Antonio Skármeta, autor chileno comprometido con la realidad política de su país, se interesa, en el exilio, en escribir sobre un fragmento de la vida del poeta Pablo Neruda. El autor de Ardiente paciencia, escrita inicialmente como obra de teatro, decide transformarla en novela, pero en el camino un amigo y productor de cine le propone adaptarla y que también la dirija. En 1983 la estrenan con el título de El cartero, y obtiene varios premios.
La obra de teatro que ahora protagonizan Ignacio López Tarso y Helena Rojo es una adaptación muy libre de la obra original que, a pesar de anunciarla con autoría de Antonio Skármeta, su crédito es omitido en los programas de mano y en la marquesina del teatro. Si bien el cobro de los derechos de autor no pasó por la Sogem e ignoramos los arreglos a los que llegaron los productores con el autor, la versión de El cartero es bastante lejana de las intenciones y el interés del autor.
El cartero de Salvador Garcini, el director, está llena de chistes improvisados para complacer al público, textos añadidos y, sobre todo, hay una ausencia total del trasfondo político de los setenta, y se elimina la palabra comunista para definir a Pablo Neruda como lo hace el autor.
La puesta en escena que se presenta en el Teatro Libanés resulta una comedia fácil, orillada a la farsa, más que a la comedia fina con la que se dio a conocer este autor. Si bien Ignacio López Tarso, con una memoria prodigiosa, y la primera actriz Helena Rojo mantienen el aplomo y la naturalidad, pero poca emotividad en su actuación, la pareja joven del elenco se queda en una interpretación superficial. Erik Elías, estrella de televisión conocido por sus telenovelas Ni contigo ni sin ti y En nombre del amor, que podría crear un gran personaje del cartero, por su proyección y encanto, se vuelve, por la orientación del director, un niñote que se retuerce las manos, enchueca los pies y fuerza la voz. El personaje no está trabajado más a profundidad, pues la principal intención es divertir. Ella, interpretada por Livia Brito, la joven de la que se enamora el cartero y Pablo Neruda le ayuda con sus poemas a conquistarla, resulta ser una chica con una perpetua sonrisa forzada, deseando resaltar su belleza e impidiendo sentir el proceso de enamoramiento hacia el cartero. Ambos quedan como dos ingenuos que creen en el amor que se genera a través de las palabras. El intento del autor es mostrar, a través de esta pareja y de la relación que surge entre el poeta y el cartero, el poder de las palabras, la capacidad de encontrar una forma diferente y más rica de ver el mundo.
En la anécdota de esta obra teatral, el cartero lleva la correspondencia al único habitante de la Isla Negra, Pablo Neruda, y gracias a su espíritu inquieto e interesado el poeta le comparte algunos acontecimientos significativos por los que pasa:cuando le proponen ser candidato a la presidencia de Chile, cuando declina y es elegido Salvador Allende, su nombramiento como Premio Nobel de Literatura 1917, y cuando deja la isla porque ha sido nombrado –dentro del gabinete de Allende– embajador en Francia.
La escenografía de José Larroa-Fink es utilitaria, más que estética, y la música de Los Beatles desvirtúa el aspecto político del que el autor y el poeta están impregnados.
La obra de teatro El cartero termina siendo una propuesta de entretenimiento y diversión, con una anécdota pequeña y actores de Televisa que llenan el teatro.








