Ópera. ¿Y ahora qué?

Reza la conseja popular que “año nuevo vida nueva”, aunque no agrega si esta vida será mejor, peor o todo lo contrario, como asentara un clásico. Ello viene a cuento porque no sólo iniciamos el año, sino también tenemos nuevo régimen y, claro, las cosas necesariamente cambiarán aunque sea para seguir igual.

Es de suponer, pues, que también habrá cambios en nuestra raquítica ópera y, claro, también aquí, no se sabe si para bien o para mal u, otra vez, para todo lo contrario en la versión operática del gatopardismo pero, mientras se viriguan –como indicara mi general–, algunas cartas ya están sobre la mesa y es bueno empezar a descubrirlas.

En primer lugar hay qué ver qué va a pasar con el actual equipo de dirección de la Compañía Nacional de Ópera encabezado por, al fin, Octavio Sosa, quien debió ser el director desde hace varios años, pero al que siempre se le negó la oportunidad hasta hace pocos meses en un nombramiento que, no por atinado, dejó de tener sabor de “al fin que ya falta poquito y es sólo mientras nos vamos”.

Pero el nombrado agarró el toro por los cuernos y su corta gestión deja balance positivo aunque, claro, eso no quiere decir que no haya habido puestas en escena terroríficas, que en su momento criticamos, y otros desaciertos lamentables pero, repito, en medio de las circunstancias podemos afirmar que salió con bien. Digo “salió” porque estoy hablando de lo acontecido hasta el 31 de diciembre. A partir de allí se abre la incógnita y es lo que motiva estas notas.

La “docena trágica” panista dejó en paños menores a la cultura, y a la ópera apenas con taparrabos; esto es algo que debería cambiar radicalmente, pero no hay ninguna garantía de que así ocurrirá. Hay, sin embargo, esperanzas, ya que Maraki es gente ligada a Bellas Artes y a la cultura desde hace añales; con varios de los que estamos en esto también desde hace añales nos conocemos bien, hemos trabajado juntos y sabemos quién es quién en sus respectivos menesteres y, por lo tanto, es de suponer que hará los nombramientos adecuados, lo que, en mi óptica y en la ópera, significaría ratificar a don Octavio y hasta reforzar su equipo, cosa que también debería hacerse en todas las otras áreas sustantivas del INBA.

Mientras se da lo que se dé y, contrario a la práctica de otros años sexenales, la administración operística aun actuante tiene adelantada una pequeña programación que pone ligero énfasis en Verdi y Wagner, ya que, como se sabe, este año se celebran los bicentenarios de nacimiento: el de don Richard el 22 de mayo y el verdiano el 10 de octubre.

La tentativa programación es:

Enero, Gala Verdi.

Febrero, Gala Wagner.

Marzo, Hansel y Gretel de Humperdinck, nada que ver con los homenajeados.

Abril, Turandot de Puccini, siempre bienvenido.

Abril, coproducción con el Festival FMX, algún título de Wagner.

Mayo, Baile de máscaras de Verdi.

¿Qué será, será? Lo que sea tiene que ser rápido y, esperamos, para el bien de todos.