La crisis general del país está a punto de extinguir a los prestigiados talabarteros de Atoyac, pero los golpes definitivos los asesta la violencia del crimen organizado, que impide a los productores llevar sus mercancías a su mercado tradicional: las ciudades de la frontera norte. Por si fuera poco, los artesanos acusan al exalcalde Gerardo Hermosillo de haberlos bloqueado durante su gestión.
ATOYAC.- Reducidos a su mínima expresión, los talleres de esta cabecera municipal que desde hace más de 80 años son famosos por fabricar cintos y bolsos artesanales, vistosos y de buena calidad, sufren las consecuencias de la inseguridad y la crisis económica que golpea la región centro-occidental del país.
Hace tres años, en este pueblo 80 empresas familiares se dedicaban a la talabartería, pero en octubre pasado ya habían desaparecido al menos 50 de ellas, y las que permanecen lo hacen a puertas cerradas: sus máquinas sólo se mueven cuando el dueño consigue algún pedido firme. Mientras tanto, máquinas, herramientas y materia prima se llenan de polvo sobre las mesas y los estantes.
Atoyac está en el sur del estado, a menos de 70 kilómetros de Guadalajara. Aunque el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) le atribuye 8 mil habitantes, cerca de la mitad emigró a Estados Unidos ante la falta de empleo. La mayoría de la población que se quedó está dedicada a labores del campo.
Varios lugareños guían al reportero hacia los talleres de talabartería que aún funcionan. Para verlos es necesario convencer a los propietarios, algunos de los cuales solicitan la identificación de Proceso Jalisco antes de dar la entrevista, pues temen sufrir un ataque de la delincuencia organizada.
El artesano Germán Gutiérrez González, de más 50 años, dice que la suya fue la segunda generación de talabarteros del pueblo y que en el mejor momento de su negocio le daba trabajo a 17 personas. Ahora, informa, sólo trabaja allí la familia, pues la fabricación de cintos y bolsos es más selectiva y lenta.
En los estantes improvisados del negocio de Germán se exhiben cintos labrados o cincelados a golpe sobre el cuero de res o de alguno otro animal. Aclara: “Estos se elaboran a mano. Cada dibujo, cada figurita es un golpe sobre la piel que se labra, para ello se usan diversos troqueles”.
También tiene fajos decorados con formas del arte huichol y bordados a mano por artesanos de esa etnia.
El precio de los cintos depende del trabajo invertido en ellos; algunos no cuestan más de 60 pesos, pero los que requieren de mayor elaboración y exigen hasta cuatro horas de labor, llegan hasta los 350 pesos.
“Antes se hacían grandes cantidades de cintos. Se iba uno a la región de la frontera y allí se vendía la mayoría de nuestros productos. Nos trasladábamos a la ciudad de Tijuana, Baja California, Piedras Negras, Coahuila, Ciudad Juárez, Chihuahua, y otras. Pero el aumento de la violencia nos obligó a detener los viajes; ahora sólo salimos a los pueblos cercanos, dentro de Jalisco, para vender la mercancía por piezas y no por docenas, como antes.”
Gutiérrez afirma que cada semana varios de los talleres sacaban al mercado hasta 100 docenas (mil 200 fajos), pero actualmente hay meses en que se dedican a vender la producción rezagada.
La violencia impide vender
Otro productor, Andrés Coss y León, asegura que los constantes atracos y la falta de seguridad para salir a otras ciudades a ofrecer sus artículos los obligan a encerrarse en Atoyac, lo que reduce sus posibilidades de venta.
A decir de los entrevistados, la inseguridad que antes veían en otros estados afecta ya a su municipio. El pasado 9 de marzo, decenas de narcobloqueos provocaron la alerta generalizada en todo Jalisco. Ese día, al menos nueve vehículos fueron incendiados sobre la carretera libre Guadalajara-Ciudad Guzmán, en el crucero, a dos kilómetros de Atoyac.
