez pareciera más que satisfecha con el recorte presupuestal a la dependencia que ahora encabeza y, curándose en salud, da cuenta de la primera tarea que ha emprendido como administradora estatal de las musas: “reconfigurar el organigrama” de la SC (Mural, 4 de abril). Y ello con el fin de “optimizar recursos”, conseguir un “ahorro de 2 millones de pesos en nómina”, “rediseñar estrategias” y hacer más eficiente el funcionamiento de la dependencia.
Visto sin malicia, este optimista speech de la nueva titular de la SC no pasa de ser un compendio de buenos deseos. Y en con un ánimo menos benigno, podría calificarse de rollo, por no decir demagogia pura, una especie que, como se sabe, florece muy bien en las distintas parcelas de la vida política, incluidos los breñosos terrenos de la burocracia, de los cuales la funcionaria en cuestión ha formado parte ininterrumpidamente desde hace buen rato, desde que en 2006 consiguió una plaza de regidora en el ayuntamiento de Guadalajara como integrante de la planilla priista que por entonces encabezaba el médico Leobardo Alcalá, quien perdió la alcaldía ante su colega panista Alfonso Petersen Farah.
Si bien aún está por verse lo que madame Vachez y acompañantes puedan hacer en la SC, los pronósticos no son muy halagüeños, y no sólo por la mencionada reducción presupuestal, sino porque su “rediseño de estrategias” y su “reconfiguración del organigrama” de la dependencia están más cerca de las ocurrencias disparatadas que del juicio razonado. Así, por ejemplo, la idea de fusionar la Dirección de Publicaciones con la de Investigaciones Estéticas –y para colmo degradándola a “coordinación”– no pasa de ser una medida caprichosa, cuya ineficacia ya fue probada en otro momento, durante la trunca administración de Guillermo Cosío Vidaurri (1989-1992), cuando se dio todo tipo de fusiones en el organigrama estatal, con resultados que fueron de lo modesto a lo fallido.
Eso sucedió, por ejemplo, con la paquidérmica Secretaría de Educación y Cultura (SEC) que luego, en el interinato de Carlos Rivera Aceves (1992-1995), se tuvo que dividir en las actuales secretarías de Educación, por un lado, y de Cultura, por el otro. Por cierto, durante el minisexenio de Cosío en la finada SEC ya se había ensayado con una Dirección de Investigaciones y Publicaciones, lo que significa que la señora Vachez va a volver a experimentar con un esquema caduco, que hace veintitantos años probó su inoperancia.
Y lo mismo podría decirse de la “estrategia” de mantener una compañía estatal de danza, pero no una de teatro, o la ocurrencia de convertir al Museo de Arqueología de Occidente en la sede de un presunto museo dedicado al mariachi. ¿A qué principios racionales responden este tipo de medidas? ¿Acaso es una exigencia de la comunidad cultural? ¿Hubo de veras consulta pública? La clamorosa conclusión habría sido: “¡Museo de Arqueología no, pero uno dedicado al mariachi, sí! ¡Compañía de danza sí y una de teatro, definitivamente no! ¡Y reestructuración de la Secretaría de Cultura a la de ya!”.
En honor a la verdad, la única persona que interesadamente se ha pronunciado por “reestructurar la SC” es el mandamás de la UdeG, Raúl Padilla, con quien Vachez ha tenido una relación clientelar desde que esta última fue funcionaria tapatía y estuvo a favor de entregar, ¡por 66 años!, la explanada del estadio Jalisco a la cúpula udegeísta y también por otorgar el permiso para que los jeques de la UdeG construyeran ahí un centro comercial. Luego, tanto en su condición de presidenta de la Comisión de Cultura como de directora y después secretaria de Cultura de Guadalajara, avaló la entrega anual de varios millones de pesos para la FIL y para el principal premio literario de dicha feria, el mismo que el año pasado recayó en un plagiario de marca internacional: Alfredo Bryce Echenique.
Esta obsequiosidad con los proyectos de Padilla explica los elogios de este último para Vachez, hasta el punto de haber felicitado al gobernador por la designación de “una extraordinaria secretaria de Cultura” (La Jornada Jalisco, 14 de marzo). Y como la SC va a tener un presupuesto inferior, ni tardo ni perezoso el exrector de marras salió a decir cómo debe ser el gasto de esa dependencia: “Menos inversión en lo administrativo y más en proyectos”, con el evidente propósito de que no haya mengua en el dinero que la SC entrega también anualmente a la FIL y a otros proyectos padillistas.
Con este panorama tan poco promisorio comienza una nueva etapa en la SC, que ya ha servido para que el tiburón mayor del ajo “cultural” (¿eres tú, Raúl) sonría, para que la señal de la televisión estatal (Canal 7) haya dejado de verse en los sistemas de cable y para que el debutante gobernador de Jalisco incumpla con otro más de sus cacareados “compromisos” de campaña.








