Una nueva cooperativa obrera se suma a la de extrabajadores de Euzkadi en la región de La Ciénega: Tejidos Ocotlán surge de entre las ruinas de la otrora poderosa textilera de Isaac Saba, Industrias Ocotlán. Tras cinco años de conflicto, bienes por más de 307 millones de pesos les fueron adjudicados a los huelguistas. Ahora tienen el reto de superar sus diferencias internas y echar a andar 700 máquinas que estuvieron inactivas más de 60 meses…
Los extrabajadores de las Industrias Ocotlán, la otrora poderosa empresa de Isaac Saba, están contentos pero aquí y allá se les escapan gestos de incredulidad o de escepticismo: después de aproximadamente cinco años de huelga y procedimientos jurídicos, el pasado 11 de septiembre les fueron adjudicados varios edificios, más de 700 máquinas y un terreno de 48 mil metros cuadrados, con un valor de más de 307 millones de pesos.
Pero el acto protocolario de entrega aún no se realiza. Felipe Velázquez Hernández, dirigente de la Sección 8 del Sindicato de Trabajadores de la Industria Textil, Confección, Similares y Conexos de la República Mexicana (adherido a la CTM), asegura que su movimiento ya ganó, pero algunos de sus compañeros todavía ven lejana la posibilidad de que la planta recobre la capacidad de producción que tenía antes del 9 de mayo de 2007, cuando estalló la huelga.
El acuerdo para entregar los bienes a los huelguistas se firmó en la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje en la Ciudad de México. “Nos adjudicaron todos los terrenos, los edificios y desde una calculadora hasta las máquinas. Se trata de varios edificios techados con bóveda, con lámina galvanizada o de asbesto… instalaciones y más de 700 máquinas en condiciones de producir”, enfatiza en entrevista Velázquez Hernández.
Narra que en este lustro cientos de familias de la región Ciénega quedaron arruinadas y ocho exempleados fallecieron mientras esperaban el pago de sus liquidaciones. De los 460 que iniciaron la huelga, quedan 429: “26 exempleados de confianza, 22 que pretendían salir antes de la huelga, 18 eventuales y el resto sindicalizados. La mayoría tienen entre 45 y 50 años”.
Asegura que, tan pronto se les adjudicaron los bienes, los extrabajadores decidieron constituirse en una cooperativa que denominaron Tejidos Ocotlán, con lo cual creen que la fábrica podrá reanudar la producción en julio de 2013. “El plan no es para nosotros, es para los hijos. Es obvio que a la Cooperativa Tejidos Ocotlán no se le ve futuro en manos de nosotros, porque ya nos ven cansado o grandes, pero para los hijos sí”, dice esperanzado.
Velázquez Hernández aclara que para lograr esa meta necesitan de un apoyo de 180 millones de pesos, que gestionarán con los gobiernos federal y estatal, a fin de invertirlos en infraestructura. Sólo así pueden echar a andar las 700 máquinas “recuperadas”, que se mantuvieron inactivas más de 60 meses. “Ya empezamos a darles mantenimiento; estamos limpiando y barriendo las instalaciones. En febrero se espera terminar la primera fase de atención y mantenimiento a toda la planta”.
Anuncia que el 12 de diciembre los cooperativistas convocarán a la gente de Ocotlán y de municipios cercanos a una misa oficiada por el obispo Rafael Martínez Sáinz, para agradecer su apoyo durante su huelga.
Ya con la planta en funcionamiento, afirma el líder, se volverá a fabricar más de 100 de los artículos que producía: “Hablamos de mascota, mascotín, gabardina, cortinería, y una gama de artículos que la gente ya demanda porque recuerda la calidad de las mercancías que se elaboraban en Industrias Ocotlán”.
Comenta que en el extranjero se vendían bien las tafetas, el nylon y las telas para forros y otros acabados para confeccionar, por ejemplo, vestidos de novia.
Los empleados con más antigüedad laboral en esa fábrica aseguran que entre los setenta y los noventa del siglo pasado, Industrias Ocotlán era una de las textileras más importantes de México y de América Latina.
Algunos no comparten el optimismo de Velázquez Hernández, ya que al estallar la huelga esa planta contaba con más de mil máquinas, de las cuales consideran que sólo 100, o 150 cuando mucho, están en condiciones de producir. Con esa infraestructura no se pueden alcanzar resultados comparables a los de antes.
Según los cooperativistas consultados, a Isaac Saba le faltó visión y erró al escatimar inversión en maquinaria para enfrentar a la competencia china, que terminó hundiendo al emporio que llegó a producir 420 mil metros cuadrados de textiles por semana.
Las disputas internas
“Todavía tenemos las banderas de huelga. No podemos quitarlas hasta que no se hagan las mediciones y se den de alta los terrenos y edificios ante el Registro Público de la Propiedad. Tenemos registrada la adjudicación, pero falta hacer lo mismo con la escritura; en eso estamos”, comenta Velázquez Hernández.
