El empresario mexiquense Víctor Íñiguez Guerrero es el gran defraudador. En apenas un año, embaucó a decenas de inversionistas jaliscienses para que depositaran su dinero en las empresas que él poseía con la promesa de que tendrían cuantiosas ganancias. Lo cierto es que su esquema de inversiones piramidal resultó un fiasco y Víctor desapareció de Guadalajara en octubre pasado. Desde entonces se han acumulado más de 50 denuncias en su contra por un fraude cuantificado en más de 26 millones de pesos.
Durante semanas se vio a Víctor Íñiguez Guerrero caminar todos los martes por la Plaza Andares donde solía comer con sus clientes en el restaurante La Moresca. Pero el 12 de octubre pasado desapareció de la ciudad con los más de 26 millones de pesos que decenas de inversionistas habían depositado en una empresa suya –Wi Capital–, con la esperanza de obtener los mejores rendimientos.
La mayoría de los afectados no conocían las andanzas del próspero empresario de 36 años, ni que tuviera abiertos dos procesos por fraude en Jalisco: uno en el Juzgado 8 de lo Penal –expediente 175/2012-A–; otro en el Juzgado 16 de lo Penal –expediente 04/12-A–.
Tampoco sabían que Víctor estaba libre bajo caución, por lo cual debía presentarse a firmar cada semana: menos aún que desde finales de 2008 era buscado en Guanajuato y Oaxaca por la captación ilegal de 65 millones de pesos mediante el llamado “esquema Ponzi” o sistema piramidal de inversiones.
Tjeerd M. Boonman, profesor investigador del Departamento de Finanzas del Tec de Monterrey en Guadalajara, dice a la reportera que Jalisco ha sido cuna de fraudes bajo ese esquema en los últimos tres años.
Recuerda los casos de Diversity Capital en 2009, Rym Capital en 2011, Wi Capital y Veston Roi en 2012. Todos, dice el analista, tienen la misma característica: ofrecer rendimientos atractivos a corto plazo sin explicar cómo lograrlo; además, comenta, por lo general sus actividades no están supervisadas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), como en el caso de las empresas de Víctor. En síntesis, engañó a todos.
Los fraudes
A finales de 2008, Víctor Íñiguez Guerrero cometió un fraude por 65 millones de pesos en Guanajuato a través de la firma Centro de Capitales del Bajío Inverzion, la cual contaba con cinco establecimientos en la entidad.
El 25 de julio de 2011 la CNBV advirtió que Wi Capital, Wi Cambios y Wi Consultores, todas con domicilio en Guadalajara, carecían de autorización para captar recursos. Tres meses después, el 27 de octubre, el defensor de la institución Financiamiento e Información para la Educación (Educafin), de León, Guanajuato, le advirtió a Rodolfo Ramírez Martínez, titular de la agencia del Ministerio Público de la PGR, que el gerente de Inverzion –Víctor Íñiguez– se encontraba en Jalisco.
Víctor fue detenido el 28 de enero de 2012 por el presunto agravio a 26 inversionistas, entre ellos Educafin, cuyos directivos invirtieron más de un millón de pesos en el esquema piramidal de Inverzion. La indagatoria quedó radicada en la mesa 10 de la Fiscalía para Delitos Financieros de la Procuraduría General de la Republica (AP 478/2009) por presunta “captación ilegal de fondos”.
De acuerdo con el diario Mural, hasta el 15 de noviembre último, se habían acumulado 41 demandas contra Wi Consultores y Wi Capital en Jalisco. Al cierre de edición habían aumentado a 50, entre ellas varias de exasesores financieros de Víctor Íñiguez, quienes a mediados de noviembre publicaron un pliego petitorio en el que solicitaban al gobierno de Emilio González Márquez girar orden de presentación contra los involucrados y dar seguimiento al caso.
Entrevistado por este semanario, un exasesor financiero de la recién desaparecida Wi Capital, quien pide omitir su nombre, admite que el colapso se veía venir. “Ahora que lo veo desde fuera –dice– creo todo estaba perfectamente armado desde el principio y nosotros ni cuenta nos dimos”.
Relata que todo comenzó a mediados de 2010 cuando fue contratado por la firma. Al principio le pagaban 10 mil pesos al mes, pero gracias a sus conocimientos en inversiones en instrumentos de riesgo y su habilidad para la compra y venta de contratos de divisas le permitieron escalar rápidamente.
A los tres meses fue contratado como asesor financiero. Su trabajo consistía en atraer inversionistas a largo plazo en la recién inaugurada empresa Wi Consultores –perteneciente a Wi Capital–, a quienes les ofrecía intereses de hasta 22%, superior al de los bancos, y un servicio personalizado a los clientes.
“El gancho era que, entre más tiempo se quedara el dinero en la empresa, mayor sería nuestra comisión. Teníamos que persuadir a los clientes para que mantuvieran sus divisas con nosotros durante un año, así tendríamos una comisión segura.”
En menos de un año, él y los demás asistentes financieros –todos ellos jóvenes, de clase media, bien presentados y con estudios superiores– tenían ya una cartera de 50 clientes que, en conjunto, poseían más de 30 millones de pesos invertidos. Por reclutar a los inversionistas llegaron a recibir una comisión de hasta 100 mil pesos mensuales.
