Desvinculación entre mayas antiguos y actuales: Ortiz Lanz

El arquitecto José Enrique Ortiz Lanz, nacido en Mérida, pero de familia campechana, es el responsable del proyecto museográfico del Gran Museo del Mundo Maya. Fue coordinador de Museos y Exposiciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia de 2001 hasta 2009. Para dar a conocer el proyecto del nuevo recinto, que busca reconstruir la identidad maya con todos los recursos posibles –incluido el del espectáculo, “que tiene un enorme peso sobre nuestra imaginación”–, Proceso lo entrevistó ampliamente en la capital yucateca. En el texto se suprimieron las preguntas para dar a su explicación sobre el sentido del recinto mayor concreción y fluidez, a la manera de un monólogo.

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Pocas veces en México nos dan el tiempo para hacer un museo bien planeado. Imaginarlo, reflexionar en su propósito, definirlo. Creo que éste es un museo que ha tenido oportunidad de madurar porque el equipo que ha participado en su realización –un equipo compuesto por cincuenta asesores, entre arqueólogos, antropólogos, historiadores y profesionales de otras disciplinas– estuvo analizando, discutiendo, trabajando mucho tiempo. Más de un año y medio, ya como equipo.

Éste es uno de los pocos museos del país que se hacen a partir de un estudio de público previo a su diseño y ejecución. ¿Esto qué quiere decir? Bueno, en México, lo sabemos, se han hecho muchísimos museos, pero en muy pocos casos se ha considerado quién es el usuario final de esos museos. ¿El visitante de la ciudad, las personas que viven en ella? Si se habla de un museo de antropología, historia y arqueología, la primera imagen que a mucha gente le viene a la mente es la del turismo. Nosotros creemos que el usuario final es la comunidad en la que se inscribe el museo.

En el caso del Museo del Mundo Maya hicimos un estudio de públicos aplicado a tres sectores: mayahablantes, hispano y angloparlantes, porque ellos compondrán la mayor parte del universo de usuarios.

Cuando se les pidió que expresaran su percepción sobre los mayas, la principal pregunta de los hispano y angloparlantes fue ‘¿Por qué desaparecieron?’ Ello revela un desconocimiento de la realidad pluricultural nacional. Se sigue pensando que el indígena en México es un residuo, un remanente, si es que se piensa en él. Si no, se piensa, como en la mayoría de las respuestas que obtuvimos por parte de esos dos grupos, que ya desapareció. Esto es un escándalo porque nos dice que entonces la arqueología está desvinculada de la cultura de un pueblo vivo, presente, creador. Pero lo peor no fue eso: lo peor fue cuando le preguntamos a los mayahablantes –la pregunta tenía que cambiar, pero iba en ese mismo sentido: si se sentían herederos de los mayas o si se sentían mayas–. Mucha gente respondió que no, que ya no se sentían mayas porque mayas eran los que sabían, los antiguos. Los entrevistados dijeron, “hablamos maya, pero somos ignorantes, no tenemos esa cultura” Tal respuesta dejó muy claro que ése es el público al que tenemos que atender. ¿A qué nos llevó eso? Primero, a concebir un museo que aborde la reconstrucción de la identidad entre mayas actuales y mayas arqueológicos, y que fortalezca la sensación de identidad y orgullo; lo cual hace que el reconocimiento étnico sea uno de los primeros postulados del museo. Es decir, si alguien quiere saber sobre arqueología maya, lo tenemos que obligar a que entienda que hay una cultura viva. Eso es muy claro. Es muy interesante el cambio de visión que se ha dado, porque en el siglo xix hubo una gran polémica sobre quién había construido las ciudades antiguas en Yucatán. Justo Sierra O’Reilly, intelectual de gran nivel, dijo que los mayas vivos eran una rémora del pasado. El proyecto de México en ese momento era imitar a Europa. En cambio, un contemporáneo suyo, el inglés John Lloyd Stephens fue el primero en contradecirlo: ”…claro que los mayas actuales son los descendientes de los mayas que construyeron las ciudades antiguas.” Es notable y preocupante que esta polémica siga teniendo actualidad en un estado que es, junto con Oaxaca, el de mayor porcentaje de población indígena en la República. Yucatán tiene el 37.6 por ciento de población indígena mayor de cinco años, mientras que Oaxaca tiene 37.3.

Eso nos dio una primera pauta para trabajar. Por ello éste va a ser un museo  que  entre  de  lleno  a  temas  como  marginalidad y rebeliones.

El museo se estructura en tres vertientes:

Mayas de hoy, que es la parte relativa a antropología.

Mayas de ayer, la parte relativa a la historia.

Mayas ancestrales, relativa a la arqueología.

Cuatro ejes transversales recorren estos tiempos y permiten hablar de conceptos fundamentales para entender a una cultura:

1) La continuidad y el cambio (Mario Humberto Ruz no deja de señalar que tal vez el grupo maya yucateco sea la etnia más exitosa de México en cuanto a desarrollo, porque ha tenido la mayor capacidad de cambiar y adaptarse a los tiempos manteniendo una identidad).

2) El vínculo con la naturaleza (los mayas tienen una relación muy diferente del incesante saqueo que practica la cultura occidental).

3) El territorio (el museo busca contar la historia desde una perspectiva sin fronteras. Las fronteras son creadas por los mestizos y criollos en el siglo XIX y no corresponden a la realidad étnica, que es regional).