Otro bloqueo tuvo logar el mismo día en el kilómetro 2 de la carretera Sayula-San Gabriel, poco después de las 14:00 horas. Provocó que decenas de pasajeros quedaran varados durante horas en Ciudad Guzmán, Atoyac, Sayula y Zacoalco.
Fue la reacción del Cártel de Jalisco Nueva Generación ante la captura de Erick Valencia, El 85, reconocido como uno de sus líderes. Versiones extraoficiales indican que los bloqueos fueron orquestados para permitir la huida de Nemesio Oseguera, El Mencho, señalado como cabecilla de la organización criminal.
Sobre el factor de la violencia, Andrés Coss recuerda que algunos artesanos de Atoyac han sufrido pérdidas en la franja fronteriza del norte: “A uno de nuestro compañeros le quitaron la camioneta con todo y la producción… un asunto de ese tipo puede mandar a la quiebra a cualquiera de nuestros talleres, porque dependemos de lo que se fabrica y se vende al día”.
Al respecto dice Germán Gutiérrez: “Si me pregunta a ciencia cierta cuándo inició el problema de la gran inseguridad para transitar en las carreteras o en la zona de la frontera, le puedo decir que ni me acuerdo. Cuando nos dimos cuenta del grave problema era porque ya lo teníamos encima; desde entonces no lo hemos podido superar y nos tiene atorados”.
A decir de Coss y León, a causa de los frecuentes asaltos, los secuestros y el pago de peajes a la delincuencia, “la venta se nos cayó de un 50 a un 60%… nos trasladamos a Guadalajara para acomodar nuestros productos sin necesidad de enfrentar grandes riesgos; es una ciudad más cercana, el camino es más cómodo, pero el problema es que debemos bajar los precios y sacrificar ganancias”.
El talabartero asegura que el mayor mercado para la venta de las mercancías de Atoyac siempre fue el norte del país, y la talabartería representaba más del 50% de los ingresos de las familias de Atoyac. Además de las decenas de talleres que existían en el municipio, también había una creciente demanda de mano de obra y se generaban decenas de empleos.
A su vez, Gutiérrez González recuerda que hace años, cuando el negocio estaba en su apogeo, 27 artesanos fundaron una cooperativa, gracias a la cual varios productores lograron realizar proyectos como la promoción común de sus ventas y la adquisición de materia prima en grandes cantidades para que fuera más barata.
Sin embargo, ahora la cooperativa permanece sólo formalmente y en algunos aspectos ya no opera. En realidad, observan, la cooperativa surgió de una iniciativa planteada por estudiantes del Tecnológico de Monterrey, pero los gobiernos municipal y estatal no los están apoyando.
Coss y León confirma que la situación de la talabartería en Atoyac está próxima a la quiebra generalizada, ante la falta de ventas, de apoyo y de estímulos para preservar esta tradición del sur de Jalisco.
Particularmente, reitera, la falta de estímulos históricamente los ha afectado a estos productores y durante los últimos años el único beneficio que lograron fue exhibir sus productos en la Casa de las Artesanías Jaliscienses y en algunas ciudades de Estados Unidos, aunque estas actividades no se reflejaron en un aumento de las ventas.
Añade que la autoridad municipal que concluyó sus actividades en septiembre pasado, lejos de buscar apoyos para los talabarteros locales, se dedicó a bloquearlos. “De las últimas administraciones, la que acaba de salir y que encabezaba el alcalde Gerardo Hermosillo, ha sido la peor de todas”.
Proceso Jalisco buscó a Hermosillo y a excolaboradores suyos para conocer su versión sobre estas críticas, pero ninguno de ellos aceptó una entrevista.
Gutiérrez González señala que los pequeños empresarioss tienen la esperanza de que las nuevas autoridades les ofrezcan apoyo para que esta actividad siga caracterizando a Atoyac.








