Ha sido intenso el ruido en torno a la detención y la probable condena de Elba Esther Gordillo. No era para menos, dada su relevancia al interior del bestiario político del país. ¿Qué más puede agregarse a tanto dicho? Tal vez valga la pena registrar que el diapasón va desde el extremoso “del palo caído todos hacen leña”, hasta el pontifical del “así paga el diablo a sus servidores”.
Podría ser suficiente y con esto cerrar boca. Pero se trata de la cabecilla del SNTE, que no es cualquier sindicato sino el más numeroso de Iberoamérica. Los sindicatos son estructuras armadas por los trabajadores para su defensa elemental. Su fuerza reside en el carácter colectivo de su representación. Personifican un equilibrio entre un patrón capitalista, que se ampara en la acumulación de mucha fuerza de trabajo bajo su brazo, para sacar ventaja en el contrato, y un ejército de individuos aislados con su fuerza de trabajo particular. Integrados en sindicato, se plantan ante el patrón y equiparan cartones. Así se establece una simetría que permanentemente es rota durante los caóticos procesos de acumulación de capital.
Ésta viene siendo la nuez teórica que le da razón de existir a las figuras sindicales. La historia de su consolidación en cada país es variopinta. Tuvieron que pasar tragos amargos, enfrentar desalojos, cruentas rupturas de huelgas y plantones, en las que se exigía el respeto a sus demandas. Finalmente ganaron la batalla. Su consagración legal entre nosotros vino con la bendición del Poder Ejecutivo con Lázaro Cárdenas. El poder establecido les cobró cuota por el amasiato. Su estructura es corporativa y quedaron a disposición de otorgar su apoyo al Ejecutivo en turno. Así funcionan desde entonces.
Se entiende entonces por qué el SNTE es parte del sistema. Pero no sólo este sindicato sino todos, pertenezcan a la CTM, a la CROC o a la UNT. Da lo mismo que su tinglado obedezca al apartado A que al apartado B del artículo 123 constitucional. Con ser sindicato basta y sobra para pasar por la aduana del corporativismo y estar al servicio del gobierno. Habrá quién dispute esta figuración, aduciendo que al poder central le basta allegarse el apoyo de los corporativos mayores, dejando en el limbo a los pequeños. Puede ser. Pero el hecho es que la historia de los registros y las tomas de nota en los tribunales laborales representa un calvario para todos aquellos gremios de trabajadores que aspiran a constituir sindicatos independientes, no así para quienes siguen a pie juntillas el modelo dominante señalado.
Los trabajadores del país deberían aprovechar este revuelo, como lo están haciendo ya muchas secciones del SNTE, para construir un retrato hablado de la situación laboral que prima en el país. Nos debemos todos un perfil autenticado de nuestro mundo de trabajo, sus condiciones, remuneraciones y prospectivas. Una vista no retocada como las oficiales, sino que dé cuenta y razón de nuestra realidad cotidiana, pues se trata de la tarea más importante de todas, la obligada continuidad y reproducción de nuestra vida diaria, como individuos y como comunidad.
Los números duros de nuestra economía hablan de un universo tétrico. Compactando los índices del desempleo con el subempleo y el empleo informal, 60% de la población económicamente activa del país no tiene empleo en firme o gana salarios de mera subsistencia, los que están por debajo de los cuatro salarios mínimos. Pero estos números ya no nos conmueven, pues nos estamos acostumbrando a la convivencia con la miseria y el hambre. Ya dormimos a diario con el enemigo. Andamos dislocados en nuestras perspectivas. Van algunos testimonios para intentar sacudirnos este cruel letargo que nos aqueja.
El Sindicato de Trabajadores académicos de la Universidad de Guadalajara (Staudg) es charro de toda charridad, o sea que sus declaraciones no despiertan suspicacia alguna de rojez o de subversión en contra del gobierno. Y sin embargo, externa una postura diversa a la oficial. Primero da cuenta de que el poder adquisitivo del salario en todo el país ha perdido 73% de su capacidad en el último cuarto de siglo, para luego ocuparse de la afectación particular de sus agremiados: “A nadie escapa que es común que más de 50% de las percepciones de un académico provengan (sic) del cumplimiento de sobre-exigencias a su actividad docente primordial y de mecanismos de compensación y complementariedad que de forma tramposa no generan antecedentes para efectos de prestaciones ni de seguridad.” (La Gaceta, 4 de marzo de 2013).
En el número anterior de nuestra revista (Proceso 1896), Jenaro Villamil recoge en estos términos también el testimonio de Jorge Hernández Lira, dirigente de la Coalición Petrolera Independiente: “Hay ingredientes para una movilización masiva. La gente ya está cansada. El sindicato no beneficia al trabajador y la gente ya está cansada de tantas amenazas de Carlos (Romero Deschamps) y sus personajes. –¿Qué propone usted? –Honestidad, humildad, transparencia, legalidad, el rescate de la dignidad de los trabajadores petroleros. El sindicato está por los suelos”.
Cuando Calderón desató su campaña insidiosa para desaparecer el Sindicato Mexicano de Electricistas, tomó de rehén unas supuestas “inmensas prebendas” otorgadas a esos trabajadores, que tenían a Luz y Fuerza al borde del colapso. Repitieron a coro sus mentiras los micrófonos contratados y las plumas a sueldo. Es la misma receta que le aplicaron al sindicato del IMSS. Lo novedoso de la campaña actual es que se están cebando sólo contra doña Elba. No dibujan altos salarios de los trabajadores del SNTE, tal vez porque todo mundo descubriría de golpe la mentira. A todos nos consta lo precario de los ingresos de la gran base docente del país. Pero no es bandera descartada contra los petroleros. ¿No existe expandida en la mente de nuestras masas la idea de que estos trabajadores están mimados y son mesados con los inmensos excedentes del oro negro?
Apliquemos a detalle la lupa para invertir estas perspectivas perversas y visualizar la realidad que viven nuestros trabajadores. Ilán Semo (La Jornada, 2 de marzo de 2013) propone leer nuestra crisis educativa actual, a propósito del escándalo contra “la doña”, desde otro ángulo, el que incide precisamente en el proceso de nuestra reindustrialización global.
Al sistema educativo se le califica de precario, pero es el que facilita al modelo fuerza de trabajo bien calificada para puestos de baja calidad remunerativa. Así se ven secretarias con licenciatura, obreros con maestría, empleados de base con 10 o 12 años de educación básica. No dice que es también el que permite enviar a Estados Unidos fuerza de trabajo hasta con doctorado, para emplearse de meseros o de recogedores de basura. Pero aunque no lo diga, así es. Este esquema hipócrita ha permitido la expansión de grandes industrias altamente calificadas, como la automotriz y la electrónica. “La reforma educativa de la actual administración sólo quiere consolidar este devastador sistema de calificación de la fuerza de trabajo”. Por ahí deberíamos aplicarnos entonces.








