Con apoyo del Legislativo

BOGOTÁ.- Desde diferentes orillas políticas el senador del Partido Conservador de Colombia, Juan Mario Laserna, y el representante (diputado) del izquierdista Polo Democrático Alternativo (PDA), Iván Cepeda, coinciden en que hay condiciones para que el proceso de paz entre las FARC y el gobierno colombiano culmine exitosamente.

Ambos formaron parte de la delegación de seis legisladores que el lunes 4 tuvo un encuentro en La Habana con los representantes de las FARC que mantienen conversaciones de paz con delegados del gobierno colombiano desde hace cuatro meses.

Laserna viajó con una gran dosis de pesimismo, sin mayores expectativas, pero luego de una reunión de seis horas con los negociadores de la guerrilla, su perspectiva cambió.

“Vi que están interesados en el diálogo, en avanzar en la mesa, en hacer la paz. Tienen voluntad de llegar a un acuerdo y sí, hay muchos dilemas, pero lo que me resultó muy evidente es que ellos están sentados ahí para oír una propuesta del gobierno, y si tienen una propuesta lo suficiente buena, ellos la toman”, dice el senador a Proceso.

Cepeda llegó a La Habana con altas expectativas y, según afirma, se le cumplieron.

“Los representantes y senadores de diferentes fuerzas políticas que estuvimos en La Habana quedamos con la muy fuerte impresión de que se está avanzando, que hay decisión y voluntad para llegar a un acuerdo, y que las dos delegaciones están haciendo grandes esfuerzos por que los problemas que plantea la negociación se resuelvan, así como por encontrar soluciones imaginativas que permitan avanzar de manera rápida”, asegura en entrevista el legislador y activista de los derechos humanos.

Durante el encuentro en la capital cubana, la misión de senadores y representantes colombianos acordó con los delegados de las FARC que el Congreso bicameral se abstendrá de legislar en materias que estén siendo tratadas en la mesa de negociaciones, para evitar que se expidan leyes que pudieran afectar los diálogos.

Además de Laserna y Cepeda el grupo de legisladores que viajó a Cuba estuvo integrado por los senadores Roy Barreras, del gobernante Partido de la U, y Gloria Inés Ramírez, del PDA, y por los representantes Alfonso Prada, del Partido Verde, y Guillermo Rivera, del Liberal.

Fue una delegación representativa de las fuerzas políticas mayoritarias en el Senado y la Cámara de Representantes de Colombia, lo que ha posibilitado que, hasta el momento, se cumpla el pacto de caballeros entre los congresistas y los delegados de las FARC, ya que la agenda legislativa anunciada el pasado lunes 18 por el gobierno para el periodo de sesiones 2013 excluye todos los temas que figuran en la agenda de los diálogos de La Habana.

“Creo que la inmensa mayoría del Congreso (la excepción sería un puñado de legisladores afines al expresidente Álvaro Uribe) está por que el proceso de paz avance y culmine en un acuerdo definitivo que ponga punto final al conflicto armado en Colombia”, afirma Cepeda.

El representante del PDA explicó que otro asunto que se platicó en La Habana fue que si la mesa de negociaciones logra un acuerdo de finalización del conflicto armado “habrá que discutir de qué manera el Congreso de la República hará lo necesario para que ese acuerdo se convierta en parte de la Constitución y las leyes”.

“Lo deseable”, dice, “sería hacerlo con presencia de representantes del grupo guerrillero que salgan del proceso de paz a la vida política; es decir que cuente el Congreso con presencia de representantes de ese grupo como parte de su participación político-electoral por la vía legal”.

 

Del Caguán a La Habana

 

Laserna es un economista de la Universidad de Yale que durante los diálogos del Caguán con las FARC, iniciados en 1998, se desempeñó como viceministro de Hacienda y director de Crédito Público. Era muy escéptico. Siempre le pareció que las conversaciones no conducían a ningún lado y el tiempo le dio la razón: Durante más de tres años nada se logró en la mesa y el proceso culminó con un abrupto rompimiento.

“Nunca creí en los diálogos del Caguán. La guerrilla venía de victorias militares muy importantes, estaban creciditos, y no había una agenda concreta; se hablaban vaguedades. Hoy en cambio las FARC llegan a la mesa de negociaciones con mucha presión militar, es otra la correlación de fuerzas y ellos están mirando lo que pasa en el mundo. Eso crea otro contexto y lo que vi en La Habana claramente me hace pensar que en esta ocasión sí hay una oportunidad de lograr la paz, de llegar a un acuerdo”, plantea.

