Prolífico compositor de música sacra y profana, Domingo Lobato Bañales murió el pasado lunes 5. Este singular michoacano que llegó a Guadalajara en 1946 formó a infinidad de músicos a su paso por instituciones como la Escuela de Música de la UdeG y en el arzobispado. Entrevistado hace siete años por Proceso Jalisco el maestro se quejó porque, dijo, aquí no hay condiciones para que el arte se desarrolle, “por eso estamos en la calle”.
Alumno destacado del maestro Miguel Bernal Jiménez, prolífico compositor de música profana y sacra, fundador y director durante 18 años de la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara (1956-73) a invitación de José Guadalupe Zuno Hernández, Domingo Lobato Bañales falleció en la capital tapatía el lunes 5.
Hace siete años la UdeG, donde impartió cátedra la mayor parte de su vida, lo declaró maestro emérito. Por esas fechas Lobato comentó a Proceso Jalisco: En materia de arte “estamos en la calle”. Y añadió que aquí no hay condiciones, razón por la cual hay pocos talentos.
Nacido el 4 de agosto de 1920 en Morelia, Michoacán, Lobato recibió distintos homenajes luego de su muerte, tanto en la universidad como en el arzobispado, toda vez que, entre otras materias, impartió clases de composición y canto gregoriano en la Escuela de Música Sacra durante más de 65 años.
En una entrevista concedida a Javier Ramírez hace siete años para este semanario, Lobato contó la manera en la cual, siendo niño, se incorporó al coro de Los Niños Cantores de la catedral de Morelia y de cómo, años después, junto con otros 12 quinceañeros, fue preparado por Bernal Jiménez en composición, órgano y canto gregoriano, recién llegado de Roma el fundador de tan famoso coro en el cual se formó. De aquel grupo, dijo, sólo dos compañeros se graduaron con él: Alfonso Vega Núñez y Guillermo Pinto Reyes.
Lobato llegó a la capital de Jalisco en 1946 a invitación del entonces director de la Escuela de Música Sacra, el padre Jesús Aréchiga, y por recomendación del propio Bernal, quien fuera compañero del sacerdote en Roma, donde ambos estudiaron música.
La razón que lo trajo a Guadalajara, donde pasó el resto de su larga vida –92 años–, fue que Aréchiga se había quedado sin dos maestros: Ramón Serratos y José Rolón, quienes habían sido nombrados directores de la Escuela de Música de la UNAM y del Conservatorio Nacional de Música, respectivamente.
A lo largo de su vida, Domingo Lobato compuso más de 100 obras, algunas sin estrenarse aún. En su vertiente sacra, hizo motetes, oratorios, misas y una ópera corta basada en El Cantar de los Cantares.
De música profana compuso sonatas, ensambles, obras para piano y música sinfónica, “aunque no propiamente sinfonías, sino poemas sinfónicos, como El Valle de los árboles muertos, para guitarra y orquesta que trata el asunto de que en México no estamos cuidando la ecología”, según declaró el mismo maestro, quien prácticamente dominó todos los géneros musicales: desde el clásico hasta lo regional y folclórico.
En la entrevista con Javier Ramírez, Lobato aclaró que “no necesitamos tomar melodías ya hechas, sino sus raíces” (Proceso Jalisco).
–No como Blas Galindo –le preguntó el reportero, en alusión al músico jalisciense.
–No necesariamente como ellos. Para mí, el mejor músico mexicano es Silvestre Revueltas. Yo abordo otro tipo de música mexicana, que creo que tiene alguna singularidad. Y después seguí algunas corrientes enteramente contemporáneas, como el atonalismo, el politonalismo y el serialismo.
“La música ha sido mi profesión, mi vida, mi mensaje. Como cualquier individuo que se entrega a su labor y la desarrolla sin cortapisas partidista ni regionalista y a veces ni nacionalista. Es una entrega al arte por el arte”, externó quien fuera maestro de pianistas como Leonor Montijo, Carmen Peredo y Elena Camarena y de los organistas Javier Hernández y Hermilio Hernández, ya fallecido también, entre otros.
En esa ocasión Lobato se lamentó también del poco impulso que recibe la música selecta en México. En contra de lo que sucede en Europa, dijo, aquí los particulares, los empresarios, no invierten en arte.
“Aquí ¿dónde está el mecenas? Estamos en la calle, y lo estamos porque falta cultura general”, enfatizó.
–¿Considera que aquí no hay condiciones para el desarrollo artístico? –le insistió Javier Ramírez.
–En todos los órdenes. Vea dónde están (los pintores) Soriano y Anguiano. El talento nace, se desarrolla, se propaga. El talento no es una floración espontánea, tiene que cultivarse. Cuando hay un impulso se le puede pedir más (al artista), pero ¿cuando no hay nada?
Domingo Lobato Bañales fue despedido el martes 6 en el Templo Expiatorio con una misa solemne celebrada por el arzobispo, cardenal José Francisco Robles Ortega, con música y cantos de la autoría del maestro que hizo época en la tierra que lo acogió junto con su esposa Adela Camargo López, con quien procreó 13 hijos.
Prácticamente ciego durante los últimos años a causa de la diabetes, Lobato no dejó de tocar su piano hasta que cayó enfermo y murió.








