Los albaceas de Gabriel Agraz García de Alba critican a la Secretaría de Cultura porque, dicen, sin previo aviso decidió inaugurar la biblioteca que lleva el nombre del historiador en el Museo de Arqueología de Occidente. Comentan que, con ese acto, más que un homenaje el director de la dependencia, Jesús Alejandro Cravioto, está violando la última voluntad de don Gabriel, quien quería que su acervo estuviera en una casona de Guadalajara que él mismo compró años antes de su muerte.
De manera inopinada y sin previa consulta a la fundación Archivo y Biblioteca de Autores y Temas Jaliscienses –legataria oficial del acervo de Gabriel Agraz García de Alba, fallecido el 11 de marzo de 2009–, la Secretaría de Cultura de Jalisco inauguró el pasado 29 de noviembre la biblioteca que lleva el nombre del historiador en el Museo de Arqueología de Occidente.
La dependencia ignoró la última voluntad de Agraz García de Alba, quien en septiembre de 2006 gestionó la constitución de la asociación civil ante el notario público número 188, Luis Eduardo Zuno Chavira.
Los trámites se hicieron el día 19 de ese mes y, según la escritura 23,891, Sara Velasco Gutiérrez y Javier Hernández Larrañaga quedaron como albaceas mancomunados, mientras que dos de los hijos de Agraz: Juan Ángel y Salvador Agraz Brambila, fueron designados sustitutos.
Asimismo, el historiador, quien padecía cáncer, signó un testamento público abierto en la misma notaría, en el que heredó sólo a tres de los 10 hijos procreados en sus diferentes matrimonios y nombró “como heredera del resto de sus bienes y derechos, presentes y futuros”, a la asociación Archivo y Biblioteca de Autores y Temas Jaliscienses.
Los albaceas se sorprendieron al enterarse de la inauguración del acervo de don Gabriel Agraz en el segundo piso del gran salón de la biblioteca del antiguo Seminario Diocesano, un hermoso inmueble colonial que durante años fue la sede de la XV Zona Militar, en el centro de Guadalajara, calle Zaragoza, entre San Felipe y Reforma.
Entrevistados por separado, Velasco y Hernández Larrañaga, consideran que el titular de la Secretaria de Cultura (SC), el arquitecto Jesús Alejandro Cravioto Lebrija, no está cumpliendo con la última voluntad de don Gabriel.
Según Hernández Larrañaga, en 2007 Agraz García de Alba aceptó el ofrecimiento de la SC, cuyos directivos se comprometieron a apoyarlo en el traslado de su acervo a Guadalajara, donde él había adquirido una casa de valor patrimonial en la calle Garibaldi núm. 1166.
“Cabe aclarar que don Gabriel no aceptó esa ayuda sino hasta que la Secretaría de Cultura se sometió a su exigencia de que cualquier ayuda sería expresamente incondicional; es decir, que no obtendría a cambio ningún derecho de nada, aparte del sentido agradecimiento”, comenta el entrevistado.
La maestra Velasco, quien entonces trabajaba en la SC –ahora está jubilada–, el 24 de enero de 2008 recibió 156 de las 517 cajas con libros, documentos y otros enseres a nombre del titular de la Red Estatal de Bibliotecas Públicas de Jalisco, Omar Ramos Topete.
Lo hizo, recuerda, “en calidad de depósito que se guardará en las bodegas” de la SC, en el Foro de Arte y Cultura, mientras Agraz García de Alba se trasladaba de la Ciudad de México a la finca que había comprado en Guadalajara. “Una vez que nos avise, le dijo Velasco, el material mencionado se lo transportaremos a su domicilio de Garibaldi núm.1166”.
Tras la designación de los albaceas por parte de don Gabriel, un juzgado de lo familiar debió aprobar su testamento, previo acuerdo de las tres partes implicadas –los albaceas mancomunados, los hijos del historiador y la SC– para determinar el futuro del acervo.
La dependencia pedía 10 millones de pesos a los integrantes de la fundación a cambio del acervo. Eso, dice Hernández Larrañaga, “es mucho dinero; no se sabe quién los aconsejó mal… Nosotros quisimos llegar a un acuerdo preliminar para que nos entregaran el acervo pero nunca se hizo, ni se ha hecho un inventario siquiera” por parte de la SC.
Según Hernández, el proyecto del donante era formar el Instituto de Investigaciones Históricas de Jalisco, aunque al final se formalizó como Archivo y Biblioteca de Autores y Temas Jaliscienses y se determinó como su sede la casa de Garibaldi, en el Barrio de Santa Tere.
El titular de la SC, Jesús Alejandro Cravioto, comentó a Agraz de la casa apenas era suficiente para albergar sus libros y documentos, por lo que le aconsejó construir una sala especial “aunque para ello se derribaría gran parte de los árboles frutales centenarios que ahí estaban”, dice el entrevistado. Y así se hizo.
Velasco y Hernández Larrañaga insisten que ellos desconocían las intenciones de Cravioto con respecto al acervo; nunca fueron consultados sobre la biblioteca de Agraz, quien durante muchos años trabajó para la Universidad Nacional Autónoma de México y logró reunir tal patrimonio, conformado por alrededor de 26 mil volúmenes y ocho archivos referentes a Jalisco, sus municipios y sus principales novelistas, poetas, cuentistas, estudiosos y escritores.
Los empleados de la SC que el pasado 27 de noviembre seleccionaban los libros estiman que el acervo sobrepasa la capacidad del recinto donde las autoridades pretenden colocarlos; aseguran que son alrededor de 60 mil volúmenes.
Mediante una solicitud hecha por el ciudadano Miguel Ángel Ramos Martínez a la Unidad de Transparencia de la SC, se reconoció oficialmente que la dependencia y su titular tenían conocimiento pleno del testamento de Agraz y que sólo estaban esperando la resolución del juzgado de lo familiar para que “el albacea y por lo tanto representante de la sucesión del finado Agraz García de Alba, una vez discernido el cargo, podría acordar con esta dependencia lo que en su derecho corresponde para los efectos legales a que haya lugar”.
Y aunque ningún juzgado otorgó el nombramiento del albacea correspondiente para llevar el acervo a la casa de la calle Garibaldi, los volúmenes fueron trasladados al Museo de Arqueología de Occidente sin que la fundación Archivo y Biblioteca de Autores y Temas Jaliscienses haya sido informada de manera oficial.
No sólo eso, según Hernández Larrañaga, al parecer Cravioto regaló a su antojo los archivos relacionados con la milicia a los militares.
Gabriel Agraz García de Alba, quien nació el 23 de marzo de 1926 en Tecolotlán, Jalisco, fue autodidacto. Aun cuando no cursó ni la primaria, solía trabajar por su cuenta en la revisión de los archivos civiles y parroquiales en su tierra natal. Incluso escribió un Esbozo histórico de Tecolotlán y un ensayo sobre Juchitlán.
Durante años, don Gabriel revisó documentos en medio centenar de bibliotecas y más de 100 archivos civiles y parroquiales para hacer luego la historia de los municipios de Jalisco. Además, en la Secretaría de la Defensa Nacional seleccionó más de medio millón de documentos y formó el Primer Archivo Histórico Militar de Jalisco. Fue uno de los especialistas en asuntos del estado de Jalisco, al que dedicó prácticamente su investigación durante sus 80 años de vida.