4) La vida cotidiana (puesto que se ha deformado y desvirtuado la visión del pasado indígena es muy importante conocer cómo han vivido en realidad).

Tratamos de analizar la historia maya no desde la perspectiva de los cambios producidos por el tiempo, sino por procesos. Pensemos, por ejemplo, en un tema: la explotación del territorio y de la mano de obra. Si lo tomábamos durante el virreinato, lo cortábamos, y luego teníamos que volver a retomarlo para el siglo xix, y luego para el porfiriato, y luego para el México posrevolucionario, etcétera. Se vuelve difícil seguirle el hilo. Lo que decidimos fue: hablemos de este tema desde una perspectiva completa desde la Colonia hasta el presente, con el fraccionamiento y la venta de los ejidos como producto de las políticas neoliberales. En este sentido, también es un museo muy abierto, Si vamos a hablar de un tema, no perdamos de vista que la historia reciente es también parte de estos procesos.

Cuando se hace un museo de antropología, como éste, usualmente se establece un discurso desde el experto hacia la comunidad tratando de explicar al otro. Tampoco se puede pensar que la comunidad tendría el conocimiento para estructurar un discurso reflexivo sobre sí misma. Si yo le pido a un grupo de artesanos, por decir algo, que realicen una pieza de acuerdo a su cosmovisión, van a decirme: “Bueno, sí, pero explícame cuál es mi cosmovisión”.

Lo que hicimos ahora fue buscar que los antropólogos trabajaran con la comunidad en la construcción de discursos. La participación comunitaria se logró de muy buena manera. Algunos de esos resultados se pueden observar plasmados en textiles que muestran cómo se encuentran presentes en la realidad del maya yucateco las ceremonias ligadas al mundo maya antiguo y las ceremonias cristianas; las dos coexisten de una manera muy interesante. Más que sincretismo, como nos hacían ver los antropólogos, se trata de sobreposiciones: coexisten tiempos y coexisten formas religiosas.

Creo que estamos renovando los museos de antropología con más recursos. Nosotros apostamos a que lo importante es el discurso, no la colección. Desde luego que entre las ochocientas piezas que la componen, muchas de ellas son adquisiciones, hay objetos muy bellos, piezas extraordinarias, como el Chac Mool, una figura central, emblemática, que se exhibirá de manera novedosa, pero no es un discurso que se soporte por objetos, sino por ideas.

Y eso nos lleva a otro punto que también nos importa mucho: el patrimonio intangible tiene que incorporarse ya a los museos. Durante mucho tiempo se pensó que sólo lo material se podía exhibir. No podemos meter pensamientos en una vitrina, pero sí podemos recurrir a la tecnología para oír un texto del Chilám Balám encima de una pila bautismal que dice cómo se percibe desde la propia óptica de los mayas la imposición de una religión. En uno de los videos que se proyectan en las salas se oye un fragmento de los textos que se conservaron de la Cruz Parlante, la famosa cruz que aglutinó a los rebeldes de la Guerra de Castas. Es un texto también muy duro, muy fuerte, muy emotivo. En una primera etapa estos textos se escucharán en español, pero en un futuro cercano se escucharán también en idiomas mayas.

El museo tendrá un rasgo singular que rompe  paradigmas de la museografía, que en México no se ha manejado antes: se invierte el orden de la narración de las cosas: Se parte del hoy hacia el pasado,  para  que  nunca  se desvincule el pasado del presente. Si se quiere ver a los mayas arqueológicos, hay que entender ante todo que hay unos mayas vivos, entender un poco de su historia y entonces sí mostrar su arqueología.

También vamos a emplear recursos museísticos que en otros museos se han desechado, porque nosotros confiamos en su eficacia, como las maquetas y los dioramas. Junto al uso de recursos tradicionales, como la cédula, queremos incorporar la tecnología interactiva. Los museos tienen que ofrecer ya la posibilidad de que la gente pueda hacer búsquedas en la red mientras hace una visita, no sólo tener la cédula como fuente única. Claro, siempre hay que encontrar el equilibrio entre una cosa y la otra.

Queremos usar todo tipo de recursos. Si vivimos en un mundo en el que el espectáculo tiene un peso enorme sobre nuestra imaginación, ¿Por qué no usarlo a nuestro favor en el museo?

En ese sentido hemos creado lo que llamamos salas de inmersión. ¿En qué consisten? Dentro de un recorrido por salas tradicionales, se encuentran portales que reproducen las fachadas de construcciones mayas que permiten entrar a espacios cerrados en los que el visitante podrá ver espectáculos diseñados por arqueólogos (en cuanto a su contenido) y desarrollados por guionistas para que la gente también pueda acceder a la información como espectáculo.

Por ejemplo, el visitante llega ante la fachada de Ek Balam, que es la entrada al inframundo en la cosmovisión maya. Al ingresar en la sala se encontrará con la proyección de un video muy bien realizado que busca darle una idea de esa cosmovisión. Creemos que insertar estos espacios en el recorrido tradicional es una buena manera para transmitir información al visitante. Hay que dar la información de muchas maneras, ser muy lúdicos.

El objetivo final del museo es su público: queremos que la comunidad se apropie del lugar. Queremos que el maya de hoy sienta orgullo de su historia.