Con una preocupante indiferencia ante la necesidad de renovar y democratizar la gestión gubernamental de la cultura, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) regresa al poder con el lamentable compromiso de continuar y fortalecer el modelo panista del presidente saliente Felipe Calderón. Nombrada el jueves 4 coordinadora de Cultura del equipo de transición del presidente electo Enrique Peña Nieto, María Cristina García Cepeda sintetiza 35 años de experiencia en el sector público manifestando su interés “para que haya una continuidad en el área cultural a corto, mediano y largo plazo” (Proceso 1875).
En lo que se refiere a la administración gubernamental de las artes visuales calderonista, la gestión de Consuelo Sáizar al frente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) necesita numerosas reestructuras. Para empezar, es indispensable diseñar un modelo de rendición de cuentas que exija la evaluación del desempeño del presidente del Conaculta. Con base en la solicitud de información 1114100004012 presentada ante el Sistema Infomex del gobierno federal, Sáizar no es sujeto de esta evaluación ya que su rango no se inscribe en los términos del artículo 5º de la Ley del Servicio Profesional de Carrera. Ante esta limitante legal, ¿cuál es la autoridad o instancia encargada tanto de evaluar al responsable del Conaculta como de informar a la ciudadanía sobre el cumplimiento de sus metas y pertinencia de las erogaciones que aprueba?
Otro rubro urgente que requiere una nueva normativa es el relacionado con el mercado del arte. Además de haber fomentado el corporativismo artístico a través de eventos con agentes especializados y subvenciones a galeristas de hasta 1 millón de pesos para asistencias feriales (Proceso 1844, 1850, 1864), Sáizar aprobó diversas adquisiciones bajo el esquema de contrato de prestación de servicios profesionales por adjudicación directa. En concreto, me refiero a los artistas que, según la solicitud de información 1114100007212, participan en el proyecto La Ciudadela. Ciudad de los Libros: Betsabée Romero, instalación escultórica para la crujía del acervo de José Luis Martínez, 166 mil 750 pesos; Perla Krauze, proyecto tridimensional para el espacio del fondo bibliográfico García Terrés, 237 mil 126.71 pesos; y Alejandra Zermeño, tríptico escultórico para el fondo Castro Leal, 246 mil 779.87 pesos.
Esta última adquisición es especialmente cuestionable tanto por la diferencia de trayectoria artístico-profesional en relación con Romero y Krauze como, también, por la marcada influencia –casi copia– que tiene Zermeño con la propuesta del excelente artista Héctor Velásquez. Si la gestión de Sáizar se realizara con base en parámetros democráticos, estas adquisiciones –al igual que las puertas y muro de Paloma Torres que se encuentran en el controvertido y recientemente inaugurado Centro Cultural Elena Garro– se habrían seleccionado con base en concursos.
La continuidad que anuncia García Cepeda –mejor conocida como Maraki– incrementa su impertinencia al relacionarse con las excesivas becas para creadores que promovió Sáizar, con la falta de programas de circulación para la producción y con la ausencia de prestigio internacional para la mayoría de los museos mexicanos que exhiben arte moderno y contemporáneo.
Formada en la burocracia cultural priista, Maraki ha evidenciado que ignora la urgencia de reinventar la identidad, función y gestión del arte en el contexto de una política de Estado democrática.








