Sólo recuerdos

Durante años, el inmueble que alberga al Museo Regional de Guadalajara fungió como sede de los eventos más relevantes de la vida cultural jalisciense, aseguran especialistas del INAH consultados por Proceso Jalisco. El museo contó incluso con el apoyo de una Sociedad de Amigos, conformada por 15 familias pudientes, cuyos integrantes montaron exposiciones singulares. Pero todo eso se acabó cuando, dicen, llegaron los panistas al poder. Hoy el edificio sólo vive de recuerdos.

El desmedido apoyo financiero de las autoridades del Estado y del ayuntamiento tapatío mostrado para la construcción del Museo Barranca de Arte Contemporáneo (Mubarac) contrasta con el desdén hacia el Museo Regional de Guadalajara que hoy se encuentra en el abandono por falta de recursos y mantenimiento.

Cinco de sus 14 salas están cerradas, por lo que su plantilla laboral, que hace tres lustros era de 175 empleados, se ha ido reduciendo de manera paulatina al paso de los año, mientras el inmueble está desmantelado, comenta a Proceso Jalisco Adolfo Domínguez, secretario general de la Sección II del Sindicato General de Trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Según el dirigente sindical, el recorte afecta por igual a museógrafos, serigrafistas, tinteros, pintores, restauradores y custodios, al grado que hoy el inmueble carece de las medidas mínimas de seguridad para proteger las piezas que están en exhibición, entre ellas el esqueleto del mamut de Catarina, así como vasijas y ornamentos prehispánicos además de otros objetos del periodo de la guerra de Independencia.

“El de restauradores era un gran equipo –dice –. Ahora ya no hay ninguno en el Museo Regional, incluso desaparecieron el laboratorio de restauración, el área de serigrafía, el departamento de carpintería y el de barniz. Según las autoridades federales era muy costoso mantener al personal.”

A ese abandono se le suman las “administraciones desastrosas” que, expone Domínguez, no parecen tener un proyecto de rescate y han optado por reprimir a los trabajadores por pertenecer a un sindicato distinto al que ellos proponen. Ello los lleva a suspenderle los descansos obligatorios al personal o bien a forzarlo a laborar tiempo extra sin el pago correspondiente.

Asegura que el museo sólo cuenta con 25 custodios divididos en dos turnos. Sin embargo tres están comisionados al sindicato que, de acuerdo con el entrevistado, cuenta con el respaldo oficial. También expone que el desorden en la institución es tal que son los propios trabajadores quienes se autorizan sus días de descanso y sus vacaciones con el consentimiento del director de la institución, Ricardo Ortega González.

Desaseo administrativo

 

En un oficio enviado a Ortega González el 25 de julio último, Domínguez le expresa claramente que el programa de retiro voluntario implementado por el gobierno federal en la primera década de este siglo afectó a la plantilla laboral, en particular a los custodios, por lo que tuvieron que diseñar una propuesta para trabajar tiempo extra en días de descanso para garantizar que todas las salas del museo estuvieran abiertas.

No obstante, dice Domínguez, ese proyecto se acabó un año después “por cuestiones presupuestarias”, según argumentó la autoridad. A ello se debe que ahora el jefe de seguridad del inmueble, Rainerio Vázquez, se pase la mayor parte del tiempo detrás de un escritorio o se ausente durante semanas del museo.

“Antes había personal del estado, hasta seis policías llegaron a haber las 24 horas del día; creemos que es una falta de gestión del director ante las autoridades del estado de suplicarles o rogarles que se reactive esa seguridad”, señala Domínguez.

Tal es el descuido que en una ocasión llegó al inmueble un grupo de personas a entregar un lienzo que los directivos del museo “les habían prestado”. Lo cierto, dice, es que no había ningún registro sobre la salida de la pintura. En otra ocasión, una vigilante salió a comprar unas cervezas y dejó abiertas las puertas del edificio.

Tonatiuh Godoy Vázquez, secretario de Trabajo y Conflictos de la misma sección  sindical, expone que se han cerrado en forma casi permanente cinco salas que albergan una pinacoteca de finales del siglo XIX que incluye también cuadros de Diego Rivera y Frida Kahlo.

“Maestros de aquí, de Guadalajara y del extranjeros nos reclaman a nosotros, como custodios, por qué las salas se encuentran cerradas”. Y comenta que, en promedio, 200 personas acuden al museo cada día; en temporada de vacaciones llegan hasta 4 mil visitantes.

Domínguez expresa que de 15 años a la fecha a los directores del Museo Regional les ha dado por organizar cocteles fuera de horario, así como eventos sin calidad cultural. Entre ellos el altar de muertos del mes pasado –dedicado a las lenguas muertas y vivas– que, dice, “fue una completa vergüenza”.