“La parte patronal nos ha dicho que no entregarán las facturas porque no las tiene, y que tampoco entregará escrituras –prosigue el líder sindical–, pero eso no nos preocupa porque la ley establece que, en rebeldía del patrón, la autoridad laboral queda en facultad de firmar la entrega de bienes”. Aun así, afirma que la representación de Saba y la dirigencia sindical firmaron el acuerdo en términos amistosos.
Otra suerte corrió la relación con los trabajadores de la Euzkadi, quienes brindaban asesoría a los trabajadores textiles. Velázquez Hernández admite que ellos se retiraron cuando se dio de baja al anterior líder de la sección sindical, Claudio Martínez, por varias acusaciones: “Ellos (Martínez y los sindicalistas de la Euzkadi) apoyaron a los charros, y cuando llegamos se fueron ellos, lamentablemente. Nadie los corrió”.
Abunda: “Se fueron porque sabían que conmigo no iban a hacer equipo. A Claudio se le debe su liquidación porque nunca volvió a las oficinas ni a las guardias, pero se le pagará, porque se fue desde el 10 de marzo de 2010. Salió expulsado de una asamblea y ante el secretario nacional del gremio. A mí me eligieron el 7 de marzo de 2010”.
Sin embargo, en entrevista con Proceso Jalisco, Federico Martínez, integrante de la directiva de la Cooperativa de Trabajadores Democráticos de Occidente (el que fuera sindicato de Euzkadi), afirma que desde hace dos años decidieron retirarse de Ocotlán ante los problemas internos de los textileros por el rumbo que llevaba la huelga y la discrecionalidad que marcó desde el principio la gestión de Velázquez Hernández en la Sección 8.
A pesar de la falta de transparencia que le reprochan a este líder sindical, Martínez dice que su organización le desea pleno éxito a la nueva cooperativa, ya que la forman trabajadores a los que ellos apoyaron por más de tres años.
Otros trabajadores consultados señalan que una decena de exempleados de Industrias Ocotlán tienen suspendidos sus derechos sindicales por cuestionar a la dirigencia actual y temen que el anuncio de la reapertura de la planta y la conformación de la cooperativa sea una falacia para dividir al movimiento.
Sin embargo, Velázquez Hernández alega que el exlíder del sindicato, Claudio Martínez, y su comité argumentaban que tanto el edificio como los terrenos de Industrias Ocotlán no podían quedárseles a los huelguistas porque eran propiedad de un banco. “Eso no era cierto; y lo decían con el respaldo del abogado de Euskadi, Pablo Franco, y de la gente de Jesús Torres y Enrique Gómez.
“Nosotros teníamos información de que los terrenos y las fincas sí eran propiedad de Industrias Ocotlán y que en su momento dado los íbamos a adjudicar en favor del movimiento, tal como ahora sucede”.
El estilo Saba
En cinco años, los trabajadores de la textilera de Isaac Saba Raffoul realizaron decenas de manifestaciones en el municipio de Ocotlán. Otras movilizaciones se desplazaron hasta la Ciudad de México, donde los huelguistas protestaron frente a la Casa Saba, distribuidora de productos farmacéuticos también perteneciente a su entonces patrón, quien falleció en julio de 2008.
Sindicalistas que trabajaron con el empresario desde la década de los sesenta relatan que Isaac Saba operó durante más de 46 años en La Ciénega, donde empezó a producir textiles con máquinas de segunda o material de desecho que compraba a la firma Celanese y a otras industrias.
En su mejor momento, Industrias Ocotlán empleaba a más de 2 mil personas y sus productos se exportaban a varios países, sobre todo a europeos, así como a Estados Unidos y Canadá.
En 2007 la revista Forbes ubicaba a Isaac Saba como el sexto hombre más rico de México y el número 573 del mundo, pues su fortuna se calculaba en 2 mil 100 millones de dólares (Proceso Jalisco 208). Cuando murió a los 83 años, su familia apostaba por la apertura de la tercera cadena nacional de televisión.
Ese mismo año la Casa Saba logró ventas superiores a 25 mil millones de pesos en América Latina. Y mientras el empresario presumía de grandes logros en el mundo empresarial, sus abogados y su personal de confianza preparaban la quiebra ficticia de Industrias Ocotlán, como denunciaron sindicalistas entrevistados por este semanario en noviembre de 2008.
Como testimonio de la situación que padecieron los exempleados de Saba, se le mostró al reportero la foto de un huelguista que durante la temporada navideña se disfrazaba de Santa Claus y se fotografiaba con niños por 20 pesos, a fin de obtener recursos para el movimiento. Entre tanto, los Saba anunciaban una coinversión de 25 millones de dólares con Telemundo para impulsar la creación de otra cadena de televisión en México, pero el intento quedó truncado por la presión de Televisa y TV Azteca, que se unieron en una feroz campaña de desprestigio contra los Saba.
Ya en el conflicto laboral de Industrias Ocotlán, Isaac Saba difundía en los medios de comunicación que no podía aportar más de 36 millones de pesos para liquidar a 460 empleados. Después aumentó su oferta a 50, cuando los sindicalistas demandaban 260 millones por sus liquidaciones.