Víctor no descuidaba ningún detalle, dice el entrevistado. Él y su abogado, Eduardo Barba González, los invitaban incluso al exclusivo gimnasio U-Fit para cultivar su físico; contrató incluso a un chef para que preparara los desayunos en la oficina para todos los interesados. Creó también su propio canal en Youtube, donde los asesores de Wi Capital ofrecían tips financieros y reportes bursátiles.
“Necesitamos más clientes”
A finales de 2011, poco después del fraude de Rym Capital –otra de las empresas de Víctor Íñiguez–, los asesores financieros cambiaron sus oficinas a avenida Patria 1824-B, aunque argumentaron que la mudanza obedecía a una estrategia de marketing para atender con más eficiencia a sus clientes.
Poco después se crearon las filiales Wi Cambios, Wi Credit, Jobi Business –perteneciente a la discoteca el Metro–, Wi Financier y Wi Conmigo –un microbanco para pequeños ahorradores.
El desfalco de Rym Capital, cometido por medio de una Sociedad Financiera de Objeto Múltiple (Sofom) fundada por Raúl Yaqui Mario Corona Acosta, ascendió a 500 millones de dólares (Proceso Jalisco, 351).
A mediados de 2012, el negocio piramidal de Víctor en Jalisco se vino abajo. En marzo Wi Capital dejó de pagar a los asesores que trabajaban y a los inversionistas. En su última junta, en abril, el empresario habló de una falta de liquidez provocada por malas decisiones administrativas, pues habían invertido 90 millones de pesos en un proyecto a largo plazo.
Según él, la culpa era de los 25 asesores, quienes, “ya no estaban llegando a la meta de recaudar, cada uno, 800 mil pesos al mes”. El área comercial –arguyó Víctor– necesitaba dinero fresco. “¡Necesitamos más clientes!”, fueron sus últimas palabras en aquella junta.
“Mis compañeros y yo temíamos que nuestro dinero se fuera a La Corporación, una empresa de seguridad privada de Víctor. Los inversionistas ya comenzaban a darse cuenta de la crisis por la que atravesaba y comenzaron a pedir sus rembolsos, pero éstos nunca llegaron”, asegura el entrevistado.
Sergio “N” –uno de los afectados– comenta a la reportera que perdió 7.5 millones. Dice que decidió invertir en 2011 a instancias de un amigo que por esas fechas era asesor financiero de Wi Capital. Tenía varias carteras de inversiones por 90 días y por un año, algunas en dólares. Su capital principal la colocó en el antro el Metro, cuya razón social era Jovi Business SAPI de C.V., con una promesa de rendimiento de 30% anual.
En marzo pasado Sergio recibió un correo en el cual se le notificaba que Íñiguez era buscado en Guanajuato y Guerrero por el delito de fraude. Consultó a su asesor, pero él le comentó que era mentira. Y ahí empezaron los problemas, pues al mes siguiente dejó de recibir sus intereses.
Buscó a Víctor y se reunió con él en mayo en el Hotel Fiesta Americana. Lo notó más raro que de costumbre. “Te daremos tú dinero pronto. Ten mi palabra”, le dijo el empresario, según recuerda. Desde entonces no sabe nada de Víctor.
Estructura legal y fraude
Otro inversionista llamado Fernando, cayó también en la red de Wi Capital a finales de 2011. Él apostó 200 mil pesos en una cartera de inversión conservadora con rendimiento de más de 10%. Para 2012 invirtió 23 mil dólares para generar un rendimiento más alto. Meses después leyó en su correo electrónico un mensaje de la CNBV en el que Wi Capital y Wi Consultores estaban en la lista negra.
Solicitó su devolución por escrito. Los directivos le pidieron esperar tres meses. El plazo se venció sin que su dinero llegara. Se queja porque, dice, su asesora financiera nunca la habló de los conflictos que tenían Víctor y sus empresas.
Melanie, quien tenía a la misma asesora que Fernando, invirtió 200 mil pesos con la certeza de que el riesgo de perder era nulo. El gusto le duró poco. En agosto pasado dejó de recibir sus intereses. Lo mismo le pasó a otro cliente, un ingeniero que de repente supo que sus 550 mil pesos invertido en un “plan ficticio” en empresas como Grupo Bimbo, Gruma, Grupo Alfa y Ámerica Móvil se habían volatizado.
El 15 de octubre decidió poner un anuncio fuera de las antiguas oficinas de Wi Consultores, en avenida Patria, en la que convocaba a los desfalcados a reunirse para presentar una denuncia.
Wi Consultores se constituyó en junio de 2009 ante el notario público 26, Antonio Alejandro Romero Hernández, adscrito al municipio de Zapopan.
La empresa se registró como sociedad anónima promotora de inversiones (SAPI) y, conforme a la Ley Mexicana del Mercado de Valores, su propósito es generar riqueza entre sus socios. No obstante, en el acta constitutiva también se asienta que, en caso de pérdidas, serán los socios quienes las asuman.
Entre sus fundadores, según los documentos a los que este semanario tuvo acceso, destacan José Everardo Cuevas Chávez, quien actualmente purga una condena en Nayarit por lavado de dinero, Lilia Flor Íñiguez Guerrero, hermana de Víctor, quien a su vez aparece como presidenta del consejo de administración de la empresa.
En un acta posterior, fechada en marzo de 2010, Judith Home Rodríguez, sustituyó a su esposo José Everardo Cuevas, mientras Pablo Plasencia Sánchez y Eduardo Barba González se sumaron al directorio.








