Señor director:
Le solicito de la manera más atenta publique esta carta en la sección Palabra de Lector.
La medicina debe ejercerse con responsabilidad y ética profesional; el sistema de salud en nuestro país requiere de gente comprometida, capaz y honesta.
El pasado 8 de marzo falleció en el hospital regional número 25 perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social la señora Elisa Guadalupe Solano Sandoval, a consecuencia de un paro cardiaco, según consta en el certificado de defunción. Los hechos que marcaron su deceso me impulsan a denunciar las omisiones y negligencias en que incurrieron los médicos que la atendieron.
La señora Solano ingresó al área de traumatología del hospital mencionado el 3 de marzo último. De esa fecha al día en que falleció, ninguno de los especialistas del área, de apellidos Vargas y Castillo, pasó a revisarla. Así lo informé a los jefes del área, los doctores Juan Manuel Sánchez y otro de apellido Bizet. Pese a que intenté localizarlos en su oficina o en los pasillos, nunca los encontré en el nosocomio.
La atención de la señora Solano estuvo a cargo del médico residente Ángel Arreola. El 6 de marzo estábamos en el cuarto 712 del hospital Yolanda Chávez Mendoza, Gloria Portillo Solano y un servidor cuando el doctor Arreola nos pidió que saliéramos, pues iba a limpiar tres úlceras en la piel de las extremidades inferiores de la señora Solano. Al salir nos dijo que ya había terminado. Cuando le pregunté cómo veía la recuperación de la paciente me indicó que cortó el tendón del pie izquierdo. Eso me alarmó y le pedí que me explicara por qué procedió de esa manera sin consultarnos y advertirnos acerca de las consecuencias de ese procedimiento. El médico me dijo que la señora no volvería a caminar y que permanecería en cama por el resto de sus días. Dicho esto me dio la espalda y se fue. Desde ese día, la señora Solano quedó en un estado de sedación del que ya no se recuperó y que aceleró su deceso.
Informé de esta situación a los jefes de área, el doctor Juan Manuel Sánchez y el doctor Bizet. El primero de ellos me comentó que no se había cortado ningún tendón, encubriendo al doctor Arreola. Por su parte, el doctor Bizet, después de revisar a la paciente, me dijo que sí se le cortó el tendón. Argumentó que los especialistas no acudieron a atenderla porque “tenían mucho trabajo”.
Aunque la señora Solano padecía insuficiencia renal y requería que se le dializara cuatro veces al día, no se le practicó el procedimiento. Cabe mencionar que el doctor Arreola estaba al tanto de esta situación. Después de cuatro días se le hizo la diálisis; a esas alturas ya tenía las manos y los pies hinchados debido a la falta de atención médica.
Acudí a la Comisión Nacional de Arbitraje Médico para solicitar su intervención. Presenté un escrito al Órgano de Control Interno del Instituto Mexicano del Seguro Social en el que narro todo lo que sucedió. Y presento esta denuncia pública para advertir que el médico residente Arreola representa un peligro para el ejercicio de la medicina, y para señalar que en ese nosocomio del IMSS es evidente la falta de supervisión de médicos calificados, lo cual pone en riesgo la salud de las personas que se encuentran hospitalizadas, sobre todo en el área de traumatología. (Carta resumida)
Atentamente
Wilfrido Portillo Solano








