La muerte de Efraín González Morfín, el domingo 21, impone una reflexión sobre lo que han significado los distintos actores en la democracia en México, así como la necesidad de ubicar la participación histórica de los partidos políticos y sus personajes. Para el caso, aún no logra dilucidarse con claridad el perfil de Acción Nacional, sobre todo en la alternancia, al pasar de la participación testimonial a la descarnada lucha electoral.
El padre de González Morfín fue protagonista, al lado del arzobispo de Guadalajara José Garibi Rivera, del desprendimiento de lo que sería el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), movimiento de origen jesuita, con el que seguramente el joven simpatizaba. Su formación social proviene de espacios de la educación superior de esa orden religiosa, en la que también cursó la educación básica.
La posición de González Morfín debemos verla no solamente desde el ámbito estrictamente personal de un personaje de gran conocimiento y cultura, sino también como parte de un eslabón más dentro de la tradición conceptual política –ideológica, si se quiere– de esa corriente histórica del país.
Si hemos de tratar de entender a México desde el ángulo de don Daniel Cosío Villegas, que consideraba al PRI y al presidente de la República como los dos pilares del sistema político, entonces habríamos de concluir que Acción Nacional vendría a ser la otra cara de dicho sistema.
Símil geográfico, que se entiende porque el PRI surge, por un lado, como la síntesis de pensadores liberales y socialistas, además de integrar a líderes de distinto origen y formación en la década de los veinte, elementos que cargarían durante toda su historia y que le han generado no pocas fricciones internas en el afán de mantener su estructura. La génesis de Acción Nacional, por su parte, entraña la incorporación de organismos seculares católicos como la Acción Católica de la Juventud Mexicana, que en algunas vertientes alimentó también a movimientos radicales como el cristero. Aunque con clara inspiración religiosa, Acción Nacional por decisión de sus creadores nunca fue un partido católico como sus primos de América Latina; mantuvo siempre una posición laicista por más que muchos de sus miembros fueran obstinadamente católicos.
Los referentes políticos del PRI-gobierno que influyen en la creación del PAN son sin duda la de los movimientos de izquierda, concretamente el gobierno de Lázaro Cárdenas, marcadamente sus contenidos de educación universitaria. Así, por ejemplo, en la UNAM se presenta la lucha por la autonomía y la libertad de cátedra, en la que, junto a José Vasconcelos, aparece como personaje destacado Manuel Gómez Morín, cerebro y creador del partido. Por otro lado, en Jalisco es notoria la definición del autlense Efraín González Luna en el conflicto universitario local.
Si bien debe decirse que dichos personajes, los fundadores del PAN, participaron y se definieron por la concepción antisocialista o, si se quiere, antigobiernista, nunca promovieron la lucha violenta. Más bien se destacaban por su conocimiento, cultura, humanismo y posiciones pacifistas. Para la época de la fundación de Acción Nacional, en 1939, González Morfín tenía 10 años. Dichos eventos debieron dejarlo marcado; además, ¿cómo podría ser ajeno a la influencia de un personaje de la estatura intelectual y política de su padre?
Sin embargo, se habría de conocer su liderazgo y su sólida formación, sin duda con gran influencia paterna, en la década de los sesenta, bajo esa figura religiosa que cambió al mundo: el Papa Juan XXIII, con su encíclica Pacem in Terris y, sobre todo, con la convocatoria y apertura del Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, que vino a revolucionar no sólo la teología y los cánones, sino incluso la formalidad centenaria de la Iglesia católica, que abarcó desde el ritual en que el sacerdote oficiaba de espaldas a la feligresía y oraba en latín, para hacerlo de frente y en español y convertir sus cantos en populares, así como la arquitectura de las iglesias para, convertirlas en espacios abiertos e iluminados.
Ahí está la raíz de la transformación o, si se quiere, de la reconstrucción de principios de Acción Nacional que con un bagaje claramente social; algunos llegaron a catalogar de izquierdismo que, en una aparente contradicción con los creadores del partido, impulsaron Adolfo Christlieb Ibarrola y sobre todo Efraín González Morfín.
El giro fue tan fuerte y dramático que dentro y fuera del PAN generó desconcierto, al extremo de que la posición del propio líder del partido (Christlieb Ibarrola) fue tachada de comunista en su propuesta solidaria con el movimiento estudiantil de 1968. Dicha posición generó además una contradicción en las corrientes progresistas de los otros partidos, que sintieron se les arrebataban las banderas sociales por quienes ellos consideraban conservadores.
La coherencia de pensamiento de dichos personajes se manifiesta en la historia posterior de su partido, misma que sostiene González Morfín cuando asume el liderazgo del PAN. Sin embargo, como era de esperarse, las corrientes pragmáticas hicieron alianza con las conservadoras y lucharon para recuperar lo que creían les pertenecía, la conducción de su partido por los caminos de los intereses y las posiciones de tradición católica conservadora.
A la luz de lo que es ahora Acción Nacional y su desastrosa actuación como gobierno, se observa su historia como una ruta de grandes contrastes y conflictos, en la que habiendo sacrificado a sus mejores hombres no encuentra el equilibrio entre la posición que ellos llaman moral y el pragmatismo. Así, a la distancia, no podemos dejar de observar las decisiones conceptuales bajo los valores de la honestidad que el propio partido construyó, una posición testimonial para marcar las grandes fallas de sus antípodas del PRI, destruida en su ejercicio de gobierno bajo los intereses de un utilitarismo ramplón.
Incorporar sin conflicto al epistolario partidista el legado de los grandes personajes que emanaron de él, es el desafío del PAN para lograr la coherencia entre su prédica y la acción, bifurcación que se antoja imposible de superar para reunir en una sola corriente las aguas sin aparecer como contradicción. El mayor reto será incorporar el legado de González Morfín sin que tenga sentido utilitario. Asumir al personaje con sus ideas y sus acciones coherentes, que podrían convertirse en ejes de una nueva visión de la propuesta política de ese partido, en la búsqueda de la ruta extraviada y el regreso a sus orígenes inspirados en la ética católica, la doctrina social de la Iglesia y la solidaridad social.
* Analista y consultor político








