Partidero

Aunque Jorge Aristóteles Sandoval Díaz dispuso de ocho meses completos –del 1 de  julio de 2012 al 1 de marzo de 2013– para preparar hasta el último detalle su arribo al Poder Ejecutivo de Jalisco, a última hora parecía que sólo estaba listo el espectáculo mediático en el antiguo Hospicio Cabañas, hoy Instituto Cultural, pero no los aspectos más importantes ni los finos detalles, pese a haber conformado un enorme ¿equipo?, de transición con medio centenar de hombres y mujeres. Baste recordar el retraso de más de dos horas para anunciar el gabinete el 28 de febrero, víspera de su ascensión al cargo, por ajustes de último minuto. Y es que, para enmendarle la plana al gobernador electo, cambiar, quitar y poner nuevos nombres, hubo de recibir la orden desde Los Pinos, que su secretario general de Gobierno no sería el que el gobernador había predestinado, sino un avezado político, Arturo Zamora Jiménez. El  ya para entonces segundo de a bordo de Jorge Aristóteles, fue el encargado no sólo de dar a conocer los nombres de mujeres y hombres del equipo, sino de mover, cambiar o eliminar definitivamente a algunos que ya había elegido. Y es que el ahora principal consejero político o mandamás del nuevo viejo PRI, Enrique Peña Nieto, vio tan inmaduro, tan emocionalmente inestable y poco experto a quien gobernará Jalisco al lado de otros que como el propio electo egresaron de la misma escuela FEG-FEU, que optó por enviarle a un viejo tiburón de mar. Sí, el mismo que intentó la gubernatura hace seis años pero sucumbió ante los arpones de la guerra sucia emprendida en campaña hace más de seis años por Emilio González Márquez y su gente. Ahora Zamora, quien ya se movía y navegaba entre los demás tiburones tricolores, tiene a la mano el Poder Ejecutivo de Jalisco. Hay quienes lo llaman ya el gobernador sustituto, auxiliar o coadjutor (con derecho a sucesión).

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No obstante ahora, el exsenador y expresidente municipal de Zapopan deberá resarcir muy bien, y en mejor lid, algunos de sus descalabros. Deberá, entre otras cosas, quedar a salvo de algunas compañías que lo habrían apoyado, cobijado, o hasta endilgado uno muchos milagros. De lo contrario, no podrá hacer un papel relevante, sin mácula o transparente. Para eso deberá rodearse sólo de gente positiva, sin sombra de sospecha, para llegar a ser lo que ha soñado y buscado, pero sin ánimos revanchistas, como él mismo lo ha expresado. De ser así, quizás algún día el gobernador pueda parodiar lo que dijo el emperador Alejandro Magno de su maestro Aristóteles y de su progenitor Filipo II: “Debo más a Zamora, mi maestro, que a Leonel, mi padre. Éste me dio un reino –ayudó a conseguir un Estado– pero aquél me enseñó a gobernarlo”.

 

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El último día del sexenio 2007-2013, el Tribunal Ciudadano del Pueblo de Jalisco juzgó y condenó al repudio popular a Emilio González Márquez, a las puertas del Palacio de Gobierno. Más de seis horas sesionó el también llamado Tribunal de Conciencia, formado por distintas organizaciones civiles, que recogieron 21 mil firmas y 80 emblemáticas denuncias de corrupción, nepotismo, atentados al medio ambiente, violaciones a los derechos humanos y al Estado laico, entre otras, cometidas por el ahora exgobernador. Algunas de las acusaciones más severas fueron el dispendio y desvío de los recursos públicos, frente a la creciente pobreza y marginación de los jaliscienses. Un duro señalamiento fue la muerte, el 13 de febrero de 2008, del niño Miguel Ángel López Rocha Chávez, por envenenamiento tras caer a las contaminadas aguas del río Santiago y la amenazante construcción de la presa El Zapotillo que inundaría tres poblaciones. Siguieron otros, como la falta de pago de pensiones a los adultos mayores; la violación a la laicidad al inclinarse abiertamente por la militancia católica extrema y desviar 683 millones de pesos de recursos públicos hacia su Iglesia. También lo condenaron por el incremento de la tortura en la Secretaría de Seguridad Pública bajo el mando de Luis Carlos Nájera y en la procuraduría estatal, a las órdenes de Tomás Coronado Olmos, quien pese a haber sido denunciado por pedofilia ni fue separado del cargo ni, mucho menos, castigado. No pasó por alto el jurado la impune explotación de recursos por parte de la minera Peña Colorada ni la desaparición del líder nahua Celedonio Monroy.
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