Partidero

Ahora sí que sin despeinarse, Raúl Padilla López, El Licenciado –como se refieren a él, a punto de la reverencia, sus cercanos–, dueño desde hace casi un cuarto de siglo de todo el territorio, haberes y economía de la Universidad de Guadalajara y colindancias, se queda, en lo político por lo pronto, con prácticamente todo el estado. Su poder en Jalisco, como su ambición desmedida, no conoce límites ni trabas. Como ya se da cuenta en nota aparte, se queda con el control del Poder Legislativo –señaladamente en la actual LX Legislatura– al prevalecer, de una u otra forma, su mano sobre las más importantes comisiones y buena parte de los diputados, conscientes o inconscientes, de todas las corrientes políticas, incluido el PAN, que hasta antes de la pasada Legislatura había sido el más repelente al predominio padillista. Baste recordar que fue el diputado de ese partido José María Martínez Martínez, quien impulsó al exrector para un reconocimiento especial del Congreso como “promotor cultural”. En el PRI, Raúl Padilla opera ya desde hace mucho rato a través de personajes distintos, pero ahora lo es su propio hermano, Trino, quien lo encarna y se encarga de cuidar rancho. En cuanto al Poder Ejecutivo, el gobernador electo Jorge Aristóteles Sandoval, quien como activo militante y en alguna medida parte que fue de la dirigencia de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), fundada por aquél, le debe al menos cierta pleitesía, razón por la cual habrá de negociar determinadas posiciones y decisiones en lo general… o respetar sus “sugerencias”. Por lo que respecta al otro poder, el Judicial, El Licenciado, tiene al menos dónde ir desembarcando: el Consejo de la Judicatura y algunos juzgados. En suma, si los vientos que ahora soplan en popa continúa igual, como parece, pero deseo equivocarme, habrá hartazgo de poder para algunos, muy pocos, porque si no lo es ahora, no sé cuándo. ¿Puede alguien imaginarse el futuro de Jalisco?

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En la designación del cardenal José Francisco Robles Ortega como presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), los prelados católicos del país entendieron bien las señales que les envió el papa Benedicto XVI a través de las diversas distinciones y cargos que le ha encomendado –entre ellos, el de ser uno de los tres vicepresidentes del recién concluido Sínodo de Obispos celebrado en el Vaticano–: darle todo el apoyo para que pueda posesionarse cada vez mejor como titular de la sede arquidiocesana tapatía que durante casi 18 años (mayo de 1994-febrero de 2012) rigió un cardenal tan claridoso como poderoso: don Juan Sandoval Íñiguez, quien se quedó a vivir como si nada en la residencia oficial del arzobispado, en San Pedro Tlaquepaque. Por cierto, con la elección de Robles Ortega se rompe la tradición de la CEM de nombrar al secretario general; en este caso le hubiera tocado a Rogelio Cabrera, quien a principios de diciembre asumirá como sucesor de Robles, en la sede de Monterrey.

 

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En sus promociones para suscriptores, dos diarios locales otorgan cupones o tarjetas para descuentos que van de 10 a 15% o más en establecimientos como tiendas y restaurantes. Cuando el jueves 8 una pareja se presentó el respectivo instrumento de rebaja en la cadena estadunidense de franquicias Chilli’s, en el centro comercial La Ciudadela, en Guadalajara, los empleados simplemente le hicieron a la pareja de chivo los tamales: “Que sí, que ahorita le descontamos; que la mesera, que el cajero, que el gerente, que ya estaba incluido el descuento”. Pero nada. Se hicieron las cuentas conjuntamente y se comprobó que no había tal. En fin, los responsables de aplicarlo se hicieron bolas y nada resolvieron a favor de los clientes del restaurante que opera la empresa Las Nuevas Delicias Gastronómicas, S. de RL de CV, con domicilio en Havre número 30, colonia Juárez, Delegación Cuauhtémoc, Ciudad de México. Todo fue cuento. Cosa similar ocurrió a otros comensales en la cadena Carl´s Jr, se queja un ama de casa: “En la publicidad del periódico se asienta que en dicho lugar se hace un descuento de 15% al presentar la tarjeta correspondiente. Compré para mi hija una hamburguesa que me costó 115 o 120 pesos, no recuerdo exactamente cuánto. Total, únicamente me descontaron cinco pesos. Es una burla”. ¿Quién estará fallando?

 

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