En 1999, cuando era director de Crédito Público en el gobierno de Andrés Pastrana, Laserna viajó al Caguán con el entonces presidente de la Bolsa de Valores de Nueva York, Richard Grasso, a quien sirvió de traductor en un encuentro que tuvo con el comandante de las FARC, Raúl Reyes, muerto nueve años después en una incursión militar colombiana en territorio ecuatoriano.

“La actitud de Reyes era de tener una metralleta acá”, dice estirando la mano, “encima de la mesa. Grasso le decía cosas interesantes, le hacía como una venta del capitalismo de Estados Unidos y le decía que con la paz la financiación se podía desarrollar. Y Reyes a todo respondía con monosílabos o con frases como ‘que no se explote al pueblo colombiano’. Digamos que ahí era un diálogo de sordos. Yo vi que ese proceso no iba para ningún lado. En más de tres años de pláticas no se logró nada”, señaló.

En cambio ahora, durante su visita a La Habana, se percató de que hay un relevo generacional en la cúpula de las FARC, con delegados en las conversaciones de paz (Iván Márquez, Andrés París, Rodrigo Granda, Ricardo Téllez, Marco León Calarcá, Jesús Santrich, Tanja Nijmeijer, entre otros) más jóvenes y más conectados con el mundo que los que representaron a esa guerrilla en el Caguán.

“Esto es el primer contraste importante con el Caguán, el cambio generacional. El segundo, que están interesados en dialogar y avanzar sobre temas concretos: Problema agrario, participación política, en fin, hay un temario, hay una negociación que nunca hubo en el Caguán”, apunta.

Explica sin embargo que los negociadores guerrilleros deben rendir cuentas a sus bases. “No pueden llegar acá al proceso de paz, hacernos una lista de buenas intenciones y decir: ‘Nos vamos a una participación política, nos matan y ahí se acabó’. No. Ellos también necesitan, y en Colombia es difícil decirlo pero es la verdad, una salida digna”.

 

Financiamiento

 

Lograr la “salida digna” que plantea el senador conservador significa, en los hechos, dar respuesta a las demandas históricas de las FARC, como el acceso a la tierra para millones de campesinos y un programa de desarrollo agrario que prevea infraestructura, inversión social en el empobrecido agro –salud, educación, vivienda– y acceso a créditos y subsidios.

“Creo que uno debe ponerle sustancia a esto. No se puede quedar simplemente en palabras. Tú tienes que hacer algo que justifique inicialmente para ellos desmovilizarse y que tenga que ver con atender las causas que ellos dicen representar, sobre todo el tema agrario.”

De acuerdo con el legislador y exfuncionario del Banco Interamericano de Desarrollo, gran parte de lo que se está negociando en La Habana conduce a un asunto económico: El financiamiento de la paz.

Sostiene que en La Habana se está acercando la hora de hablar de proyectos concretos que van a requerir financiamiento del Estado y “si la pregunta es: ¿Puede Colombia financiar un programa de paz que justifique a las FARC dejar las armas?, la respuesta es sí”.

La paz no tiene precio, afirma, “pero uno sí puede decir cuánto podría pagar por la paz y Colombia podría hacer un plan muy significativo en términos rurales, en términos de desarrollo”.

Cuando Laserna era director de Crédito Público en los diálogos del Caguán (su jefe directo era el entonces ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos) estimó que un plan de paz le podría costar al país 10 mil millones de dólares, una cifra preocupante para la época, pues Colombia resentía los efectos de la crisis asiática.

“Pero hoy Colombia está en una condición fiscal (el país ha crecido a una tasa anual promedio de 4.7% en la última década) en la que usted seguramente puede hacer algo más alto, bastante más alto; pero todo depende de que se cumplan las condiciones, de que sí se haga la paz. Y sí, creo que la paz se puede financiar”, agrega.

Para el senador y exsecretario privado de César Gaviria cuando éste fue secretario general de la OEA, el financiamiento provendría de una combinación de deuda –emitiendo, por ejemplo, bonos de la paz–, alza de impuestos a los sectores minero y energético –que se verán muy favorecidos con el fin de los atentados a su infraestructura– y con ayuda internacional.

De acuerdo con Laserna el diálogo en La Habana ya está maduro para que los puntos de la agenda que tienen componentes económicos se aborden “no con ideología, sino con proyectos concretos en los que el Estado colombiano podría asumir un compromiso a partir de la viabilidad de su financiamiento”.

Las conversaciones en La Habana tendrán altibajos, momentos de tensión y un avance más lento de lo que la sociedad espera, pero por lo pronto entre la clase política colombiana hay consenso de que existen razones para ser “moderadamente optimista” sobre el futuro del proceso de paz.