Dicen los voceros de la legislatura jalisciense que este “honorable cuerpo” ya va a empezar a poner orden en sus cosas. Gloria Reza nos da a conocer en varios reportajes (Proceso Jalisco, 433, 436 y este, 437) el cochinero en que despachan estos representantes populares, llamados así por mera inercia acrítica. Cuatachismo, nepotismo, pago de favores, tráfico de influencias, negociaciones en lo oscurito, en fin, todas las malas mañas imaginables y por imaginar. Pero nos dicen que ya van a poner orden, pues. Que van a despachar a 200 aviadores de la nómina. Habrá que verlo.
Por lo pronto sabemos bien, porque ellos mismos se encargaron de soltar la sopa a la hora de sus escándalos, que tenían en la nómina a 270 trabajadores supernumerarios, que en los hechos están despedidos porque ya no les pagan ni un céntimo. Al contrario, les adeudan todavía las prestaciones de fin de año: aguinaldo, prima vacacional y el llamado mes 13, otra suerte de aguinaldo. El último pago para estos supernumerarios lo soltaron el 31 de octubre del año pasado. Cuando nos avisen que les cortaron el buche a 200 trabajadores para reducir la nómina, lo más seguro es que nos van a presentar la lista de estos 270, ya corridos. A los favoritos, a los beneficiarios ocultos, a la nómina oculta no la tocarán ni con el pétalo de una rosa. Y si no, a los hechos que ya están en puerta.
Por lo pronto anunciaron que no se reducen los recursos para que cada legislador cuente con una buena manada de asesores, otro eufemismo. El dinero destinado a las casas de enlace seguirá fluyendo. Las partidas que duplican y hasta quintuplican los gastos legislativos también quedan intocados. Excelentes alumnos de Lampedusa: cambiar algo para que nada cambie. Y así nos seguirán intoxicando en los días por venir.
Mas esta indolencia y mala leche, tan evidentes en nuestra legislatura local, diría Don Quijote que son tortas y pan pintado frente a como la gastan nuestros grillos nacionales en el Congreso de la Unión. Basta leer la entrada del reportaje que nos obsequia Jenaro Villamil (Proceso 1898) sobre la confección de la iniciativa de ley de telecomunicaciones. Unos cuantos notables estuvieron dos meses a puerta cerrada armando la modificación a nuestra Ley Fundamental. Dicen que es histórica y tan importante que puede compararse a la “caída del muro de Berlín”. ¿Quiénes son tales notables, tales inteligencias sublimes que al fin decidieron actuar para enderezar el barco mexicano y evitar el naufragio? De pronto no lo sabemos, aunque se cuelen indicios de tales figuras: especialistas, funcionarios del gobierno, legisladores, dirigentes de los partidos, gente del Pacto por México.
La búsqueda de acuerdos necesarios para que los asuntos públicos caminen no es mala práctica. Es un enjuague de la política. Lo punible es que no cuiden las formas. Que trabajen iniciativas primero a puerta cerrada para limar asperezas se entiende, pero que luego sea elevada al Congreso de la Unión para que la debatan nuestros representantes populares, es lo atinado. Así nos vamos enterando todos y conociendo minucias y sutilezas de lo discutido. Cuando sean aprobadas o rechazadas sus enmiendas, reformas, emplastos o lo que resulte, ya son hijas del pueblo. Es el formato republicano establecido. ¿Para qué omitirlo? El problema reside entonces en tomar al Congreso de la Unión como mera oficialía de partes, tal cual lo señala Jesusa Cervantes en reportaje paralelo al de Villamil. ¿Para qué invertir entonces en nuestros procesos electorales cifras estratosféricas, si nuestros representantes van a terminar siendo firmones de los chidos nada más, legitimadores del aderezo de nación, que los jefes nos hacen el favor de armar por ellos?
Y si todo se redujera a mera falta de cortesía, no estaría tan mal la cosa. Pero no. Al apabullarlos a ellos es porque a nosotros, sus representados, es decir a la gran masa ciudadana, ya la pasaron a formar. Es nuestro veredicto el que han de buscar y no ignorarnos. Pero esos notables traen los cables cruzados. En nuestras transformaciones fundamentales (comparables a la caída del muro de Berlín, dicen) el pueblo mexicano no existe. O habrá que corregir este dicho: del pueblo mexicano registran estos próceres nuestros nuestra presencia sólo en términos de exacción fiscal, porque de que se dan la gran vida a nuestras costillas, es escándalo que ya grita al cielo.
Con este modo de conjurar, ya nos reformaron el renglón laboral, violentando el pacto social que había permitido llegar hasta aquí sin grandes convulsiones. Pareciera ser que estos padres patrios se están saliendo con la suya. Salvo unas cuantas manifestaciones ruidosas, la nueva legislación entró en vigor y ya rigen las nuevas formas de contratación laboral.
Lo mismo hicieron con el rubro educativo. Le metieron cuchillo y están a la espera de la reacción del paciente. Aunque se metieron con el sindicato más populoso de Latinoamérica y apenas empieza a moverse el témpano. Por lo pronto, aunque el gran afectado es el SNTE, los responsables del área se encuentran sentados a la mesa de las negociaciones con la CNTE, a la que las huestes de la confinada doña Elba Esther estuvieron presentando antes como irresponsables, agitadores y hasta “malos mexicanos”. No está dicha aún la última palabra ni en la cuestión laboral ni en el pantano educativo. Habrá que estar atento a las evoluciones que estas modificaciones generen.
Si el acuerdo cupular que tomaron para lo de telecomunicaciones obedece a cómo repartirse, sin hacerse daño entre sí, los monopolios de la telefonía y la televisión, la política sería un libreto muy simple. Pero la cuestión de fondo, tanto en esto de los medios como en lo educativo y lo laboral, es que están olvidando al gran afectado o al gran beneficiario, según sea el caso: la gran masa ciudadana. El gobierno y los exquisitos de donde brotan esos notables no consideran rendir cuentas ni tomarnos parecer, pues nos miran como meros consumidores de estos bienes. Olvidan el hecho de que esta población ignorada es el referente sustantivo del fantasmal concepto “nación”. Ésta es, al menos declarativamente, la dueña del espectro radioeléctrico, la que otorga y quita las concesiones, la propietaria del territorio, de su subsuelo y de su cubierta atmosférica, por donde transitan los satélites, pulsan las frecuencias y se hace posible todo este margallate con que se estructuran los contenidos, los mensajes y los ruidos con que nos comunicamos.
Con el cuento de no politizar los debates, de no sobrecargar de ideología los asuntos públicos, justifican eso de que unos cuantos tomen por todos las decisiones fundamentales. Suponen que al participar el público en los debates todo lo contamina y lo echan a perder. Ya le andan escurriendo el bulto hasta a los diputados, que siempre les han funcionado como lacayos finos. Y así, se dicen altos hacedores de política. ¿Qué sería si no lo fueran? Nos dicen que es el nuevo PRI ¿Qué sería si hubieran resucitado al dinosaurio? Al confirmar el funcionamiento vicioso de los parlamentos locales y el nacional, captamos la señal ominosa de que vamos transitando hacia la más peligrosa de las tiranías, signo inequívoco de que la dictadura perfecta ha vuelto por sus fueros.