Durante años esa labor se encomendaba al especialista José Hernández. Pero en esta ocasión la ofrenda se montó dos días antes del 2 de noviembre y los coordinadores de custodios prefirieron cerrar la sala por la pena que les daba. El trabajo fue realizado por José Carlos Escobedo Arce, quien en su cuenta de Facebook se presenta como promotor cultural independiente.­

Domínguez menciona que hace años existía un convenio de servicio social con la Universidad de Guadalajara, pero los directores del Museo Regional eliminaron la partida presupuestal de apoyo para el transporte público que le daban a los estudiantes y se canceló en definitiva.

Resalta que el edificio vivió su máximo esplendor en la época en que existió la Sociedad de Amigos del Museo Regional de Guadalajara, conformada en su mayoría por empresarios tapatíos y benefactores que aportaban recursos económicos o ayudaban a recabarlos. No obstante, añade, hace más de 30 años que el inmueble no recibe mantenimiento y conserva la misma instalación eléctrica.

…Y llegaron los panistas

 

En 2010 el museo ejerció un presupuesto de 300 mil pesos; el año pasado se redujo a 260 mil. Con un recurso tan menguado para sus operaciones, Domínguez no duda en señalar que llegará el día en que el gobierno del estado les requiera el edificio, el cual se encuentra en comodato otorgado al INAH.

En la década de los setenta y hasta mediados de los noventa existió una agrupación de benefactores denominada Sociedad de Amigos del Museo Regional de Guadalajara integrada por familias adineradas de la perla tapatía; fueron 15 los matrimonios que le dieron vida a esa agrupación a través de múltiples eventos.

Héctor Baruqui, uno de los fundadores, considera ese capítulo se cerró cuando, desde la Ciudad de México, el INAH impuso a nuevo personal en la dirección del museo:

“No volvimos ninguno de los 15 matrimonios. Nombraron a una persona ajena totalmente a nuestro grupo, pero era un gran foro para Guadalajara porque ofrecíamos cosas importantes, conciertos y pintura, que pocas ocasiones veíamos en Guadalajara.”

Por su parte, Maya Navarro de Lemus, quien estuvo 15 años en el voluntariado del Museo Regional, refiere que en esa etapa la institución vivió una época de esplendor, nada comparable con lo que ocurrió después con los gobiernos panistas. Y aunque se dice apartidista, advierte que las administraciones del PRI le dieron un gran impulso al museo.

Se excusa por no recordar las fechas precisas, pero menciona las exposiciones de Guillermo Chávez Vega, Rufino Tamayo, Gabriel Flores y Francisco Zúñiga, además de la del Oro de Colombia, así como los altares de muertos del maestro José Hernández que dieron vida a las salas.

“Con las altares de muertos, nadie dudó que se hicieran los altares que hacíamos nosotros. Toda la capilla la convertíamos en altar de muertos, nada más teníamos que gastar en flores de cempasúchil”, afirma Navarro de Lemus.

Dice también que dejó el voluntariado del Museo Regional poco después de que el PAN ganara la gubernatura en 1994 con Alberto Cárdenas Jiménez. Con su salida se perdieron las conexiones de los benefactores, por lo que se desconoce qué pasó durante las administraciones panistas.

Cuando estuvo en activo, comenta, nunca tuvo problemas con el INAH, ni siquiera la vez que los trabajadores del museo se fueron a huelga. Precisa que se pintó todo el museo, se tapizaron las sillas del auditorio, incluso se compró una televisión “grandota”, un candil para la capilla, se rehabilitaron las puertas y se recuperaron las farolas que existían.

Para Cuauhtémoc de Regil, arquitecto del INAH, el deterioro del Museo Regional comenzó con el arribo del PAN al gobierno, tanto a nivel nivel federal como estatal.

“El tema de la cultura durante los pasados 12 años ha sido una total hecatombe; un asunto que ha caído a los niveles más lamentables con los gobiernos panistas. El gobierno federal se convirtió en un gobierno ignorante de las tradiciones que había tenido el Estado mexicano como su baluarte.

“Antaño (el país) era una referencia cultural en el ámbito latinoamericano; hoy ya no lo es, pues los gobiernos panistas hicieron mella”, dice.

Antes, insiste, el Museo Regional tenía una gran presencia local. Casi podía decirse que era el auditorio donde se efectuaban las acciones más relevantes de la vida cultural de Jalisco. Lamenta que hoy el estado carezca de una política relativa a museos.

De Regil admite que hacen falta más espacios. Incluso menciona el Museo Barranca de Arte Contemporáneo (Mubarac). Uno de los proyectos inconclusos que ha sido criticado por el dispendio que representa (Proceso Jalisco 420), aunque dice que desconoce si sus promotores tienen ya alguna colección de arte para exhibirla.

Adolfo Domínguez agrega que el director del Museo Regional está más preocupado por su ratificación en el cargo, prevista para enero próximo, mientras el director jurídico de la institución, José Guillermo Olveda García, busca convertirse en el próximo delegado, aun cuando no tiene el perfil.

“El museo ya vive del recuerdo. Hoy, las grandes exposiciones de China y Colombia, por ejemplo, se van a otros lados al ver las precarias condiciones de seguridad, dice el líder sindical”, añade.